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Spotify y el algoritmo que identifica las emociones

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Spotify y el algoritmo que identifica las emociones

En los últimos meses hemos podido comprobar que Spotify está particularmente activa, probando un sinfín de posibilidades, anunciando nuevas funciones, revisando tarifas… Algunos anuncios, como Spotify HiFi y sus nuevas funciones de monetización de podcasts han generado enormes expectativas, mientras que otros, como las stories, nos dejaron un poco fríos, por no aportar nada realmente interesante al servicio y a la plataforma.

Entre tantas novedades, a principios de año supimos que Spotify había patentado una tecnología capaz de analizar el habla y el sonido de fondo, con el fin de intentar determinar tu estado de ánimo y, en base al mismo, hacerte sugerencia musicales que el sistema considere adecuadas para ese momento. Esto, por si mismo, ya me genera ciertas dudas, y me pregunto si, de cara a la hipotética implantación del mismo, la compañía tendría en cuenta previamente recomendaciones profesionales.

¿De qué estoy hablando? Es muy sencillo. La música puede ser el reflejo de las emociones que experimentamos en un momento dado, es decir, si ahora mismo estoy alegre, pues es posible que explore el catálogo de Spotify para encontrar música que ensalce ese bienestar. Pero, por otra parte, en algunas ocasiones la relación se produce a la inversa, es decir, la música puede llegar a condicionar nuestro estado de ánimo, al igual que lo hacen otros contenidos que consumimos diariamente. Recordemos, por ejemplo, el día que Facebook jugó con nuestras emociones.

Y esto me lleva a plantearme qué efecto puede tener que el algoritmo de Spotify (o el de cualquier otro servicio) detecte que mi estado de ánimo es bajo, y automáticamente empiece a recomendarme el tipo de música que yo (o quizá otros usuarios) escuchan cuando están en horas bajas. Quizá sea un momento de restregarme en mi propia pena, lamerme las heridas y seguir adelante, pero también es posible que si me dejo llevar por una selección musical para mi estado anímico actual, prolongue innecesariamente el malestar.

Y es que no siempre necesitamos el mismo tipo de música para las mismas circunstancias, y en ocasiones ni siquiera necesitamos el estilo de música que normalmente se asocia a nuestro estado actual. Pondré un ejemplo en primera persona: esta noche he dormido regular, así que ahora mismo me encuentro un tanto cansado. ¿Debería Spotify detectar eso y ponerme música para dormir? No, ahora mismo estoy escuchando a Siouxsie & The Banshees, y la siguiente canción será de Iggy Pop.

Y lo mismo para cuando estoy desanimado. No niego que en algún momento caigo, como todo el mundo, en restregarme un poco con la pena, pero por norma general, pasados unos minutos modifico la relación causal que mencionaba anteriormente, me pongo tres o cuatro «pelotazos» (desde Happy Mondays hasta The Asteroids Galaxy Tour, pasando por los Black Eyed Peas) y, por lo tanto, empleo la música para revertir mi estado emocional. Y es ahí donde el algoritmo de Spotify me da un poco de miedo.

Cuando hablaba de asesoría profesional en su implantación lo hago pensando en el efecto que puede tener, para personas que sufren trastornos emocionales, una selección musical «a la carta», confeccionada para su estado de ánimo, es decir, que contenga lo que se suele escuchar en esas circunstancias, puede tener un efecto negativo en esa persona. Si estoy triste, posiblemente no quiera que Spotify me recomiende las Gymnopédies de Satie o el Adagio para cuerda de Barber, porque seguramente no me hagan ningún bien.

Leo hoy, en The Next Web, que un grupo de de más de 180 músicos y organizaciones de derechos humanos pide por carta a Spotify que se comprometa públicamente a no usar, otorgar licencias, vender o monetizar el sistema. ¿Por qué? Porque entiende que esta tecnología puede ser empleada para manipular nuestras emociones. Son varias, en realidad, las razones que citan en la carta, y en general estoy de acuerdo con todas ellas, pero me ha parecido interesante poner el foco en este punto en concreto.

Es cierto que Spotify ha afirmado no tener intención de emplear esta función, pero en tal caso, ¿para qué la han desarrollado? Todavía recuerdo los tiempos en los que Google decía que nunca incluiría publicad en los resultados de las búsquedas, o cuando Facebook decía que era gratis y lo seguiría siendo… Un no hoy puede convertirse en un quizá mañana, o pasado mañana. Y me preocupa bastante ese mañana.

Si me dieran una cana por cada contenido que he escrito relacionado con la tecnología... pues sí, tendría las canas que tengo. Por lo demás, música, fotografía, café, un eReader a reventar y una isla desierta. ¿Te vienes?

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