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Windows 10 y Ubuntu 16, guía completa de instalación

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Windows 10 y Ubuntu 16

Windows 10 y Ubuntu 16 es una combinación excelente para disfrutar de la versión más avanzada del sistema operativo líder del escritorio y de la última versión de la distribución GNU/Linux más popular del mercado.

En demasiadas ocasiones perdemos el tiempo en discusiones entre “windowseros” y “linuxeros” que no llevan a resultado práctico alguno. Debate curioso cuando el acercamiento de Microsoft a Linux es evidente y lo hemos visto recientemente con el anuncio de una versión del SQL Server para Linux y el soporte preferente en el servicio en nube Azure para Ubuntu Server y Red Hat Enteprise Linux.

El último “acercamiento” también ha sido sonado con la publicación del primer Windows 10 con soporte para Bash, el intérprete de comandos que se instala por defecto en la mayoría de las distribuciones GNU/Linux, y que en Windows 10, permite ejecutar scripts Bash, comandos de Linux como sed, awk, grep, o probar las primeras herramientas como Ruby, Git o Python directamente en el sistema operativo.

Y si Microsoft utiliza Linux o sus herramientas siempre que lo cree conveniente para sus intereses porqué no lo va a hacer un usuario. Cada sistema tiene sus ventajas y su público porqué no usar ambos. Hemos utilizado Ubuntu 16.04 LTS (versión importante porque se trata de una edición con soporte de largo alcance) pero actualmente también puedes utilizar una versión más actual como Ubuntu 16.10. En cualquiera de los casos, el objetivo es el mismo: instalar Windows 10 y Ubuntu 16 para aprovechar las ventajas de ambos.

Planteamiento Inicial

Ubuntu puede instalarse como cualquier sistema en un equipo compatible, puede ejecutarse como “Live CD” sin necesidad de tocar sistemas existentes pra pruebas o solución de problemas, puede cargarse en una máquina virtual en equipos con Windows, OS X o Linux o puede actualizarse en máquinas con Ubuntu utilizando un simple comando en la terminal.

Nosotros hemos optado por realizar una instalación completa en un equipo con Windows 10. El resultado será dos sistemas operativos en el mismo equipo (juntos pero no revueltos) a los que podremos acceder en segundos gracias a un arranque dual.

Equipo hardware

Sobre el papel, cualquier equipo con Windows 10 está capacitado para ejecutar Ubuntu 16.04 LTS porque sus requisitos hardware son muy similares. Puede suceder que algún componente secundario no te funcione pero los primarios van a funcionar en la inmensa mayoría de equipos porque Ubuntu cuenta hoy con un gran soporte para las arquitecturas principales y controladores, sean libres o privativos.

Para que te hagas una idea, nuestro equipo de pruebas es un portátil HP Envy 15 con dos años de antiguedad que se entregó de origen con Windows 8 pre-instalado. Fue actualizado a Windows 8.1 y posteriormente a Windows 10.

Sus características hardware principales son una pantalla de 15 pulgadas FHD, una placa Intel HM87 Express con procesador Intel Core i7-4700MQ, 4 GB RAM (ampliada a 8 GB), gráfica GT 740M y un disco duro de 750 GB (reemplazado por un SSD Samsung EVO 850).

El equipo cumple sobradamente los requisitos hardware para Windows 10 y también para instalar Ubuntu 16.04 LTS.

Preparando particiones

En nuestro equipo, Windows 10 tiene ocupado el total de la capacidad de la SSD de 256 Gbytes con una partición, pero tiene espacio libre en ella para instalar Ubuntu 16 como vamos a ver. Si tu equipo cuenta con una partición adicional que puedas vaciar o tienes un PC con una segunda SSD (o disco duro) puedes utilizarla. En nuestro caso no es así y necesitamos liberar espacio para las particiones de Ubuntu. De la siguiente forma:

  • Accedemos al administrador de discos de Windows 10 desde el Panel de control > Herramientas administrativas o empleando el comando “compmgmt.msc” desde la ventana ejecutar.

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  • Tenemos una partición reservada para el sistema y el resto en una partición “C” ocupada con la instalación de Windows 10 que es la que tendremos que reducir para lograr espacio. Para ello pulsamos con el botón derecho sobre ella y marcamos sobre “reducir volumen”.

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  • La herramienta comprobará el espacio libre disponible en la partición “C” y mostrará el máximo en la que la podamos reducir la partición (en nuestro caso 88730 MB. Fijamos en 60000 MB el espacio a reducir y ese será el tamaño de la partición para Ubuntu. El tamaño es orientativo. Un usuario que trabaje a diario con Ubuntu necesitará más pero en nuestro caso, para pruebas, vamos sobrados

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  • Veremos como rápidamente se habrá creado un espacio en disco adicional vacío. No toques nada más ni crees nuevas particiones. Ya se encargará el instalador de Ubuntu de crear las particiones necesarias en el espacio libre que hemos creado.

Preparando BIOS / UEFI

Si has seguido alguna de nuestras guías como el paso a paso para instalar Windows 7 y Windows 10 en el mismo equipo bajo arranque dual, ya habrás leído la problemática de UEFI (reemplazo de las BIOS) a la hora de instalar otros sistemas operativos más allá del Windows pre-instalado.

