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Los coches conectados son una pesadilla para la privacidad

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Los coches conectados son una pesadilla para la privacidad

Hace ya algunos años que empezamos a ver los primeros coches conectados, vehículos que integran funciones de información y entretenimiento, comunicación y demás, basadas en la conexión permanente a Internet. Como siempre suele ocurrir con este tipo de tecnologías, inicialmente eran algo exclusivo de la gama alta, pero con el tiempo se ha ido extendiendo, al punto de que a día de hoy es cada vez más extraño encontrar modelos que no cuentan con alguna función basada en la conectividad del vehículo.

Esto, sin duda, ha supuesto multitud de ventajas para estos vehículos, tanto en lo referido a funciones que son de ayuda a la conducción (mapas, información sobre el tráfico, etcétera) como para el entretenimiento del resto de los ocupantes. Así, la acogida de los coches conectados ha sido, en general, muy positiva, si bien es cierto que nos podemos encontrar con algunas críticas, como que la mayor profusión de sistemas electrónicos se traduce en una mayor posibilidad de que se produzcan averías, o que los sistemas de información y entretenimiento pueden distraer al conductor, con los riesgos que esto conlleva.

Ahora bien, hay un riesgo que, pese a pasar desapercibido para muchísimas personas, compromete a todos los usuarios de este tipo de vehículos, aunque el conductor sea especialmente cauteloso y su fabricación sea tan excelente que estos sistemas no de un solo problema durante toda su vida útil. Un problema que cada día está más presente en nuestras vidas, por la vía de nuestros dispositivos y los servicios que empleamos en los mismos: la privacidad.

La más reciente muestra de ello, y también una de las más concluyentes, la encontramos en un estudio llevado a cabo por la Fundación Mozilla, y que tras haber probado coches conectados de 25 marcas, afirma que son «terribles en términos de privacidad y seguridad«. No es la única afirmación categórica al respecto, pues en otro punto de su informe afirma que los automóvile son «la peor categoría oficial de productos para la privacidad que jamás hayamos revisado«. Y, de hecho, nada más empezar a leerlo nos encontramos que califica los coches conectados como una «pesadilla para la privacidad«. Desde luego no han escatimado en medios para dejar bien clara su opinión.

Los coches conectados son una pesadilla para la privacidad

Las 25 marcas evaluadas suspendieron en el uso que hacen de los datos, y por lo tanto todas fueron merecedoras del «premio» Privacy not Included que la fundación emplea para calificar todos los productos y servicios cuya privacidad evalúa, y que obtienen un mal resultado en estas pruebas. Estos son los puntos que se destacan en el informe:

  • Recopilan demasiados datos personales
  • La mayoría (84%) comparte o vende tus datos
  • La mayoría (92%) otorga a los conductores poco o ningún control sobre sus datos personales.

Por marcas, la mejor de la evaluación fue la francesa Renault, que solo obtuvo una valoración negativa en uno de los cinco puntos evaluados, seguida de Dacia con dos valoraciones negativas. En el extremo contrario de la tabla nos encontramos con Tesla, que es la única de todas las marcas evaluadas que obtuvo una valoración negativa en los cinco puntos valorados en estas comprobaciones. Los investigadores ponen el foco en este punto, al afirmar que esta es la segunda ocasión, desde que evalúan la privacidad de productos y servicios, en la que lo evaluado suspende en todos los puntos.

Sin duda, este es un asunto en el que tanto consumidores como reguladores deben poner el foco, pues los coches conectados son ya un presente inevitable, pero exento de las regulaciones que sí que afectan a otros muchos sectores. Y, desgraciadamente, la economía de los datos es un mercado demasiado suculento para que las compañías decidan renunciar voluntariamente a él.

Si me dieran una cana por cada contenido que he escrito relacionado con la tecnología... pues sí, tendría las canas que tengo. Por lo demás, música, fotografía, café, un eReader a reventar y una isla desierta. ¿Te vienes?

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