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Diez cosas interesantes sobre Ío que quizá no sabías

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Júpiter es el planeta más grande del sistema solar y sin duda Ío es una de sus lunas más importantes, aunque también es una de las menos conocidas y es normal, ya que como sabrán algunos de nuestros lectores Europa ha sido el satélite de dicho planeta que ha centrado la mayor atención por parte de medios especializados, y también por parte de los científicos.

Ío es un satélite muy distinto a Europa, tanto que podríamos definir al primero como un mundo compuesto de silicatos y azufre con una importante actividad volcánica, mientras que el segundo es un mundo helado con un enorme océano interior y numerosos géiseres activos.

Esas definiciones son simples, pero nos permiten ilustrar a la perfección las diferencias tan marcadas que existen entre estos dos satélites que comparten planeta. Ambos han sido objeto de diferentes estudios por parte de la comunidad científica, aunque todavía queda mucho camino por recorrer.

Nosotros su momento publicamos este artículo dedicado a Europa, donde encontraréis diez cosas interesantes sobre dicho satélite. Como sabéis nos entusiasma la ciencia y la exploración espacial, así que hoy hemos decidido dedicar un artículo de ese tipo a Ío. Sin más preámbulos empezamos.

1.-Ío es un satélite muy diferente

Es un satélite muy particular. La mayoría de los satélites externos del sistema solar están recubiertos de grandes capas de hielo (su vecino Europa es un claro ejemplo), pero Ío no.

Está compuesto principalmente de silicatos que rodean un núcleo de hierro derretido. Sobre su superficie podemos encontrar azufre, partículas de dióxido de azufre y cenizas rocosas, fruto de la importante actividad volcánica que registra esta luna.

Las partículas de azufre salen despedidas a gran velocidad en forma de plumas volcánicas que llegan hasta los 300 kilómetros de altura, y cuando caen a la superficie se congelan, dando a Ío ese característico color amarillento.

Volcanes en Ío.

2.-Es un mundo volcánico único

Los últimos estudios indican que Ío tiene alrededor de 400 volcanes activos en su superficie, lo que convierte a esta pequeña luna en un auténtico mundo volcánico, ya que es considerado como el más activo de todo el sistema solar.

El volcanismo que se registra este satélite se debe según los expertos al calentamiento de las mareas, considerado como la respuesta de Ío a la disipación de enormes cantidades de energía que provienen de la fricción provocada en el interior del satélite, algo que ocurre por el estiramiento que genera la fuerte atracción gravitatoria de Júpiter y por los efectos gravitacionales menores de los otros satélites que tiene a su alrededor.

Los volcanes de Io están constantemente en erupción, lo que crea auténticas lluvias de plumas de azufre y penachos que se elevan sobre la superficie, así como lagos de lava que cubren vastas áreas del paisaje.

3.-Su atmósfera contiene azufre

Ío tiene una atmósfera muy delgada que está formada principalmente por dióxido de azufre, un gas que como habréis podido imaginar se produce por las emisiones de los más de 400 volcanes que tiene en su superficie. Obvia decir que esto lo convierte en un mundo hostil para la vida.

Los gases de la atmósfera de esta luna escapan al espacio a razón de aproximadamente una tonelada por segundo, lo que significa que sólo se mantiene por la intensa actividad volcánica que se produce en la superficie de Ío.

Una parte de los gases que escapan se ionizan y dan forma a lo que se conoce como el toro de plasma Io, un anillo con partículas cargadas que se produce alrededor del planeta Júpiter.

Disección de Ío, cortesía de Wikipedia.

4.-Registra temperaturas muy bajas

Hemos dicho que Ío tiene una gran actividad volcánica y que cuenta con un núcleo de hierro fundido, pero en su superficie las temperaturas son muy bajas. La media se ha fijado en 163 grados bajo cero.

Esto tiene consecuencias importantes que ya hemos descrito anteriormente, y es que todas las emisiones de sus volcanes acaban congelándose en su superficie y producen efectos verdaderamente únicos. Los dos más significativos son ese color amarillo debido al azufre y también la ausencia de cráteres de impacto visibles.

A efectos comparativos os recordamos que Europa tiene una temperatura media en su superficie de 220 grados bajo cero.

