Análisis GIGABYTE G1.Sniper 2

Análisis GIGABYTE G1.Sniper 2
12 de diciembre, 2011

La nueva Gigabyte G1.Sniper 2 es uno de los tres modelos que forman la serie G1.Killer, especialmente diseñada para equipos gamer. Construida con materiales de alta calidad y con un diseño rompedor, está propuesta ofrece todo un arsenal tecnológico y es perfecta para usuarios avanzados que quieren sacar el máximo partido a sus componentes vía overclocking. Analizamos la Gigabyte G1.Sniper 2 en el laboratorio técnico de MuyComputer.



Gigabyte presenta la placa en un embalaje con toque militar repleto de ilustraciones y datos sobre las capacidades de la placa. En el interior encontramos la placa junto a un completo manual de instrucciones, una guía rápida, DVD con drivers y utilidades y un poster de la serie G1.Killer. Además incluye un pack con 4 cables SATA, conversor de DVI a HDMI, un puente para SLI o Crossfire, el panel de conexiones posterior y, como extra, un frontal de 5,25″ para instalar dos puertos USB 3.0, un eSATA y un botón de arranque rápido para overclocking.

Ficha técnica

La Gigabyte G1.Sniper 2 presenta un PCB de color negro (ya habitual en productos de alta gama), con algunos conectores en color verde lima, un espectacular disipador para el chipset en forma de cargador (hasta se puede ver una bala simulada). Un espectacular conjunto de tres disipadores (uno de ellos iluminado con 4 leds) alrededor del socket dotan al producto de una estética imponente, perfecta para cajas que dejan ver el interior de los equipos.

El producto está construido sobre un chipset Intel Z68, en nuestra opinión una de las mejores opciones del mercado. Combina las posibilidades de overclocking presentes en el P67 con el soporte para las gráficas integradas que vimos en placas montadas sobre chipset H67, ofreciendo salida de vídeo digital por HDMI.

 

A nivel técnico estamos ante un producto impresionante: 4 bancos de memoria DDR3 hasta 2.133 MHz (podemos montar hasta 32 Gbytes de RAM), 2 PCIe 1X, 2 PCI y 2 PCIe de color verde, uno a 16X y otro limitado a 8X. La G1.Sniper ofrece 7 SATA (4 de ellos cumplen el estándar 3.0, 6 GB/s).

 

Merece la pena destacar dos detalles dedicados a los apasionados de los videojuegos: la incorporación de una tarjeta de sonido Creative SoundBlaster X-FI (20k2) para disfrutar al máximo del audio multicanal y la integración de una tarjeta de red especialmente diseñada para disminuir el lag en juego online, la Bigfoot Killer E2100 (evidentemente, poco puede hacer con los problemas que van más allá de la red local)

Nuestras pruebas

Para comprobar el rendimiento real de la Gigabyte G1.Sniper 2 montamos un escenario de trabajo con componentes de altas prestaciones. Optamos por un procesador Intel Core i5 2500K, 4 Gbytes de memoria RAM Kingston HyperX 2.133 MHz, dos gráficas MSI 570GTX y una combinación de un SSD Corsair de 80 Gbytes con un disco duro tradicional de un terabyte firmado por Western Digital.

Con estos mimbres la propuesta de Gigabyte hizo toda una demostración de fuerza ofreciendo un rendimiento magnífico a la par que estable. Con el micro de referencia subimos con facilidad hasta los 4,8 GHz sin ningún problema, incluso con test tan pesados como las últimas revisiones de 3D Mark y PCMark. Podemos afirmar sin dudas que estamos ante la mejor placa Z68 que ha pasado por nuestro laboratorio.

 

Conclusiones

Empecemos por las malas noticias: la Gigabyte G1.Sniper 2 cuesta unos 480 euros, así que no estamos ante un producto para todos los públicos. La serie G1.Killer de la firma asiática es casi una demostración de poderío tecnológico y, lamentablemente, esto tiene una influencia notable sobre el coste final del producto. Estamos ante una propuesta dirigida a un usuario muy especial dentro del segmento gamer, que ya es un nicho reducido por definición.

Dejando a un lado el precio, estamos ante un producto 10, perfecto para usuarios que quieren montar un equipo tope de gama y no les importa pagar más por tener lo mejor. Calidad, exclusividad y tecnología son los tres pilares de una de la mejores placas base del mercado que solo ve penalizada su valoración final por un precio elevado, quizás necesario teniendo en cuenta su oferta pero que reduce su público objetivo a presupuestos holgados en busca del máximo rendimiento posible.

 

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