Desde Windows 8,  los fabricantes han implementado el firmware conocido como UEFIuna extensión del proyecto EFI de Intel (también usado en equipos Mac) escrito en lenguaje C. Un reemplazo (muy necesario) de unas BIOS de 25 años de antiguedad que proporciona mayor flexibilidad, potencia y facilidad de uso mediante una interfaz de usuario gráfica, pero que complica la instalación de otros sistemas.

Aprovechando las posibilidades de las UEFI, Microsoft activó (a partir de Windows 8) un “sistema de arranque seguro” denominado Secure Boot que obliga a firmar el firmware y el software protegiendo el proceso de arranque del sistema.

Varias distribuciones GNU/Linux añadieron soporte para poder instalarse. No hemos tenido tiempo de comprobar si Ubuntu 16.04 LTS funciona bien en máquinas UEFI con Secure Boot activado y en todo caso no está claro que su soporte sea seguro como ocurría en Ubuntu 15.10.

En todo caso, y por aclarar algunos comentarios, señalar que Ubuntu soporta UEFI hace algunas versiones a través del Secure Boot System oficial de Microsoft para Linux, publicado por la Fundación Linux, y no deberías tener problemas en instalarlo de esa manera.

En nuestro caso, al utilizar este equipo para pruebas hace tiempo que lo tenemos completamente deshabilitado, funcionando en modo BIOS. Es la opción más recomendable para evitar problemas al instalar sistemas operativos adicionales a Windows 8/10, sean otros Linux no soportados o el mismo Windows 7. Si tienes una placa UEFI y tienes problemas en la instalación, su desactivación se realiza de la siguiente forma:

  • Accedemos a UEFI de forma similar que con BIOS, pulsando en el arranque la tecla correspondiente que utilice el fabricante (normalmente Escape, alguna tecla de Función o una combinación de ellas) y buscaremos el apartado de Secure Boot.

Windows10yWindows7_9

  • En nuestro caso es cuestión de un par de pasos como verás en la imagen anterior: Deshabilitar el “Arranque seguro” y habilitar la “Compatibilidad heredada”. Dependiendo del equipo, la placa y la versión de UEFI lo podrás encontrar de una u otra forma pero similar a lo indicado.

Orden de arranque

Ya que estamos en la BIOS/UEFI, aprovechamos para asegurarnos que la unidad desde donde vamos a instalar Windows 10 esté por delante del arranque del disco duro o SSD. En nuestro caso vamos a utilizar un pendrive USB y por ello lo verás en primer lugar en “Orden de arranque heredada”.

También podríamos emplear un DVD. En ese caso lo colocaríamos por delante en el orden de arranque.

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Guardamos la configuración de UEFI y volvemos a iniciar el equipo para preparar el medio de instalación.

Descargando Ubuntu

Accedemos a la página web oficial que ha preparado Canonical y descargamos la versión que nos interese. En nuestro caso optamos por la imagen .ISO de Ubuntu para escritorio y de 64 bits. Puedes descargarla directamente o vía Torrent si los servidores están saturados.

También puedes optar por la versión de 32 bits o por otros “sabores” de Ubuntu como Kubuntu, Xubuntu, Lubuntu y otras. Nuestros compañeros de MuyLinux las publicaron todas en el lanzamiento y puedes acceder directamente desde allí o desde esta página de Canonical.

Una vez pasado la saturación del lanzamiento, los servidores de Canonical entregan la versión a máxima velocidad. No tardarás demasiado en descargar la imagen de Ubuntu o la que hayas seleccionado. El proceso es el mismo para lo que nos interesa en este artículo.

Preparando medio de instalación

Una vez descargado podemos utilizar como decíamos un medio óptico (DVD) o una unidad USB (pendrive o disco externo). Vamos a utilizar ésta última, más rápida (USB 3.0) y versátil, además que este equipo carece de unidad óptica.

Para ello utilizamos una herramienta que nunca falta en nuestra colección, Rufus, aunque puedes emplear otras. Descargamos y ejecutamos Rufus con el medio USB insertado que utilizaremos en la grabación. Seleccionamos como tipo de partición MBR para BIOS o UEFI y fijamos la imagen ISO recientemente descargada de Ubuntu.

El tema de las particiones necesitaría un capítulo aparte porque como parte del estándar EFI propuesto por Intel (base del UEFI que hemos visto arriba) se incluye una nueva tabla de particiones GPT que reemplaza al Master Boot Record (MBR) usado con el BIOS.

Como hemos aclarado arriba, si vas a instalar Ubuntu en un equipo con UEFI y GPT debes tener la precaución de elegir “Tipo de partición GPT para UEFI” al crear el medio de instalación con Rufus. No es nuestro caso. Creamos el medio con los parámetros comentados anteriormente.

