30 canciones = 675.000 dólares

30 canciones = 675.000 dólares
1 de agosto, 2009

Un estudiante de la Universidad de Boston ha sido condenado por un Jurado estadounidense al pago de 675.000 dólares como indemnización a cuatro sellos discográficos por descargar y compartir 30 canciones. A Joel Tennenbaum, cada canción le saldrá a 22.500 dólares y podría haber sido peor bajo las duras Leyes en Estados Unidos, que permite condenas de 150.000 dólares por cada canción compartida. La sentencia será recurrida por desproporcionada y es la segunda similar tras la condena a la “mártir del P2P” Jammie Thomas-Rasset, al pago de 2 millones de dólares por 24 canciones.

 

El estudiante de la Universidad de Boston, Joel Tennenbaum, admitió haber descargado y compartido 30 canciones en las redes de intercambio de archivos, algo ilegal y perseguido por las durísimas leyes estadounidenses, si los títulos están protegidos por derechos de propiedad intelectual. Según las leyes federales, las compañías u organizaciones titulares de los derechos de autor pueden recibir desde 750 hasta 150.000 dólares por canción si se demuestra que las infracciones fueron intencionales, por lo que Tennenbaum podría haber sido condenado con una multa de 4,5 millones de dólares.

 

 

Es la segunda condena en pocos meses a un usuario final por descarga de música tras la sentencia contra Jammie Thomas el pasado mes de abril en la que fue condenada a pagar 80.000 dólares por cada una de las 24 canciones descargadas.

 

Una sentencia que está recurrida, al igual que lo estará el caso de Tennenbaum, según anunció su abogado Charles Nesson, un prestigioso catedrático de derecho de la Universidad de Harvard que se ha embarcado en una cruzada para que el Congreso estadounidense modifique una normativa a todas luces disparatada descompensada con el supuesto daño infringido.

 

Incluso artistas como Moby o la banda británica Radiohead dicen sentir vergüenza de la imagen que está dando la industria de la música en casos como estos y piden abiertamente la disolución de la RIAA y otras organizaciones de derechos de autor, con una imagen por los suelos ante internautas y ciudadanos que no entienden este tipo de denuncias y sentencias ante la evidente desproporción de la condena con el “delito” cometido.

 

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