Cómo reemplazar el disco duro de tu portátil por una SSD

Cómo reemplazar el disco duro de tu portátil por una SSD
1 de octubre, 2015

SSD es uno de los componentes más interesantes que hoy en día un usuario debe valorar en la compra de un equipo informático nuevo o en la actualización de un equipo existente. Hablamos de consumo porque el mercado empresarial (servidores, centros de datos) tiene sus propias peculiaridades y necesidades pero lo cierto es que el almacenamiento flash es cada vez más relevante en todos los sectores, especialmente en equipos de movilidad.

Las ventajas de las unidades de estado sólido frente a los discos duros (rendimiento, consumo, ruido, emisión calorífica) son evidentes, y los inconvenientes frente a ellos (resistencia, capacidad y precio) se han reducido muchísimo al tiempo que han aparecido nuevos formatos que amplían sus posibilidades.

Hace unos meses publicamos un artículo con aspectos a considerar en la compra de una SSD, que hoy vamos a completar con una guía práctica del montaje de una SSD en un portátil en sustitución de un disco duro. El escenario más claro es el que vamos a tratar, el de un ordenador portátil al que le ha fallado el disco duro o que simplemente queremos mejorar en rendimiento.

El escenario no es único y una SSD es hoy también una apuesta clara para montarla en un PC de sobremesa. Podemos instalarla de forma independiente si no necesitamos una alta capacidad o tenemos un gran presupuesto para comprar modelos de 1 Tbyte (o más), y también en un sistema híbrido que algunos usamos y es perfecto a modo de transición. Es decir, una SSD como unidad principal para el sistema operativo y principales aplicaciones, y un disco duro (o varios en RAID) para almacenamiento masivo.

Hoy nos centramos en un portátil pero la forma de hacerlo es similar y los beneficios de su instalación contundente en cualquier caso, en tiempos de arranque, apertura de aplicaciones, velocidad de traslado de datos, etc. Hasta el punto de resucitar un equipo antiguo que no da para más. Vamos a ello.

Elegir el tipo de SSD

– Hasta hace poco las posibilidades (por oferta y precio) de comprar una SSD pasaban casi en exclusiva por el formato estándar de 2,5 pulgadas y la interfaz SATA. Hoy en día la oferta es más amplia. Lo mejor para ordenadores de sobremesa pasa por una solución tipo tarjeta pinchada a PCI-Express mientras que en portátiles, lo ideal es un módulo M-2 también a PCie. Las primeras son bastante caras y las segundas tienen poco soporte, pero si tu portátil lo permite, valora en el futuro su compra porque la mejora de rendimiento, consumo y peso es brutal.

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Nosotros en esta guía nos vamos a quedar en el formato más extendido y económico, el estándar de 2,5 pulgadas y conexión a SATA.

– Lo primero que hay que valorar es su grosor. Hay en el mercado modelos de 12,5, 9 y 7 mm. Los primeros solo los verás en equipos antiguos profesionales. Los últimos son los más avanzados, delgados y ligeros, y los de 9 mm los más extendidos. Asegúrate de comprar un modelo que puedas montar físicamente en tu portátil. Si lo utilizas en un sobremesa cualquiera te valdrá, aunque conviene adquirir un kit a 3,5 pulgadas.

– En cuanto a capacidad de almacenamiento es algo que solo tú debes valorar dependiendo de tus necesidades. En la mayoría de ocasiones el disco duro que reemplaces tendrá más capacidad que el SSD. Pero no te preocupes porque lo vas a recuperar sobradamente en rendimiento. El mínimo a instalar para un usuario tipo será una SSD de 120 Gbytes. Es el que verás en el artículo porque lo tengo de hace tiempo aunque hoy en día, los más equilibrados en rendimiento y precio son los modelos de 250 Gbytes. El tercero que te vamos a recomendar es el de 500 Gbytes, más que sobrado para un portátil estándar y a un precio muy asequible como verás.  Dicho lo cual, si el ordenador portátil lo requiere y tienes mayor presupuesto, una SSD M.2 a PCIe es el componente que mayor rendimiento te va a ofrecer.

¿Qué SSD compro?

– Con todo lo anterior en mente nos vamos de compra. Nos gusta Samsung, Kingston, OCZ (Toshiba), SanDisk, Crucial… Actualmente, cualquiera de los grandes fabricantes te va a ofrecer garantía y rendimiento en transferencia de datos en lectura por encima de los 500 Mbytes por segundo. No te conformes con menos.