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Instalando Ubuntu

La instalación de un Linux como la última versión de Ubuntu ha avanzado de una manera extraordinaria, en un proceso -casi- completamente automatizado y rapidísimo. En este equipo con SSD y desde un USB 3.0, la instalación de Ubuntu 16.04 LTS se realiza en 4 minutos. Lo vemos al detalle:

  • Colocamos el pendrive que hemos preparado y reiniciamos el equipo. El menú de arranque de Ubuntu nos permite probar el sistema en modo “Live CD” o instalar en disco. Elegimos la segunda opción y continuamos:

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  • Seleccionamos español como idioma de instalación:

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  • No actives la descarga de actualizaciones ni la instalación de software de terceros. Lo haremos posteriormente desde el mismo sistema.
  • La siguiente pantalla sí es importante y refiere al tipo de instalación. Si controlas las particiones en Linux puedes crearlas a tu gusto utilizando la pestaña “Más opciones”, establecer tamaño, punto de montaje o instalación del cargador de arranque. Si no eres un experto no te compliques la vida porque no hay que hacer nada de eso.
  • Como verás, el instalador reconoce una instalación de Windows 10 y te ofrece instalar Ubuntu junto a él. Esta es la opción que debes elegir sin tocar para nada las particiones.

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  • En esa configuración, Ubuntu creará sus propias particiones en el espacio de la SSD (60 GB) que si recuerdas dejamos libre e instalará su cargador de arranque, en este caso Grub 2. Nosotros tuvimos una advertencia de UEFI que cancelamos porque recuerda, tenemos Windows 10 en modo BIOS y Ubuntu hay que instalarlo de la misma forma porque de lo contrario no podrás arrancar posteriormente el sistema operativo de Microsoft.
  • No hay que hacer nada más salvo indicar el nombre del usuario y contraseña de administrador que utilizaremos. La instalación, como decíamos, es rapidísima en una SSD.

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Windows 10 y Ubuntu 16

Una vez completada la instalación el equipo reiniciará en el cargador de arranque Grub 2. En el proceso de instalación no detecta Windows 10 pero tranquilo, lo resolveremos con un simple comando en la terminal de Ubuntu. Retiramos el pendrive de instalación e iniciamos Ubuntu. Ahí lo tenemos:

Windows 10 y Ubuntu16

Como decíamos, el gestor de arranque Grub 2 no cargó durante el proceso de instalación Windows 10 u otros sistemas instalados. Eso es lo primero que vamos a resolver de la siguiente manera:

  • Abrimos la terminal y ejecutamos el comando “sudo update-grub2”

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  • Como verás en la imagen, se generará un archivo de configuración de grub que encontrará los sistemas instalados como Windows 10.
  • Cerramos la terminal y reiniciamos el equipo para comprobar que el gestor de arranque funciona correctamente y podemos arrancar indistintamente Windows 10 y Ubuntu 16.

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Generado el archivo de configuración por Grub ya tenemos acceso a los sistemas instalados. Desde ahí podremos acceder indistintamente a cualquiera de ellos. Grub 2 se puede configurar fácilmente para fijar por defecto el sistema de inicio o el tiempo de retardo del menú de arranque.

No nos vamos a extender más porque no forma parte de este artículo como tampoco la necesaria gestión del sistema que debe realizar cada usuario nada más instalar Ubuntu y que pasa por la actualización del mismo; del software instalado; instalación de alguno de los 25.671 paquetes disponibles para esta versión; de drivers y controladores (especialmente gráficos); instalación de códecs multimedia; mover el lanzador de Unity si no te gusta donde está y personalizar sus aplicaciones; personalizar a tu gusto los temas, iconos o fondos de pantalla, etc.

A buen seguro nuestros compañeros de MuyLinux nos irán desgranando las particularidades de este Ubuntu 16.04 LTS. Para empezar puedes revisar sus novedades.

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Por lo demás, concluimos que Windows 10 y Ubuntu 16 es una combinación excelente para disfrutar de la versión más avanzada del sistema operativo líder del escritorio y de la última versión de la distribución GNU/Linux más popular del mercado. ¡Disfruten de ambos!

Coordino el contenido editorial de MC. Colaboro en medios profesionales de TPNET: MCPRO, MuySeguridad o MuyCanal.

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Guía SSD: formatos, interfaces, instalación, modelos y precios

Publicado el
SSD

SSD se ha convertido en el componente estándar para almacenamiento informático de consumo. Dentro de poco tampoco habrá muchas opciones. Como vimos recientemente en la presentación de nuevos productos en el IFA 2018, los discos duros han brillado por su ausencia especialmente en portátiles y convertibles donde el uso del almacenamiento sólido es masivo. También en sobremesas, equipando al menos una unidad primaria para el sistema y aplicaciones principales.

Si en equipos nuevos la tendencia es clara, la instalación de una SSD para mejorar equipos antiguos es una de las mejores actualizaciones de hardware que un usuario puede realizar. Sea reemplazando el disco duro en un portátil o instalando una SSD (sola o junto a ellos) en un ordenador de sobremesa, los beneficios son tangibles desde el primer minuto en el apartado de rendimiento, pero también en su menor ruido, emisión calorífica o consumo, derivados de su base en memorias NAND flash y la ausencia de partes móviles.

La mejora de su robustez y resistencia a fallos en las últimas generaciones; la llegada de nuevos formatos más pequeños y rápidos y una bajada constante de precios, ha añadido atractivos adicionales para convertir a SSD en el componente recomendado para almacenamiento masivo. Hoy repasamos todo lo que un usuario debería conocer de estas unidades y actualizamos la guía de compra con los modelos más interesantes en rendimiento/precio.

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¿Cómo funciona una SSD?

