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Análisis

Fujifilm FinePix X100

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Hemos tenido la oportunidad de probar la nueva Fujifilm FinePix X100, sin lugar a dudas una de las cámaras más atractivas del panorama actual. La firma japonesa combina un increíble diseño retro con tecnología de última generación para ofrecer un producto destinado a los amantes de la fotografía. ¿Estará a la altura de lo esperado?

Ficha técnica

Es obvio que el espectacular diseño de la Fujifilm FinePix X100 no pasa desapercibido. El fabricante va más allá de la estética y presenta una cámara de construcción sublime, que recuerda a los mejores modelos analógicos no solo en apariencia sino en la sensación de que está «hecha para durar». En una época donde los plásticos son norma, da gusto probar un chasis de este nivel.

Fujifilm no inventa nada, pero tampoco ha cometido errores de importancia: la distribución de controles es perfecta, el tacto del disparador exquisito y da la sensación que todo está donde debería. En cualquier caso hay algunos aspectos que no terminan de convercernos: la rueda de control posterior no está a la altura del resto y la calidad del compartimento de la batería desentona, con una tapa susceptible de estropearse con el uso. Dos detalles que esperamos ver solucionados en futuras revisiones del producto.

Visor híbrido, lo mejor de cada casa

Uno de los detalles que hacen singular a esta cámara es su visor híbrido, que combina un visor directo tradicional con uno electrónico (1,4 megapíxeles). Basta accionar la palanca frontal para cambiar entre uno y otro (también tenemos la pantalla LCD, por supuesto), aunque hay modos -como el enfoque macro- donde está limitado al electrónico.

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El sistema híbrido reune las ventajas de un visor óptico con la información que nos proporciona la electrónica, gracias a una exclusiva solución basada en un prisma con espejo. Así, veremos guías de encuadre, configuración de la fotografía o información de enfoque, entre otros parámetros sobre la imagen real que ofrece el visor de ventanilla.

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Probando la Fujifilm FinePix X100

La X100 viene con un objetivo fijo, un Fujinon Aspherical Lens Super EBC de 23 mm (equivalente a 35 mm. en paso universal) sin zoom. La calidad del mismo es sublime, con un comportamiento fantástico en cualquier rango y una nitidez brutal, incluso a sensibilidades altas. Se puede trabajar sin ruido hasta ISO 1600 pero, en función del escenario, podemos llegar a ISO 6400 sin detectar problemas de gravedad.

La extrema calidad del objetivo hace viable aprovechar todas sus aberturas (f2-f16), invitándonos a abrir el diafragma de la máquina para aprovechar la luz al máximo y conseguir bellos efectos de desenfoque. En este punto no podemos más que alabar el trabajo de Fujifilm.

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La cámara cuenta con un sensor CMOS APS-C (23,6×15,8 mm), con 12,2 megapíxeles de resolución (4.288 x 2.848 píxeles). La firma recurre a su procesador de referencia, el Fujifilm EXR, para dotar a la cámara de la capacidad de proceso necesaria. Si por el lado de la óptica estamos ante una máquina sobresaliente, desde el punto de vista de la electrónica el producto de Fuji también roza la perfección.

La X100 tiene solo los automatismos necesarios, que funcionan de manera impecable en manos del usuario avanzado. Como comentamos en varias ocasiones en el análisis, conviene tener en cuenta que no estamos ante un producto para personas sin la base técnica suficiente como para sacarle el provecho que merece. Mención especial para un balance de blancos fiel y con posibilidad de ajuste manual y un tratamiento del color que solo podemos calificar como excelente.

El sistema de enfoque automático funciona bien, sin alardes pero con un comportamiento correcto. En lo relativo al manual, conviene advertir que los que esperen la agilidad de una solución mecánica se pueden llevar un chasco importante: el anillo de la Fujifilm FinePix X100 solo modifica pasos predefinidos del motor de enfoque, sin tener en cuenta la velocidad. Nuestra experiencia nos dice que terminaremos por acostumbrarnos, pero no deja de ser un comportamiento singular.

La X100 no integra estabilizador de imagen, decisión que Fujifilm justifica por la calidad de la óptica y la necesidad de mantener unas dimensiones contenidas. En la práctica, la ausencia de partes mecánicas para levantar espejos y la excelente ergonomía del chasis hacen que, probablemente, no tengamos que echarlo de menos.

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No queremos dejar de comentar lo que nos parece un guiño claro al usuario objetivo de esta cámara: la X100 incluye un modo silencioso que deshabilita el ruido del obturador, el flash y la luz de ayuda al enfoque para ayudar al fotógrafo a captar escenas con espontaneidad y pasar desapercibido cuando es necesario. En este sentido, quizás echamos de menos algún modo artístico más integrado, aunque es cierto que muchos prefieren trabajar a posterior con el ordenador.

La apuesta de Fuji es capaz de disparar en ráfagas de 5 fotos por segundo en RAW, JPEG o combinando los dos formatos, una práctica cada vez más habitual. En modo continuo se pueden tomar hasta 10 en JPEG y 8 en RAW o RAW+JPEG.

En nuestras pruebas detectamos que la cámara tarda bastante en terminar de grabar los datos en la tarjeta (alrededor de 3 segundos) y aunque podemos seguir disparando, el sistema de menús permanece bloqueado. Descartando problemas de tarjeta (hemos probado con varias de alta velocidad), la única solución para agilizar el proceso es tirar solo en RAW para liberar de trabajo al procesador y buffer.

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Además de tomar fotos, la Fujifilm FinePix X100 permite grabar vídeo en alta definición (1.280 x 720 píxeles). Aunque no es su punto fuerte, no deja de ser interesante la posibilidad de aprovechar la calidad óptica de la cámara para hacer experimentos.

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Conclusiones

La Fujifilm FinePix X100 es mucho más que un cuerpo bonito y colmará de satisfacciones a los que decidan hacerse con ella. La nueva Fuji es, ante todo, una herramienta creada para apasionados de la fotografía. Un diseño tan espectacular como efectivo, la calidad de su óptica y una dotación electrónica brutal convierten a la X100 en una de las mejores de su categoría, sin discusión.

Los 999 euros que cuesta y su singular óptica limitan el público de la Fujifilm FinePix X100 a un nicho muy concreto, siendo muy complicado encontrar rivales directos para un producto que presume de su exclusividad sin pudor. En definitiva una cámara fantástica, que nos hace disfrutar con cada disparo y que invita a ser creativo. Sobresaliente, aunque no apta para todos los públicos.

Fotos | Inma Tagle

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