Aunque no es el motivo de este práctico, tendríamos mucho que tratar sobre el controlador utilizado, la caché, el fabricante de la memoria o su tipo, asíncrona o sus sistema de fabricación que como sabes hoy en día pasa por NAND de triple capa TLC, menos resistente que las anteriores SLC o MLC pero que es la apuesta de los fabricantes para abaratar precios en unidades de consumo.

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Algunas SSD que recomendaríamos son:

– Por supuesto el disco duro que reemplazaremos -si está en buen estado- lo vamos a utilizar en otro equipo o mejor, como una unidad externa. Mira este artículo: Cómo aprovechar viejos discos duros para unidades externas.

Copias de seguridad, sistema, aplicaciones o datos

– Ya tenemos la SSD pero antes de montarla debemos hacer otros pasos. Si la compra de la SSD viene motivada por el fallo de un disco duro no podremos hacer demasiado. Retirarlo de inmediato y en otro equipo utilizar herramientas especializadas del fabricante o de terceros para formateo a bajo nivel u otras. Si los fallos son parciales también lo quitaríamos para intentar salvar datos con aplicaciones de recuperación que puedes revisar en este artículo que examina cinco soluciones gratuitas.

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– Si el disco duro está en uso y funciona bien, antes de cualquier acción de reemplazo tenemos que plantearnos la realización de copias de seguridad del disco. Ello dependerá de las necesidades de cada uno. Vemos varias posibilidades:

  • Lo más completo sería una clonación total del disco duro para conservar sistema operativo, aplicaciones, archivos y configuración de usuario. Muchos fabricantes de SSD ofrecen aplicaciones para ello y terceros desarrolladores ofrecen apps gratuitas. Necesitarás una unidad externa para hacerlo o directamente en la SSD con kits de conversión y/o cableado que pase los datos desde un USB a la interfaz de la SSD, generalmente SATA.
  • Si no necesitas una clonación puedes utilizar los discos de recuperación que te proporcionó el fabricante de tu portátil.
  • Si no tienes discos de recuperación del fabricante o quieres crear copias de seguridad personalizadas, todos los sistemas operativos actuales ofrecen herramientas para realizar copias de seguridad que por otro lado es una tarea muy conveniente que forma parte del mantenimiento del propio sistema. También hay buenas apps de terceros que se pueden utilizar.
  • Si vas a realizar una instalación limpia desde cero desde DVD/USB que tengas preparado con el sistema operativo, simplemente revisa el disco para guardar tus archivos personales (documentos, fotos…), que puedes archivar en cualquier medio o en el servicio de almacenamiento en nube que utilices.

Montando el SSD

– Una vez salvado los datos que necesitemos vamos al montaje. Revisamos la parte trasera del portátil y no tendremos demasiados problemas para localizar la situación del disco duro.

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– Retiramos cualquier tipo de periférico conectado, el cable de alimentación y la batería. Posteriormente la tapa de protección que en este caso nos deja acceso al disco duro, memorias RAM, módulo Wi-Fi o la pila.

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– Si eres de los que te gusta “cacharrear” (como a nosotros) tendrás cubierto el riego de la electricidad estática, con pulseras, guantes, manteles, etc. Si es tu primera vez o no tienes a mano tal aparataje, al menos toca con un destornillador una parte metálica del chasis para descargar la estática. A continuación desmonta tu disco duro tirando del conector SATA que ves en las imágenes y que será similar en tu equipo. No todos están tan accesibles, eso sí.

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– Monta tu SSD en el hueco con la goma, adaptador o tornillería proporcionada por el fabricante o el que tenía el disco duro.

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– Una vez colocada la SSD, montamos la tapa de protección y la batería. Si hemos realizado una clonación anterior de la SSD solo tenemos que arrancar el equipo. Si no lo hemos hecho y dependiendo del tipo de copia de seguridad que hayamos realizado, tendremos que instalar el sistema operativo y/o aplicaciones, restaurando la copia de seguridad o instalando desde cero.

– Después del primer arranque solo nos resta configurar adecuadamente la SSD para trabajar en el equipo porque tiene algunas peculiaridades sobre el disco duro. Algunas ya las hemos comentado como desactivar las desfragmentaciones o asegurarse que tenemos activado el comando TRIM. La mayoría de fabricantes de SSD ofrecen una aplicación para su configuración, como el Magician de Samsung que es recomendable activar y que permite configurar la unidad para un rendimiento óptimo, visualizar su estado, mantener actualizado el firmware o cifrar los datos del disco si lo necesitamos.

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Todo listo. Te va a sorprender la “vida” que recobra cualquier portátil con el montaje de una SSD.

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