Para entender por qué son tan útiles esta unidades conviene entender cómo funciona la arquitectura de la memoria de una computadora y cada una de sus partes: la caché, la memoria RAM y la unidad de almacenamiento masivo. La memoria caché es la unidad de memoria más interna, mientras que la RAM es el punto intermedio. La unidad de almacenamiento es donde se almacenan todo el resto de datos que necesitan persistencia y en ella se almacenan los datos del sistema operativo, aplicaciones, juegos, archivos de configuración y todos los ficheros de usuario, documentos, vídeo o música.

Hay una gran diferencia de rendimiento entre las tres. La memoria caché es rapidísima, pero de baja capacidad. La RAM también opera a velocidades de nanosegundos, pero es muy cara y su capacidad es limitada. Frente a ellas, una unidad de disco duro tradicional funciona a velocidades de milisegundos. Como resultado, el sistema de almacenamiento ha sido un gran cuello de botella para el rendimiento de todo el PC. Y aquí es donde entran las SSD, mucho más rápidas, lo que reduce significativamente el tiempo de carga de programas y procesos, consiguiendo que tu computadora se sienta mucho más rápida.

Las SSD o “unidades de estado sólido” tienen el mismo propósito que un disco duro: almacenar datos y archivos para uso a largo plazo. La diferencia es que las SSD modernas (desde 2010) usan un tipo de memoria flash (asimilables a las utilizadas en la RAM) pero a diferencia de ellas están basada en puertas NAND que no borran los datos cada vez que se apaga la computadora. Los datos en una SSD persisten incluso cuando no tiene energía. Al ser memorias no volátiles, no requieren ningún tipo de alimentación constante ni pilas para no perder los datos almacenados, incluso en apagones repentinos.

Frente a un disco duro típico con placas magnéticas, platos giratorios y una aguja de lectura, la estructura de una SSD cambia por completo. No tiene partes mecánicas ni móviles y usa un sistema de celdas eléctricas para enviar y recibir datos rápidamente. Con ello, y además de otras ventajas, incluso las SSD de menor rendimiento triplica el rendimiento en transferencia de datos que ofrece un disco duro.

Formatos SSD

El formato más popular y versátil es el que utiliza los mismos estándares que los discos duros, 2,5 y 3,5 pulgadas. Si lo vas a montar en un ordenador portátil tienes que emplear el primero y asegurarte que su altura sea soportada, porque existen unidades de 9,5 mm y 7 mm. Para ordenadores de sobremesa, te sirven todos los existentes. Puedes utilizarlos tal y como se entregan aunque lo ideal es comprar un adaptador a 3,5 pulgadas para un mejor montaje en una torre de PC.

El segundo formato más importante a valorar es el denominado M.2, con ventajas en tamaño, peso y consumo sobre los que usan el estándar de 2,5-3,5 pulgadas con unas dimensiones de 80 x 22 y 3,5 mm. Una variante de ella es mSATA, aún más pequeña con unas dimensiones de 50,8 mm x 29,85 mm x 4,5 mm, pero menos soportada. Entre sus desventajas, podemos citar un ligero mayor coste y menor versatilidad ya que no todas las placas base lo soportan. El apartado de rendimiento es idéntico a las anteriores si utilizan SATA, aunque es muy superior al utilizar PCIe como luego veremos. Es el formato que se impondrá en el futuro y el recomendado a utilizar en placas nuevas.

SSD

Un tercer formato que podemos encontrar para equipos de sobremesa es el de tipo tarjeta pinchada directamente en un slot PCI de la placa base. En este formato se incluyen las unidades que montan sus chips directamente en la tarjeta o si ésta se utiliza como accesorios para poder montar las M.2 anteriores en placas que no tengan un conector especializado.

Optane 905P

 

Interfaces SSD

Otro elemento distintivo a la hora de comprar una SSD es el bus de conexión a la que se conectan. Las unidades de 2,5-3,5 pulgadas se conectan a la interfaz SATA (no compres nada que no soporte SATA-III – 6 Gbps), mientras que M.2 se pueden conectar tanto a SATA como a PCIe. Éstas últimas son las más extendidas y las que marcan la diferencia en rendimiento.

Sin embargo, no todas las SSD ofrecen el mismo rendimiento incluso bajo el mismo bus de conexión, derivado de las memorias utilizadas y especialmente de su controlador. El usuario que compre hoy un SSD, no debería conformarse con menos de una unidad que no alcance los 500 Mbytes por segundo sobre SATA en velocidades de transferencia de datos tanto en lectura como en escritura. Hay SSDs muy baratas que rebajan este dato especialmente en escritura. Evítalas, no merecen la pena.

Las M.2 que utilizan PCIe son las unidades más rápidas que vas a encontrar en almacenamiento sólido de consumo. Utilizan la interfaz nativa PCI-e para disparar su rendimiento hasta un máximo teórico que llega a multiplicar por cinco el de las unidades de estado sólido conectadas a SATA y por quince el de los discos duros. Aunque en sus inicios su precio era prohibitivo para el gran consumo, las distancias frente a SATA se están reduciendo. Si te lo puedes permitir, no lo dudes, por ellas pasan el futuro del almacenamiento en PC.