5.-Es un generador eléctrico

La magnetosfera de Júpiter arrastra alrededor de una tonelada de polvo y gas de la superficie de Io cada segundo, lo que genera una interacción entre el material arrastrado y el campo magnético de Júpiter que crea una corriente eléctrica que puede alcanzar los 400.000 voltios y 3 millones de amperios.

El efecto de esta corriente es increíble, ya que infla la magnetosfera de Júpiter hasta superar el doble del tamaño que tendría si no estuviera tan cerca.

Entre los materiales identificados en este proceso se encuentran el azufre ionizado y atómico, oxígeno y cloro, sodio atómico, potasio atómico, dióxido de azufre molecular y azufre, y polvo de cloruro de sodio.

Ío junto a la Luna y la Tierra.

6.-Es la luna más densa del sistema solar

Si hablamos de tamaño Ío no destaca especialmente, ya que en general es solo un poco más grande que nuestra Luna y que Europa, lo que significa que es más pequeña que Ganímedes y que Calisto.

Sin embargo, tiene el honor de ser la luna más densa del sistema solar. Según los últimos datos que manejan los científicos Ío tiene una densidad de 3.5275 g / cm3. Esto se explica por su composición de roca de silicato, que como dijimos envuelve un núcleo fundido de sulfuro de hierro.

Científicos y expertos han confirmado que su densidad es tan alta que resulta comparable a la de los planetas terrestres del sistema solar.

7.-Casi no tiene cráteres de impacto visibles

Es un tema que ya hemos tocado por encima en un punto anterior. A pesar de su naturaleza rocosa en la superficie de Ío apenas se pueden ver pequeños restos de cráteres de impacto, algo muy importante ya que complica la determinación de la edad de esta luna.

Los expertos creen que esa ausencia casi total de cráteres de impacto puede deberse a la actividad volcánica y geológica que continuamente renueva la superficie de la luna, una hipótesis que sin duda duda tiene mucho sentido.

Aunque los expertos no han podido llegar a un consenso sobre la edad de Ío en principio no hay nada que nos lleve a dudar de que su formación debió producirse al mismo tiempo que las otras lunas galileanas

Sin embargo, debido a que Io carece de cráteres, los científicos aún no han llegado a un consenso sobre la edad de la superficie actual de la luna, pero a pesar de esto, no hay razón para creer que Io no se formó al mismo tiempo que los otros cuatro satélites galileanos, algo que ocurrió hace 4.500 millones de años.

Superficie de Ío.

8.-Ío tiene montañas muy elevadas

Es un mundo volcánico, pero la mayoría de las montañas que podemos encontrar en Ío tienen curiosamente un origen no volcánico.

El máximo exponente es Boösaule Montes, la montaña más alta de esta luna (y una de las más altas de todo el sistema solar), que se eleva hasta los 17.000 metros. Es considerada como montaña de origen no volcánico más alta de todo el sistema solar.

En general la altura media de las más de 140 montañas que existen en Ío es de 6.000 metros, y su longitud media es de 157 kilómetros.

9.-La radiación te mataría en un día

Esta luna se encuentra en una nube de plasma de la que ya hemos hablado en el punto tres: el toro de plasma de Ío. Pues bien, Ío rota dentro de la nube de plasma, lo que elimina iones de la luna y genera una radiación enorme.

Para que os hagáis una idea de media la radiación presente en Ío es de unos 3.600 mSv, una cifra que es mil veces mayor a la que haría falta para matar a una persona sin protección.

Esa alta radiación, unida a su actividad volcánica y a la atmósfera rica en azufre, nos permite calificar a Ío de “infierno gélido”,ya que como dijimos su temperatura media es de 163 grados bajo cero.

10.-Tiene un olor terrible

Ya hemos dicho que el azufre tiene una gran presencia en Ío, y esto tiene una consecuencia importante y clara para los expertos: es un satélite apestoso, probablemente el que peor olor tenga de todo el sistema solar.

Según los expertos el olor sería similar al que emiten los huevos podridos. El causante es su delgada atmósfera formada por dióxido de azufre, un gas que se mantiene de forma intensa gracias a la constante renovación que recibe por parte de su elevada actividad volcánica.

Ío es una de las pocas lunas que tiene una atmósfera propia, pero es irrespirable y maloliente.

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