Amazon restituye a Orwell

Amazon restituye a Orwell
5 de septiembre, 2009

De sabios es rectificar, y el gigante del comercio electrónico ofrece además de una disculpa, los libros electrónicos borrados de Orwell o un reembolso de 30 dólares a los miles de usuarios afectados. Recordemos que Amazon eliminó sin previo aviso copias ya adquiridas de las dos novelas más importantes del novelista británico, revelando la capacidad de la compañía para hacerlo a distancia por el DRM que incluye el Kindle, lo que provocó furibundas críticas desde todas las partes de Internet.

Amazon hace los deberes (a medias) con la disculpa de su director general, Jeff Bezos, quien reconoce que "borrar los libros de los Kindles para atender el asunto de los derechos autorales representó una decisión estúpida, irreflexiva y dolorosamente ajena a nuestros principios". Además, ofrece restituir gratuitamente las novelas borradas o 30 dólares como compensación a los usuarios afectados.

Iniciativa obligada aunque el caso no está todavía cerrado, ya que las críticas en la Red continúan por el control absoluto que Amazon tiene del Kindle y de sus obras, gracias al sistema de restricciones digitales (DRM) que incorpora y a la distribución de contenidos vía “nube” desde los servidores de Amazon. Los medios críticos temen que un caso como el de Orwell pueda repetirse, decidiendo Amazon lo que puedan leer o no los lectores.

No lo creemos tras el escándalo del caso y la pérdida de credibilidad y quizá de ventas del Kindle, aunque la posibilidad existe mientras la compañía insista en incluir en el dispositivo restricciones digitales. Además, el caso -a pesar de la rectificación de Amazon- llegará a los tribunales tras la demanda de un estudiante de 17 años. Una demanda que podría adquirir el carácter de una querella de interés colectivo, y que además de una indemnización no especificada exige la prohibición del futuro borrado de textos.

Personalmente entiendo que Amazon, y el resto de tecnológicas, debe entender que el control (absoluto) de un dispositivo electrónico pertenece al usuario que lo compró y no a la compañía que lo vendió.

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