SSD 970 PRO y EVO

Conviene conocer que las nuevas generaciones de SSD M.2 PCIe soportan el estándar NVM Express, diseñada desde cero aprovechando la baja latencia y el paralelismo de los SSD PCI Express, ofrecen un rendimiento espectacular y convierten la unidad en arrancable, permitiendo prescindir completamente de otras unidades de almacenamiento. Si vas a comprar este tipo de SSDs para reemplazar por completo disco duros, asegúrate que tu placa soporta o puede ser actualizada para soportar el protocolo NVM y convertir la unidad en arrancable. De lo contrario, no podrás utilizarla como unidad principal para instalar en ella el sistema operativo, aunque sí utilizarla para almacenamiento de datos.

Capacidad SSD

Hay una diferencia importante entre la forma que manejan los datos una SSD y un HDD. Una SSD escribe datos en trozos llamadas “páginas”. Un grupo de páginas se denomina un bloque y con el fin de escribir nuevos datos en un bloque ocupado, todo el bloque tiene que ser borrado primero. Para evitar la pérdida de datos, toda la información que existe en el bloque primero debe ser trasladado a otro lugar antes de que el bloque se puede borrar. Una vez que los datos se mueven y el bloque se borra, sólo entonces se pueden escribir.

Este proceso es casi instantáneo pero requiere espacio libre vacío para que funcione correctamente. Si no hay suficiente espacio libre el proceso pierde eficiencia y se ralentiza. Comentamos este apartado técnico porque afecta a la capacidad cuando realizamos la compra de una SSD. Para lograr su máxima eficiencia deberíamos dejar libre aproximadamente un 20 por ciento de la unidad.

De ahí que -actualmente- recomendemos la compra de una unidad de al menos 250 Gbytes si la queremos instalar en un ordenador portátil para reemplazar el disco duro instalado. Evitaríamos las unidades de 128 y 64 Gbytes, exceptuando si el presupuesto es crítico o si el portátil cuenta con doble espacio de instalación y queremos combinar la SSD con un disco duro.

En un PC de sobremesa las necesidades de capacidad de almacenamiento son mayores tanto si reemplazamos todos los discos duros (caro pero más efectivo) como si hacemos convivir la SSD (como primera unidad de arranque para el sistema y aplicaciones) con el/los discos duros instalados. Las posibilidades son amplias.

Guía: Montaje de SSD en un PC manteniendo el disco duro

Montar una SSD de baja capacidad y precio que funcione junto al disco duro es una buena opción para no gastar demasiado. Si tu presupuesto es más amplio y quieres lo mejor, puedes apostar totalmente por SSD. Unidades con 1, 2 y 4 Tbytes son ya comunes; Fixstars tiene a la venta modelos con 6 Tbytes; SanDisk o Samsung comercializarán unidades de 8 Tbytes este año, lo mismo que Intel de la mano de Micron ofertará modelos con 10 Tbytes.

¿Cuánto dura una SSD?

A pesar de sus componentes mecánicos, los discos duros siguen siendo “norma y seña” en cuanto a resistencia de unidades de almacenamiento y de ahí su uso masivo en centros de datos 24/7 donde prima la fiabilidad por encima de todo. Además, requieren pruebas y certificaciones que pueden durar meses y por ello la entrada de SSDs ha sido hasta ahora bastante tímida.

A diferencia de los discos duros, las SSD no tienen partes móviles lo que les otorgan una gran ventaja en cuanto a imposibilidad de fallo mecánico. Por contra, los SSD son más propensos a fallos de energía eléctrica mientras que la unidad esté en funcionamiento, provocando corrupción de datos o incluso el fallo total de los dispositivos. Además, los bloques de memoria en un SSD tienen un número limitado de operaciones de escritura.

Afortunadamente, las nuevas generaciones han mejorado muchísimo en fiabilidad. Todas las SSD incluyen células de memoria adicionales libres para cuando las otras fallen no perder capacidad, reasignando sectores dañados. Pruebas de resistencia han confirmado este aumento de fiabilidad con algunas series de unidades sobreviviendo después de soportar una prueba masiva de escritura por encima de los 2 petabytes. Una cantidad de datos enorme que un usuario en condiciones reales (normales de uso) tardaría decenas de años en completar

Sí conviene señalar que en las últimas generaciones de SSD, los fabricantes están apostando por las memorias flash NAND TLC, de triple nivel por celda, y las QLC o cuádruple núcleo por celda serán las siguientes. Esta tecnología aumenta la densidad de almacenamiento y rebaja costes, pero reduce la resistencia de formatos anteriores como MLC y especialmente SLC, Single-Layer Cell, que solo almacena un bit por celda y que ya no verás en el mercado de consumo.

Para compensarlo, los mejores fabricantes han aumentado la garantía hasta 5 años en unidades de consumo, mientras que hay modelos profesionales con hasta 10 años de garantía. La vida media oficial de una SSD se estima entre 5 o 7 años.

Compra SSD – Modelos y Precios (Septiembre de 2018)

Cualquiera de los grandes fabricantes (Samsung, Kingston, OCZ (Toshiba), SanDisk (WD), Crucial…) nos van a ofrecer modelos interesantes y variados en rendimiento y capacidad. Y, buenas noticias, a precios bastante más baratos que en el mes de mayo donde actualizábamos por última vez esta guía.

