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Napster 3.0: ahora en el mundo de la realidad virtual

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Napster 3.0: ahora en el mundo de la realidad virtual

Sï, lo sé, seguro que muchas personas, al leer Napster, han pensado que me he equivocado no ya de año, sino de década. Y lo entiendo, puesto que yo mismo he sentido algo extraño al leer ese nombre (¿nostalgia quizá?) y me he preguntado qué ocurre ahora con el que, en sus primera etapa, fuera el servicio online responsable de enseñarnos a muchos qué era exactamente eso del peer to peer, y cómo la distribución de archivos a través de Internet se iba a reinventar por completo en aquellos años.

Mientras escucho el primer disco que me bajé de Napster en su momento (no voy a decir cuál era, claro, lo siento discográficas) hagamos un poco de memoria sobre la historia de este servicio para, así, saber en qué punto se encontraba en este momento, y por qué parece que está a punto de reinventarse (o de ser reinventado) de nuevo.

Allá por 1999 (y parece que fue ayer, caray) Sean Parker y Shawn Fanning estaban cansados de los métodos que, hasta entonces, existían para compartir música a través de Internet, principalmente IRC, así que idearon y pusieron en marcha un servicio centralizado, en el que todos los usuarios se conectaban a un servidor en el que compartían sus listas de archivos, y que permitía que al producirse un match entre un usuario que buscaba algo y otro que lo tenía, se estableciera una conexión P2P entre ambos para compartir el fichero en cuestión. Así, a la sombra del cercano cambio de milenio, Napster vio la luz.

No tuvo que pasar mucho tiempo para que Napster cobrara una enorme popularidad a lo largo y ancho del mundo. Eran tiempos en los que las conexiones a Internet podían hacer que tardaras 10 minutos en descargar un archivo de cuatro megabytes, pero daba igual, de repente tenías la sensación de que toda la música del mundo estaba a tu alcance, a solo unos pocos clicks de ratón. Era el año 2000, Napster ya era uno de los servicios más populares de Internet y las discográficas, como un elefante en una cacharrería, iniciaron una compleja batalla legal contra el servicio y sus responsables.

De aquel encontronazo legal surgió, además de una plétora de alternativas a Napster, una orden judicial que obligaba a sus responsables a cerrar los servidores, además de a pagar 36 millones de dólares a varias discográficas por los daños ocasionados por Napster a sus cuentas. Adicionalmente, fue perdiendo el apoyo de parte de la comunidad, al cometer acciones tan torpes como exigir a la banda Offspring, que apoyó al servicio durante el proceso, que dejaran de utilizar su logotipo en sus comunicaciones. ¿La razón? Porque violaban sus derechos e imágenes de copyright. Una estupidez que todavía debe estar resonando en sus cabezas.

Napster cesó sus actividades en septiembre de 2001, dejando espacio a otros servicios como Audiogalaxy, Ares, eDonkey/eMule, Pando y, por supuesto, Bittorrent. Y salvo por sus tribulaciones legales, todo el mundo los daba por desaparecidos hasta que, allá por 2008, reapareció, esta vez como una tienda de música online, esta vez de la mano de las discográficas con las que tantos problemas había tenido en el pasado. Napster 2.0 seguía distribuyendo música, pero esta vez sin tener que preocuparse por los abogados de las discográficas.

Tres años después, en 2011, tras gozar de una cierta estabilidad, aunque obviamente sin acercarse ni remotamente al éxito de su primera etapa, Napster se fusionó con Rhapsody, el servicio de música online de RealNetworks, otra empresa que también había conocido tiempos mucho mejores a principios de siglo (¿te acuerdas de RealPlayer?). Y así ha seguido siendo hasta ahora, sin nada que indicara que se podría producir algún cambio en este sentido y, claro, con el beneplácito de Sony Music, Universal Music y Warner Music Group.

Pero hoy se ha producido un nuevo y sorprendente giro, ya que como informa Engadget, la compañía ha sido adquirida por MelodyVR, una empresa especializada en experiencias de realidad virtual en una operación de 70 millones de dólares, a los que se suman otros 44 que RealNetworks (propietaria hasta ahora del 84% de Napster, tras una escisión de la compañía) mantiene con las discográficas.

El objetivo de MelodyVR es emplear tanto la tecnología como, eventualmente, los servicios con los que ya cuenta Napster para emplearlos en entornos de realidad virtual, con el fin de crear, según sus propias declaraciones, «una plataforma de entretenimiento que abarca presentaciones en vivo inmersivas y transmisión de música grabada«.

Todos llevamos ya unos meses preguntándonos qué va a pasar con los conciertos, una actividad fundamental para los músicos, y que a consecuencia del coronavirus se han quedado en una especie de limbo del que, al menos de momento, no parece que vayan a salir. De haber escuchado hablar hace un año de la retransmisión de conciertos para ser disfrutados desde casa mediante sistemas de realidad virtual, habría pensado que era una idea interesante, pero sin demasiado recorrido. Sin embargo, en las circunstancias actuales, la situación cambia sustancialmente, y creo que sí que podría haber futuro para un servicio de este tipo.

Las dos compañías juntas crearán un gigante de realidad virtual para conciertos en casa, espera MelodyVR. “La adquisición de Napster por MelodyVR dará como resultado el desarrollo de la primera plataforma de entretenimiento musical que combina contenido visual inmersivo y transmisión de música”, dijo el CEO Anthony Matchett. “Para los fanáticos de la música de hoy, la música en vivo y la grabada están intrínsecamente vinculadas. Estamos tan ansiosos por ver a nuestros artistas favoritos actuar en vivo como por escuchar sus álbumes.»

Se desconoce si, tras la adquisición, Napster mantendrá los servicios que presta en la actualidad o, por el contrario, sus actividades se centrarán en el proyecto de MelodyVR. Lo que sí que está más que claro es que hace 20 años, cuando parte de nosotros usábamos Napster con asiduidad para descargar música, no habríamos podido imaginar, ni remotamente, que dos décadas después podría convertirse en una parte clave de la integración entre música y realidad virtual.

Si me dieran una cana por cada contenido que he escrito relacionado con la tecnología... pues sí, tendría las canas que tengo. Por lo demás, música, fotografía, café, un eReader a reventar y una isla desierta. ¿Te vienes?

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