Discográficas vs usuarios

Discográficas vs usuarios
29 de enero, 2009

La batalla de la industria músical es perseguir a los usuarios de las P2P que atentan contra la propiedad intelectual o, más bien, contra su negocio. No obstante, no se han parado a pensar que el paradigma de la música ha cambiado. Hace unos años la venta de casetes o CDs era la única salida posible para hacer negocio con la música. Sin embargo, hoy en día la descarga digital está en pleno apogeo, como demuestra el mercado.

Hubo un tiempo en el que las casas discográficas podían vivir sobradamente de la venta de casetes o CD sin tener que recurrir a ninguna otra artimaña. Sin embargo, los tiempos han cambiado y los usuarios con ellos, aunque estas empresas no se quieran dar cuenta y día tras día comentan errores que les pasan factura. Steve Knopper en el libro "Appetite for self-destruction" es uno de los estudiosos que ha recopilado los fallos de las discográficas en toda la historia musical.

Las empresas discográficas no saben o no quieren acostumbrarse a los cambios de la sociedad. Hoy mismo, en Mangas Verdes, se daba a conocer la noticia de que grandes de la música no quieren seguir secundando el proyecto Spotify que nació hace unos días y que ya comenzaba a reunir multitud de usuarios. Sin embargo, las discográficas siguen pensando que vender discos puede ser un negocio rentable toda la vida.

Otro proyecto que fracasó gracias a las casas discográficas fue Napster. Con un año de existencia en el 2000 ya tenía casi 22 millones de usuarios. Con este panorama, Napster ofreció a las discográficas una parte de los beneficios si dejaban vender sus contenidos. No obstante, el acuerdo fracasó porque las discográficas querían más del 90% de los beneficios.

Sin poder evitarlo las discográficas se van alejando del público, de los usuarios que quieren escuchar música legal pero que no están dispuestos a pagar 15 o 20 euros por un disco que no ha costado más de 5. Sin embargo, siguen empeñados en tener un margen de beneficio del 200%, y deberían comenzar a darse cuenta de que los tiempos cambian.

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