Desde ahí, las novedades han sido numerosas e interesantes, como el lanzamiento de las UV500 de Kingston que tuvimos oportunidad de analizar recientemente; la presentación de las BX500 de Crucial; las XG6 de Toshiba; las Barracuda de Seagate; las M500 de Biostar; las 660P de Intel; las M9Pe de Plextor o las RC100 de Toshiba. En cuanto a tecnología, destacar la interfaz PCIe Gen 4.0 x8 o la presentación de las SSD QLC de Samsung.

Si estás dispuesto para la compra, te ofrecemos una selección de la oferta actual de unidades de estado sólido, con diferentes capacidades. Los separamos por los formatos SATA y PCIe que hemos visto en el artículo. No te vas a equivocar; hay muchísima oferta de todos los fabricantes y repetimos, con amplia rebaja de precios desde el último trimestre.

SSD SATA

  • Samsung EVO 860. Una serie que ofrece 250 GB, 500 GB y 1 TB por 62, 98 y 205 euros, respectivamente. Las nuevas versiones añadidas son las de 2 TB por 436 euros y 4 TB por 953 euros. Samsung también mantiene la distribución del modelo anterior EVO 85o, aunque la verdad es que no merecen la pena porque tienen un precio igual o superior.
  • Kingston SUV500. Una de las novedades. Gran velocidad, cifrado y 5 años de garantía y un precio muy atractivo, con 480 GB de capacidad por 95 euros y 960 GB por 216 euros. Si necesitas más, la unidad de 2 TB cuesta 464 euros. Kingston mantiene series anteriores como las UV400, pero como las anteriores de Samsung no merecen la pena.
  • Crucial BX500. Novedad reciente, ofrece versiones de 240 GB y 480 GB con precios sobresalientes: 59 y 75 euros.
  • Crucial MX500. El fabricante también ofrece una serie anterior, en versiones de 250 GB, 500 GB, 1 y 2 Tbytes, con precios respectivos de 59, 90, 191 y 399 euros.
  • SanDisk SSD Plus. Otra de las grandes del sector, adquirida por WD, con una serie de consumo rebajadísima sobre el trimestre anterior, que ofrece versiones de 240 GB por 46 euros, 480 GB por 75 euros y la versión de 960 GB por 178 euros.
  • OCZ TR150. Recuperada con la compra de Toshiba, monta memorias del fabricante japonés (de lo mejor del sector) y ofrece unidades de 480 GB por 119 euros.
  • Toshiba TR200. Una de las novedades de este año fue la Toshiba TR200, disponible en capacidades de 240, 480 Gbytes por 49 y 105 euros, respectivamente. La versión de 960 Gbytes cuesta 241 euros.
  • WD Blue SSD. Muestra de la entrada de los grandes fabricantes en el sector de las SSDs son las nuevas unidades de Western Digital, con capacidades de 250 y 500 Gbytes por 80 y 149 euros, respectivamente. La unidad superior con 1 Tbyte cuesta 302 euros y es de los pocos modelos que han subido de precio.
  • Seagate Barracuda. Otra novedad muy reciente del otro gran fabricante de discos duros, con 250 GB por 80 euros; la de 500 GB por 137 euros y la de 1 TB por 242 euros.

SSD M.2 – PCIe

  • Samsung 970 EVO. De lo mejorcito del segmento en rendimiento en almacenamiento de consumo: 3.200 Mbytes por segundo en modo lectura. De nuevo ha bajado de precio y ahora mismo se puede comprar la unidad de 250 GB por 101 euros, el modelo de 500 GB cuesta 161 euros y la versión de 1 Tbyte por 319 euros. Samsung también mantiene las 960 EVO.
  • Samsung 970 PRO. Pocas más rápidas para consumo con 3500 MB/seg en lectura. La unidad de 512 GB ha vuelve a bajar de precio hasta 232 euros. La firma mantiene las 960 PRO en varias capacidades.
  • WD Black PCIe SSD. Otra de las novedades este año es una unidad de estado sólido del líder de discos duros con 2050 MB/s en lectura. Con 256 Gbytes cuesta 93 euros y con 512 GB por 195 euros.
  • Toshiba OCZ RD400. Toshiba ofrece un modelo MLC NAND con memorias propias de 15 nanómetros y un rendimiento estratosférico: hasta 2.600 MB / s y 1.600 MB / s. La variante de 256 GB cuesta 150 euros, mientras que la de 512 GB cuesta 182 euros, tras una gran bajada de precio.
  • Kingston A1000. Otra de las series de M.2 recomendables (de menor rendimiento que las anteriores, pero más baratas). con velocidades de hasta 1500 MB/s en lectura y 1000 MB/s de escritura. Ofrece un adaptador HHHL opcional para pincharlo en slot PCI si no tiene un conector M.2 dedicado. La versión de 240 Gbytes cuesta 63 euros y la versión de 480 GB tiene un precio de 114 euros y la de 960 GB cuesta 238 euros. Si tienes bastante con su rendimiento es una de las más baratas SSD PCIe.
  • Corsair MP500. Utiliza memorias de Toshiba y es muy rápida (3.000 / 2.400 MB/s). En formato M.2, ofrece versiones de 120, 240, 480 y 960 Gbytes, con precios respectivos de 73, 111, 231 y 389 euros. Todas han bajado de precio.
  • Intel – 600p. Interesante por precio es este modelo M.2 con 512 GB por 193 euros.
  • Intel Optane SSD 900P. Una de las novedades del trimestre cuesta 408 euros en su versión de 280 GB. Más lentas que las grandes del segmento (Lectura: 2400 MB/s, escritura: 2000 MB/s) son muy, muy caras. Su única ventaja es su formato U.2, 2,5 pulgadas pero conectable a PCIe cara todavía. El precio es un disparate, no la recomendamos.
  • Toshiba RC100. Otra novedad en el trimestre y esta sí nos gusta, con 240 GB por 74 euros y rendimiento medio.

