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Netflix sube sus precios (sí, otra vez)

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Netflix sube sus precios (sí, otra vez)

Netflix fue durante años el gran símbolo de la revolución del streaming. Su propuesta era sencilla y muy atractiva: un catálogo enorme de series y películas accesible por una cuota mensual relativamente asequible. Aquella fórmula rompía con el modelo de televisión de pago tradicional y prometía algo mucho más cómodo para el usuario. Sin embargo, con el paso del tiempo esa promesa inicial se ha ido transformando. Hoy el streaming vive una etapa muy distinta, marcada por subidas de precios constantes, catálogos fragmentados y una experiencia cada vez más parecida a aquello que originalmente pretendía sustituir.

La plataforma ha confirmado ahora una nueva subida de precios, que por el momento se aplicará en Estados Unidos. El plan con publicidad pasa de 7,99 a 8,99 dólares al mes, el plan estándar sin anuncios sube de 17,99 a 19,99 dólares, y el plan premium alcanza los 26,99 dólares mensuales. También aumenta el precio de añadir usuarios adicionales fuera del hogar principal, una práctica que Netflix lleva tiempo intentando limitar para reforzar su modelo de ingresos. Los nuevos precios ya se aplican a los nuevos usuarios desde el 26 de marzo, mientras que los suscriptores actuales verán el cambio reflejado en sus cuentas durante los próximos meses.

Aunque estos cambios afectan inicialmente al mercado estadounidense, la experiencia de años anteriores nos deja bastante claro que este tipo de ajustes suele extenderse tarde o temprano a otros países. Netflix ha aplicado históricamente una estrategia bastante uniforme en materia de precios, por lo que es solo cuestión de tiempo que subidas similares terminen llegando también a España. En otras palabras: lo que hoy ocurre en Estados Unidos suele ser un anticipo bastante fiable de lo que terminará ocurriendo en otros mercados.

El problema para muchos usuarios no es únicamente la subida en sí, sino el contexto en el que se produce. Durante los últimos años el precio del streaming ha ido aumentando mientras el valor percibido del servicio se ha ido diluyendo. El catálogo que antes parecía casi infinito ahora está dividido entre numerosas plataformas rivales, cada una con sus propias exclusivas. Series que antes estaban en Netflix han migrado a otros servicios, obligando a los espectadores a contratar varias suscripciones si quieren seguir accediendo a todos los contenidos que les interesan.

Netflix sube sus precios (sí, otra vez)

A esa fragmentación se han sumado además otras decisiones polémicas. Netflix ha restringido el uso de cuentas compartidas, ha introducido planes con publicidad y ha incrementado progresivamente el precio de sus suscripciones. El resultado es que el modelo de streaming que nació como una alternativa más simple y económica se ha ido complicando con el tiempo. Hoy muchos usuarios se encuentran pagando más por una experiencia que, en algunos aspectos, resulta menos cómoda que hace una década.

Este fenómeno no afecta únicamente a Netflix. La industria del streaming en su conjunto lleva ya un par de años atravesando un momento de reajuste en el que las grandes plataformas intentan encontrar un equilibrio entre crecimiento y rentabilidad. Durante años el objetivo fue ganar suscriptores a cualquier precio; ahora la prioridad es extraer más ingresos de cada usuario. Eso explica la proliferación de planes con anuncios, los paquetes de servicios y las subidas de tarifas que se están viendo en todo el sector.

En ese sentido, la nueva subida de precios de Netflix no es tanto una sorpresa como una confirmación más de la dirección que ha tomado el streaming. Lo que comenzó como una revolución contra la televisión de pago tradicional se está transformando poco a poco en algo muy parecido a ella: múltiples servicios, contenidos repartidos entre plataformas y tarifas que aumentan con relativa frecuencia. Y si la historia reciente sirve de guía, esto no va a cambiar.

Si me dieran una cana por cada contenido que he escrito relacionado con la tecnología... pues sí, tendría las canas que tengo. Por lo demás, música, fotografía, café, un eReader a reventar y una isla desierta. ¿Te vienes?

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