Chrome, un navegador asíncrono

Una de las características más interesantes de este navegador será su concepción asíncrona, que permitirá que la carga de páginas no se vea detenida por el procesamiento de ciertos tipos de datos o código. La idea es brillante.

 

Uno de los primeros objetivos del cómic es precisamente dejar claro que tal y como están concebidos los navegadores hoy en día, estas aplicaciones funcionan en modo monohilo: tan sólo pueden ejecutar una tarea de forma secuencial, y hasta que no acaban esa tarea, no pueden pasar a la siguiente.

 

El ejemplo del cómic es especialmente clarificador: cuando hay código JavaScript en ejecución, ese script se seguirá ejecutando sin que el navegador pueda hacer nada hasta que el programa finalice, momento en el cual le devolverá el control al navegador.

 

Sin embargo, en Google Chrome han ido un paso más allá, y puede que haya sido un paso realmente revolucionario en el mundo de los navegadores: el propio navegador tendrá su propio “planificador“, que le permitirá gestionar las tareas que están ejecutándose en ese momento o que están listas para ejecutar. El renderizado de cada uno de esos procesos se llevará a cabo en unas pestañas que curiosamente no estarán debajo de la barra de direcciones, algo a lo que ya nos habíamos acostumbrado, sino que estarán encima.

 

 

Eso permitirá que un proceso del navegador no hará que el resto pare: Google Chrome seguirá trabajando en el resto de procesos mientras pueda. Además, cada proceso dispondrá de cierto “aislamiento” como los procesos normales de un sistema operativo, de forma que si algún proceso queda bloqueado o “se cuelga” por alguna razón, será posible cerrar esa pestaña de proceso sin que eso afecte al funcionamiento global del navegador.

 

 

Este comportamiento también tiene un efecto colateral positivo: la gestión de memoria del navegador. Mientras que en los navegadores tradicionales la apertura y cierre de pestañas hace que la memoria se fragmente y el navegador consuma más y más recursos, en Google Chorme sus desarrolladores prometen que dado que cada pestaña es en sí misma un proceso, todos los recursos asociados a ese proceso se liberan completamente, eliminando la posibilidad de aparición de esa memoria fragmentada.

 

 

Por lo tanto, el navegador se convierte en un sistema operativo con identidad propia: cada página, cada aplicación, cada servicio que cargamos es en sí mismo un proceso, y el navegador ofrece su propia gestión para controlar una ejecución eficiente en base a los recursos. Como decíamos, brillante.

 

De hecho, van más allá, y también indican que si en una misma pestaña vamos de una página a otra, y no hay ninguna relación entre los dos dominios a los que se refieren dichas páginas, es posible eliminar todos los datos referentes a la primera página, que por lo tanto podrá ser “tirada a la basura” para que la gestión de los datos realmente útiles sea más eficiente.

 

Contenido del especial

 

1. Google Chrome: ¡sorpresa!

2. Chrome, un navegador asíncrono

3. WebKit, el cerebro de la bestia

4. Navegador nuevo, interfaz nueva

5. Google Chrome y la seguridad

6. Gears y Open Source

 

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