Recursos, comparativas, guías de uso y montajes:

 

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Guía: Cómo mejorar el rendimiento de tu portátil en juegos sin gastar dinero

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HP OMEN 15

Mejorar el rendimiento de un ordenador portátil sin tener que gastar dinero puede parecer complicado, pero la verdad es que tenemos muchas opciones y algunas de ellas son tan fáciles de aplicar que incluso los usuarios menos expertos podrán aprovecharlas sin problema.

Si eres de los que utiliza el portátil para jugar y está intentando estirar al máximo su vida útil para alargar el ciclo de renovación esta guía te interesa, ya que os vamos a ofrecer una serie de consejos que os ayudarán a mejorar el rendimiento de vuestro portátil.

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Guía para comprar un portátil barato (y no tirar el dinero)

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Todos queremos comprar productos con la máxima calidad posible al mínimo precio, ya sean ordenadores, coches o un par de zapatillas. El equilibrio entre calidad y precio es siempre delicado y, en muchas ocasiones lo barato acaba saliendo muy caro. En esta guía os ofrecemos consejos para no equivocarse a la hora de comprar un portátil económico.

Como con cualquier otro producto (tecnológico o no), lo primero que debemos pensar es para qué lo vamos a utilizar, que necesidad esperamos satisfacer con su compra. No es lo mismo un portátil para uso ofimático y navegación web que un equipo con el que trabajar todos los días fuera de casa o con el que querremos jugar ocasionalmente.

Una vez superada esta fase toca elegir; en el rango de la gama baja de precios (por debajo de 500 euros) es muy complicado tenerlo todo, así que tenemos que poner en la balanza conceptos como la potencia, autonomía o diseño y pensar qué es lo más importante en el uso diario que vamos a hacer del dispositivo.

Obviamente, la mayoría de usuarios están en un término medio; nadie quiere un equipo ultraligero pero lentísimo por la misma razón que tiene poco sentido comprar un portátil muy potente que no puedas llevar a ningún sitio. Por ello, es importante saber qué estamos dispuestos a sacrificar a cambio de ahorrarnos unos cientos de euros.

No compres nada sin SSD

A estas alturas, no recomendaría a nadie comprar un ordenador sin SSD. Podemos prescindir de un procesador más rápido o de más RAM, pero si hay un componente que realmente marque la diferencia entre equipos es el tipo de almacenamiento.

En la práctica, un SSD reduce muchísimo el tiempo de arranque y proporciona una gran fluidez a cualquier aplicación que usemos en el equipo, especialmente en escenarios multitarea. Y sí, usar Chrome con más de diez pestañas abiertas se puede considerar multitarea.

No necesitas más de 8 Gbytes, pero tampoco menos

Es posible que encuentres buenas ofertas en equipos con 4 Gbytes de memoria RAM. A no ser que pretendas instalar una distribución de GNU/Linux ligera, nuestra recomendación es un mínimo de 8. Otra opción puede ser ampliarlo a posteriori, pero solo tiene sentido si encontramos la memoria a buen precio y, en la práctica, cada vez son menos los equipos que nos permiten aumentar la RAM de forma sencilla.

En lo relativo a DDR3 o DDR4 y teniendo en cuenta el rango de precios del que hablamos y el escenario al que va orientado un equipo como este la diferencia es poca. Compra el más barato.

Huye de los procesadores “low cost”

Algunos fabricantes suelen recurrir a procesadores de muy baja potencia (que también consumen poco) para construir portátiles que aparentemente son un chollo. Como norma general, olvídate de los equipos que montan AMD de la serie E y de cualquier Intel con el apellido Atom o Celeron. Si quieres profundizar, tienes mucha información en nuestra guía de procesadores.

Por nuestra experiencia, el rendimiento de estos procesadores con Windows 10 es muy deficiente a poco que queramos tener abiertas dos o tres aplicaciones al mismo tiempo. De cada a futuro, con navegadores que cada vez consumen más recursos y software capaz de aprovechar las prestaciones de los microprocesadores de gama media y alta, tiene poco sentido ahorrar unos euros para obtener una experiencia deplorable.

 

AMD hace muchas cosas bien. La serie E no es una de ellas.

Más que el diseño, revisa la calidad de construcción

En la carrera por parecer “premium”, muchos fabricantes apuestan por diseños arriesgados y materiales que, siendo plástico, quieren dar la impresión de valer mucho más de lo que cuestan. Sin embargo, detalles como las bisagras, los marcos, el panel de conexiones o el sistema de refrigeración son mucho más importantes que la estética y, en muchas ocasiones, pasan desapercibidos.

