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Inteligencia artificial para alimentar la nostalgia
Ha querido la casualidad (o la causalidad, nunca lo sabremos) que haya sabido de este estudio en un momento que ha quedado acotado entre los cuatro minutos y 34 segundos que dura la revisión de 2015 de ’74-’75, de The Connells. Tiempos pretéritos que hablan de tiempos aún más pretéritos que… sí, y así sigue. Una invitación más que potente, en este viernes con sabor a sábado, a paladear la nostalgia como si fuera un helado a mitades de agosto. Lo que no me esperaba, y eso que en realidad cabía esperarlo, es que la inteligencia artificial se haya convertido en el heladero del barrio (sigo con la metáfora de la nostalgia, por si no se me ha entendido).
La inteligencia artificial se ha convertido, a estas alturas ya para sorpresa de nadie, en una caja mágica que sirve para todo, lo mismo te escribe en dos minutos un correo electrónico que no sabías ni cómo plantear, que te hace sugerencias sorprendentes de recetas con las cuatro cosas que tienes en la nevera (ojo, he dicho sorprendentes, no necesariamente buenas). Y es cierto que tiene algo de caja, pues metemos cosas, no sabemos bien qué ocurre dentro, y nos devuelve algo que se parece poco, mucho, muchísimo o del todo, a lo que queríamos. Son matemáticas, lo sé, pero hasta hace no tanto podría haber pasado por magia.
Una investigación reciente elaborada por Use.AI aporta algunos datos interesantes sobre este nuevo papel de la inteligencia artificial en la vida cotidiana. El estudio se basa en las respuestas de 13.240 adultos de Estados Unidos, Reino Unido, Europa y América Latina, y apunta a una tendencia interesante: cada vez más personas recurren a herramientas de IA para recuperar fragmentos de su propia historia personal. Fotografías olvidadas, vídeos guardados en discos duros antiguos o imágenes deterioradas que parecían condenadas al olvido encuentran ahora una segunda oportunidad gracias a algoritmos capaces de reconstruir detalles, mejorar la calidad o reorganizar archivos completos.
Los datos reflejan con bastante claridad este cambio de uso. Según el estudio, el 72% de los encuestados afirma haber utilizado herramientas de IA para restaurar, editar u organizar fotografías o vídeos antiguos, una cifra notable que sugiere que estas tecnologías han empezado a penetrar en ámbitos domésticos muy concretos. En muchos casos, el objetivo consiste en recuperar imágenes que durante años permanecieron guardadas en álbumes físicos o en dispositivos digitales obsoletos.
De hecho, el 64% asegura haber restaurado fotografías que antes consideraba inutilizables, ya fuera por desenfoque, decoloración o deterioro físico. Los sistemas de mejora de imagen impulsados por IA, capaces de reconstruir píxeles perdidos, eliminar daños visibles o incluso colorear fotos históricas, están transformando así archivos personales que parecían irrecuperables.
El estudio también apunta a otro cambio interesante: la transición del recuerdo privado hacia el recuerdo compartido. Tradicionalmente, las fotografías familiares permanecían confinadas en álbumes o cajas, reservadas para ocasiones concretas. Sin embargo, la digitalización y las redes sociales han alterado ese patrón. El 58% de los encuestados afirma haber compartido recuerdos restaurados con inteligencia artificial en redes sociales, lo que sugiere que estas imágenes recuperadas pasan a formar parte de una memoria colectiva más amplia. En este contexto, la IA actúa como una especie de puente entre el pasado analógico y el presente digital, permitiendo que fotografías que habían quedado relegadas a un segundo plano vuelvan a circular y a adquirir significado.
Más allá de la utilidad técnica, los resultados del informe también subrayan el componente emocional de este fenómeno. El 61% de los participantes afirma que su principal motivación para utilizar herramientas de IA con fotos o vídeos es la preservación emocional, por encima de la simple comodidad. Existen además diferencias generacionales interesantes: las personas de entre 25 y 34 años destacan por su tendencia a restaurar imágenes de la infancia, mientras que los usuarios de 45 años o más recurren con mayor frecuencia a la inteligencia artificial para digitalizar y organizar colecciones completas de fotografías físicas.
El estudio señala también que el 47% redescubrió imágenes que no había visto en más de una década, y que el 39% ya ha utilizado IA para mejorar o estabilizar vídeos antiguos. Según explica Ihor Herasymov, managing director de Use.AI, este tipo de usos refleja un cambio significativo en la adopción de estas tecnologías: durante años se asociaron principalmente con la productividad, pero ahora empiezan a desempeñar un papel mucho más personal en la vida digital cotidiana.
Y nada, aquí estamos, hablando de inteligencia artificial al tiempo que recordamos tiempos en los que la IA era cosa de ciencia ficción, en los que pensábamos que las canas todavía nos pillaban lejos y cuando todavía teníamos toda la vida por delante. Lo rápido que pasa el tiempo, sí, pero también la cantidad de cosas que pasan en ese tiempo que pasa tan rápido, ¿verdad? No sé, lo único que tengo totalmente claro, en esta calurosa tarde del primero de mayo, es que quiero (o necesito, no lo tengo claro) un poco más de helado, y que probablemente se lo compraré a la IA.
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