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EA incluirá publicidad en sus juegos, pero dice que lo hace por ti
EA lleva años buscando más y más formas de monetizar sus juegos, algo a lo que, por desgracia, ya estamos bastante acostumbrados a estas alturas. DLC, pases de temporada, cosméticos, monedas virtuales, microtransacciones y, por supuesto, el progresivo encarecimiento del precio base de muchos lanzamientos hasta rondar ya los 80 euros. Lo que quizá sí cuesta más asumir es que, después de todo eso, la próxima gran idea pase por incluir publicidad dentro de los juegos… y, además, intentar convencernos de que debería parecernos una buena noticia.
Porque eso es exactamente lo que ha anunciado la compañía con EA Advertising, una nueva plataforma propia que permitirá introducir anuncios dinámicos y en tiempo real dentro de sus juegos. Según Electronic Arts, esta tecnología servirá para crear experiencias publicitarias que “mejoren, no interrumpan, la experiencia del jugador”. Una frase que probablemente merezca estar ya entre las declaraciones corporativas más difíciles de defender de los últimos tiempos.
El sistema ya está funcionando en algunos títulos deportivos como EA Sports FC 26, Madden NFL y College Football 26, donde los jugadores pueden encontrar marcas como Visa, Red Bull, Xfinity o Mountain Dew integradas en distintos espacios del juego. Sobre el papel, EA defiende que este modelo permite a las marcas aparecer de forma “auténtica” y relevante dentro de los mundos creados por sus estudios. La idea, según la compañía, no es interrumpir la experiencia, sino enriquecerla.
Y aquí aparece el verdadero problema. Porque una cosa es el contexto visual de un videojuego y otra muy distinta convertir ese contexto en inventario publicitario dinámico. Ver marcas reales en un estadio de fútbol, en un circuito o en un entorno vinculado al skateboarding puede tener cierto sentido estético o incluso aportar algo de realismo. Eso existe desde hace muchos años. Pero EA no ha anunciado simplemente decorado contextual. Ha anunciado una plataforma diseñada específicamente para vender espacios publicitarios dentro de sus juegos, gestionados de forma dinámica y en tiempo real.
La diferencia importa. Mucho. Porque una cosa es que un estadio virtual tenga una valla de Adidas o Coca-Cola como parte de su ambientación, y otra muy distinta es que esos espacios formen parte de un negocio publicitario activo, con campañas actualizables y acuerdos comerciales vivos. En ese escenario, resulta bastante complicado aceptar la idea de que el objetivo principal sea “mejorar” la experiencia del jugador. Se puede defender que la publicidad ayuda a financiar proyectos más ambiciosos, que reduce costes o que abre nuevas vías de ingresos. Son argumentos discutibles, pero al menos honestos. Lo que cuesta mucho más comprar es la idea de que ver anuncios dentro de un juego premium por el que ya has pagado un precio elevado represente algún tipo de beneficio para quien juega.
Porque aquí existe además una contradicción difícil de ignorar. EA no ha anunciado juegos más baratos a cambio de publicidad. Tampoco ha planteado un modelo similar al de Netflix o Disney+, donde el usuario puede elegir entre pagar menos con anuncios o pagar más para evitarlos. No. El jugador seguirá pagando el mismo precio —o más—, seguirá encontrando microtransacciones y sistemas de monetización recurrente, y ahora además verá publicidad integrada como un nuevo canal de ingresos para la compañía. Resulta legítimo preguntarse qué gana exactamente el consumidor en este intercambio.
La industria ya ha tanteado antes este terreno. Ahí están los anuncios no saltables de NBA 2K21, los experimentos previos de EA con UFC 4 o el debate recurrente sobre publicidad integrada en títulos deportivos y de conducción. La diferencia ahora es otra: EA parece estar intentando institucionalizar este modelo, convertirlo en parte estructural de su negocio y normalizarlo antes de que nadie tenga demasiado tiempo para reaccionar.
Quizá el mayor problema no sea el primer anuncio. Quizá ni siquiera sean los carteles dinámicos dentro de un estadio de fútbol. El problema real es el precedente. Porque una vez aceptamos que un videojuego de 80 euros también puede funcionar como soporte publicitario, la pregunta deja de ser si habrá más anuncios en el futuro. La pregunta pasa a ser cuántos habrá… y cuánto tardarán en dejar de ser tan “poco intrusivos”. Y, sobre todo, cuánto tiempo seguirá funcionando la idea de que todo esto, en el fondo, es por nuestro bien.
En otro orden de cosas, sin relación alguna con lo anterior, comentar que las redes de intercambio P2P se encuentran en un gran momento.
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