Dragon Age: Origins

Dragon Age: Origins
21 de diciembre, 2009

El último título de la prestigiosa Bioware es un juego de rol occidental de la vieja escuela, con ambientación medieval fantástica y heredero de los míticos Baldur´s Gate. En esta ocasión la compañía ha creado un complejo y detallado universo desde cero, sumergiendo al jugador en una apasionante intriga y proponiéndole retos que entusiasmarán a los amantes de las historias épicas. Analizamos a Dragon Age: Origins en su versión para Xbox 360 y Playstation 3.

 

Los dos títulos de la saga Baldur´s Gate y sus expansiones son, desde su lanzamiento, los referentes a la hora de hablar de juegos de rol. Cualquier nuevo candidato al trono tiene que pasar por el exigente juicio de todos aquellos que quedamos fascinados del trabajo de Bioware con aquellos títulos. En este sentido Dragon Age: Origins no decepcionará a nadie; estamos ante un título inspirado en aquellos y sin cambios radicales de planteamiento pero que tiene la suficiente personalidad como para marcar un punto y aparte en lo que juegos de rol occidental se refiere.

A pesar de no contar con el apoyo que supone una licencia como la de Dungeons & Dragons, Bioware ha conseguido crear un mundo de fantasía medieval impresionante, con intrigas políticas, una compleja mitología, cientos de carismáticos personajes, fauna, flora y multitud de detalles que dotan de coherencia a la historia y motivan al jugador a seguir avanzando sitiéndose parte de una historia en la que cada vez será más protagonista según se suceden los acontecimientos.

 

 

Dragon Age: Origins muestras sus intenciones desde el primer minuto de juego: encontraremos un fantástico y detallado editor de personajes donde dar rienda suelta a nuestra imaginación y crear nuestro protagonista a medida, eligiendo una de las tres razas disponibles (humanos, enanos y elfos) y una clase (guerrero, pícaro o mago) que determinarán nuestro punto de partida. El juego nos propone seis escenarios de introducción diferentes (hacen las veces de tutorial) que sumergen al jugador en la historia principal de manera magistral al tiempo que le dotan de los conocimientos necesarios para afrontar el resto de la aventura.

Aunque no desvelaremos detalle alguno de la trama sí nos gustaría comentar que resulta realmente absorbente y tiene todos los ingredientes necesarios para enganchar al jugador durante horas. Nos gustó especialmente su temática adulta (el juego está recomendado para mayores de 18 años), no tanto por la dosis de violencia, sexo y lenguaje soez presente (que existe, pero siempre justificada en pos de la historia) sino por la complejidad de la trama, tan llena de matices y giros sorprendentes como las mejores novelas del género fantástico.

 

 

Los diálogos se prensentan con la ya clásica lista de preguntas/respuestas entre las que elegiremos una, pero al contrario de lo que ocurre con otros títulos no se van necesariamente a los extremos entre bueno o malo, legal o ilegal, etc. sino que proponen todo tipo de alternativas que obligan al jugador a reflexionar sobre las consecuencias que tendrá la elección dado que afectan al desarrollo de la partida.


Dragon Age: Origins
enfoca al jugador hacia la trama principal, dejándonos cierto margen de actuación pero sin la sensación de libertad absoluta de Oblivion, por ejemplo. En la práctica esto significa que exploramos escenarios extensos pero acotados (los viajes se hacen recurriendo al mapa) y que llegará un punto que tendremos que afrontar necesariamente la misión “llave” para avanzar. Las consecuencia positiva de esta decisión es una aventura más concentrada, más intensa -y no necesariamente más corta- que las que propornen los títulos basados en sandbox aunque perdamos sensación de libertad.

 

 

El sistema de combate no presenta novedades revolucionarias, recurriendo a la pausa táctica y guiones predefinidos que podemos personalizar a nuestro gusto que ya hemos visto en otros títulos de la casa. Nuestro grupo contará con cuatro aventureros que debemos coordinar para conseguir victorias en la batalla, asignando en la primera línea a los personajes más fuertes, eligiendo qué hechizos se lanzarán o quién se encargará de curar las heridas en el fragor de la lucha. Podemos controlar al personaje que queramos, cambiando rápidamente entre ellos pulsando un botón y gracias al menú radial emergente seleccionar hechizos, habilidades o aptitudes es sencillo y divertido.

Precisamente en este punto llega una de las pocas críticas que podemos hacerle al título. Aunque en la versión de PC es posible obtener una perspectiva cenital de la batalla está opción no está disponible en consolas, limitando al experiencia a los usuarios amantes del combate más táctico (necesario sobre todo en las batallas más complejas). Es cierto que el control sin ratón podría ser engorroso desde esta vista y que una vez habituados a pausar y cambiar de personaje podemos tener diferentes vistas pero nos parece cuanto menos soprendente que no esté disponible ni siquiera como opción.

 

La vista lejana no está disponible en las versiones de consola.

El juego tiene una dificultad considerable incluso en nivel normal y seguro que habrá combates que tendremos que repetir varias veces hasta dar con la táctica adecuada. Esto, lejos de suponer una decepción, anima a probar combinaciones de personajes, a resolver tramas secundarias para sumar experiencia o a intentar un plan alternativo, motivando al jugador a mejorar como en los mejores clásicos.

 

 

El lector habrá observado que a estas alturas del análisis aún no hemos mencionado nada sobre el apartado técnico. La decisión de anteponer la historia a los gráficos y el sonido es totalmente intencionada: nadie debería dejar pasar un título así por un apartado técnico claramente mejorable.

El apartado gráfico del juego no está a la altura del resto del juego: texturas de baja resolución, episodios de clipping, algún escenario falto de polígonos, etc. pero, afortunadamente, unas horas de juego bastan para olvidarnos de todo y perdonar un aspecto que sería clave hablando de otros títulos. En este sentido merece la pena mencionar el gran trabajo del equipo artístico, sobre todo en lo que a escenarios se refiere, ricos en detalles y con toda la majestuosidad que necesita un título de este calibre.

 

Conclusiones

Dragon Age: Origins cumple con creces su objetivo: no sólo es el esperado “sucesor” de Baldur´s Gate sino que lleva la experiencia del rol clásico a la nueva generación de consolas de forma magistral. El trabajo tiene aun más mérito valorando la complejidad del mundo creado por Bioware desde cero, debido a la ausencia de la licencia D&D.

En resumen un título imprescindible para los amantes del rol, extenso, complejo y con toda la épica de las grandes aventuras. Muy recomendable.

  • Share This