Lo mejor, sin ninguna duda, es probar el equipo in situ. Si no es posible, intentad consultar no solo la web oficial o las reviews de páginas especializadas, sino foros y opiniones de tiendas como Amazon para descubrir si hay algún detalle que acabe por dar problemas a medio y largo plazo.

Touchpad y teclado, los grandes olvidados

Un equipo un poco lento o con una pantalla modesta es soportable, pero nada molesta más en el día a día que un teclado impreciso o un touchpad tan malo que nos obligue a cargar con el ratón a todas partes. De nuevo, este es uno de esos aspectos que pasa desapercibido pero que, desde nuestro punto de vista, debe pesar y mucho a la hora de elegir entre dos equipos de precio parecido. Una vez más, prueba si puedes o consulta opiniones sobre estos dos puntos antes de comprar.

Olvídate de jugar a lo más nuevo

Dejando a un lado si tiene sentido o no comprar un portátil para jugar, conviene tener en cuenta que la mayoría de equipos por debajo de 500 euros no ofrecen la potencia suficiente para jugar a títulos de esta generación. Obviamente es una generalización necesaria: habrá títulos (los menos exigentes, indies, remakes) que sí podremos ejecutar con cierta fluidez y, por supuesto, nada nos impide disfrutar de joyas del pasado pero si el gaming es una prioridad, merece la pena ahorrar un poco más y comprar algo con GPU dedicada.

Si echáis un vistazo a YouTube veréis vídeos de este tipo de juegos ejecutando títulos más o menos modernos, pero a cambio de grandes sacrificios en la tasa de frames, nivel de detalle y mejoras gráficas. Desde nuestro punto de vista no merece la pena jugar así y, a la larga, conviene tener en cuenta que sometemos al equipo a un nivel de exigencia para el que no está diseñado.

Como plan B, siempre podemos dejar el portátil básico para trabajos de ofimática y tareas sencillas y dejar los juegos para el sobremesa o pensar en adquirir una consola de última generación, ahora que están a muy buen precio.

Nuestra selección, tres equipos baratos que sí merecen la pena

Como comprenderéis hay una ingente oferta de portátiles en el mercado y resulta muy complicado hacer una selección sin dejarnos alguno por el camino (como siempre, confiamos en vosotros para ampliar y mejorar este artículo). Por favor, tened en cuenta que las ofertas cambian rápido y si llegáis a este artículo dentro de unos meses habrán cambiado. En base a los criterios mencionados a lo largo de esta guía hemos seleccionado estas tres opciones:

Medion S6421, el más completo (desde 399 euros)

Difícil dar más por menos. Este equipo de la firma alemana combina un procesador Intel Core i3 de bajo consumo, 8 Gbytes de RAM y 256 Gbytes de SSD. Su pantalla es 1080p y tiene 15,6″ de diagonal, así que es perfecto para cualquier uso. ¿Su punto débil? La batería, que no supera las tres horas de uso real.

Acer Aspire 3-A315, alternativa Ryzen (desde 499 euros)

Aunque las series básicas de AMD no nos convencen, hemos tenido muy buenas experiencias con portátiles con Ryzen 5. Este Acer añade 8 Gbytes de memoria RAM DDR4, un SSD de 256 Gbytes y una interesante GPU integrada muy solvente con los contenidos multimedia. No pasa de los 500 euros en Amazon.

HP 15-BS520NS, perfecto para estudiantes (desde 448 euros)

Si hace tiempo que no pruebas un HP no te dejes llevar por lo que dicen. En los últimos años han dado un salto enorme en calidad de construcción y quedan lejos los tiempos de los equipos que se calentaban demasiado. En la serie básica tenemos joyitas como el que os presentamos, muy ajustado en términos de calidad precio y muy bien construido.

He visto un equipo por menos de 300 euros y….

Probablemente más de un lector piense que qué sentido tiene exigir todo lo que hemos dicho hasta ahora y pretender comprar algo muy barato. Sí, en el mercado hay equipos mucho más baratos de los que hemos elegido en nuestra selección pero, desde nuestro punto de vista, solo merecen la pena para casos muy concretos.

Un equipo con un Intel Celeron N3350, 4 Gbytes de RAM y un disco duro tradicional funciona, pero es complicado que ofrezca una experiencia satisfactoria con Windows 10. Si tienes tiempo y ganas de optimizar el sistema al máximo (u optar por una distro ligera basada en Linux) puede ser una opción, siempre que no vayas a salir de la ofimática y utilices navegadores ligeros.

Sí, se puede comprar un portátil por menos de 250 euros.

Repasando los principales distribuidores hemos encontrado un Lenovo 80TG00VYSP V110-15IAP que nos sirve perfectamente como ejemplo (ver en PC Componentes). Cuesta 226 euros y es un equipo ligero y con una configuración discreta pero que, en manos de un usuario capaz de optimizar el sistema puede funcionar bien en determinados escenarios.

En cualquier caso y al ritmo que va la tecnología, este tipo de equipos se suelen quedar cortos demasiado pronto y por eso no están en nuestra selección. Hasta aquí nuestra guía, abrimos debate en comentarios y esperamos vuestras recomendaciones sobre equipos económicos que sí merezca la pena comprar.

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