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Starbucks, inteligencia artificial y un lío de la leche

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Starbucks, inteligencia artificial y un lío de la leche

Starbucks acaba de protagonizar una de esas historias pequeñas que, vistas de cerca, terminan contando algo bastante más grande. Durante los últimos dos años hemos escuchado una promesa repetida casi como un mantra: la inteligencia artificial ya está preparada para automatizar buena parte de las tareas repetitivas del trabajo diario. Y, sin embargo, una de las mayores cadenas de cafeterías del mundo acaba de descubrir algo incómodo: quizá identificar correctamente cartones de leche dentro de una tienda resulte bastante más difícil de lo que Silicon Valley nos ha querido vender.

La compañía ha decidido retirar en Norteamérica su sistema de inventario impulsado por IA, apenas nueve meses después de desplegarlo a gran escala. Según una información exclusiva de Reuters, la herramienta formaba parte del plan de transformación impulsado por el CEO Brian Niccol para resolver uno de los problemas que más estaban afectando a Starbucks: los frecuentes faltantes de productos en tienda, un problema que la compañía considera clave para mejorar ventas y experiencia de cliente.

Sobre el papel, la idea parecía difícil de cuestionar. El sistema utilizaba tablets equipadas con cámaras y sensores LIDAR para escanear estanterías y automatizar el recuento de ingredientes como siropes, leche y otros componentes de bebidas. La promesa era sencilla: sustituir recuentos manuales lentos por inventarios más rápidos, precisos y automatizados. El problema llegó cuando la herramienta empezó a confundirse más de la cuenta: tipos de leche mal identificados, productos omitidos e inventarios erróneos terminaron convirtiéndose en un dolor de cabeza operativo. Según Reuters, algunos empleados incluso celebraron internamente la retirada del sistema.

Y aquí aparece la parte realmente interesante de la historia, porque el problema no parece ser únicamente Starbucks. El control de inventario pertenece precisamente a esa categoría de tareas que la industria tecnológica lleva años señalando como candidatas ideales para la automatización: procesos repetitivos, visuales, relativamente estructurados y basados en reconocimiento de patrones. Si la IA iba a triunfar rápido en algún sitio, parecía lógico pensar que sería aquí. Pero el mundo real tiene una molesta costumbre: resulta bastante más caótico que una demo perfectamente iluminada en una presentación corporativa. Cambios de luz, productos casi idénticos, estanterías incompletas, movimientos constantes y prisas operativas terminan convirtiendo algo aparentemente simple en un problema mucho menos trivial.

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Eso no significa, ni mucho menos, que la IA sea humo o inútil. Pero quizá sí obliga a cuestionar parte del discurso que llevamos escuchando desde hace tiempo. Durante  años se ha insistido en que enormes capas de trabajo repetitivo estaban a punto de desaparecer bajo oleadas de automatización inteligente. Empresas de todos los sectores han anunciado inversiones multimillonarias, reestructuraciones e incluso despidos bajo la promesa de una productividad transformada por algoritmos. El problema es que una herramienta capaz de impresionar en una demo no siempre se traduce en una herramienta suficientemente fiable para operar sin supervisión constante.

Starbucks, de hecho, no está abandonando la inteligencia artificial. La compañía mantiene otras iniciativas dentro de su plan “Back to Starbucks”, incluyendo herramientas para organizar pedidos o asistir a baristas en determinadas tareas operativas. Además, sigue trabajando en mejoras logísticas y de reposición más frecuentes para evitar faltantes de productos. La retirada del sistema de inventario parece responder menos a un rechazo de la IA y más a algo bastante más terrenal: descubrir que, en su estado actual, no todas las promesas sobreviven intactas al choque con la realidad.

Quizá la gran lección aquí no sea que la inteligencia artificial no funciona, sino que todavía existe una distancia considerable entre lo que ya puede hacer y lo que algunos llevan tiempo prometiendo que hace. En las presentaciones resulta fácil imaginar un futuro donde el software sustituye silenciosamente tareas humanas; en una cafetería abarrotada, a primera hora de la mañana, distinguir correctamente entre dos cartones de leche sigue pareciendo un reto bastante más serio de lo esperado.

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Si me dieran una cana por cada contenido que he escrito relacionado con la tecnología... pues sí, tendría las canas que tengo. Por lo demás, música, fotografía, café, un eReader a reventar y una isla desierta. ¿Te vienes?

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