Conecta con nosotros

A Fondo

Windows 11 cumple cinco años y sigue sin ganar la confianza del usuario

Publicado

el

Windows 11 cumple cinco años

Corría el 24 de junio de 2021 cuando Microsoft anunció Windows 11. Presentación a bombo y platillo para una nueva versión del sistema operativo dominante de los escritorios informáticos de consumo que terminó lanzándose el 5 de octubre de ese mismo año.

Su llegada se produjo en un momento ideal para la industria de la computación, después de que la pandemia del COVID provocara un gran impulso en la venta de PCs y arrastrara el tirón provocado en 2020 por la necesidad de nueva infraestructura cuando tuvimos que encerrarnos en casa para frenar la pandemia. Contando con el inmenso dominio del canal informático, Microsoft lo tenía todo a favor, pero cinco años después de su anuncio, podemos confirmar que los turbios presagios se han cumplido.

Y es que la cadencia de lanzamiento de versiones buenas-malas que acompañan a Windows desde tiempos inmemoriales es bien conocida. Windows 11 tocaba malo y se ha cumplido.

Windows 11 cumple cinco años

Desde su mismo anuncio ya dijimos que la nueva versión parecía un Windows 10.5 tuneado. Aún así, y a primera vista, prometía novedades de interés. Visualmente mostraba cambios relevantes de modernidad, una interfaz de usuario rediseñada con un menú de inicio y una barra de tareas completamente nuevos, menús contextuales renovados, mejoras en los escritorios virtuales o en la función de ajuste de ventanas. Microsoft recuperó los Widgets de Windows, incluyó una nueva versión de Microsoft Store, prometió mejorar la seguridad, añadir compatibilidad oficial con aplicaciones de Android y muchísimo más.

Cargando anuncio...

Fue un espejismo y pronto comprobamos las graves inconsistencias de la interfaz de usuario, y la falta de personalización con decisiones incomprensibles como no poder mover la falta de tareas y un menú de inicio mucho peor que los precedentes. Existe un viejo dicho en informática que puede aplicarse a cualquier ámbito de la vida y que reza «si funciona, no lo toques». Microsoft tocó Windows 10 y el resultado fue una versión mucho peor a la precedente. Se esperaban mejoras rápidas y contundentes como sucedió en Windows 10, pero cinco años después aún estamos esperando.

El resultado es que Windows 11 no ha sido un reemplazo viable para millones de usuarios. Al contrario; por momentos ha sido una pesadilla y la reputación de Windows como plataforma ha caído a niveles de Windows 8. A pesar de ofrecerse gratuitamente, Windows 11 ha tardado la friolera de cuatro años en superar a Windows 10 en cuota de mercado. Y ello a pesar de la estrategia de Microsoft suspendiendo las licencias de Windows o eliminando la entrega de características, cuando no usando actualizaciones forzadas.

El dato de cuota de mercado es una muestra de la mala acogida y de todo lo que falta por hacer para ganar la confianza de los usuarios, actuando en aquellos problemas que han derivado en esta situación y que van más allá de la inconsistencia de la interfaz, lo primero que ve el usuario al arrancar el sistema.

El caos de los requisitos de hardware

Microsoft aumentó los requisitos mínimos de hardware para instalar Windows 11. Si el aumento de memoria RAM y capacidad de almacenamiento era razonable y estaban en línea con lo que ofrecían los ordenadores modernos, la obligatoriedad del TPM y el Secure Boot bajo el argumento de «mejorar la seguridad» fue cuestionable.

Cargando anuncio...

Aunque Microsoft dijo que sería «inflexible» al exigirlos la realidad superó a la ficción y -como dijimos desde el primer día- Windows 11 ha podido instalarse en -casi- cualquier PC actual. Desde el primer momento se lanzaron scripts de terceros capaces de omitir todos los requisitos de hardware, permitiendo la instalación y actualizaciones en PCs físicos no compatibles y también en máquinas virtuales, una limitación adicional que Microsoft impuso cerca del lanzamiento del sistema.

Quizá para evitar que los usuarios rompieran sus sistemas mediante el uso de scripts de terceros no estandarizados o adoptando una postura pragmática viendo que la cuota de Windows 11 no aumentaba, Microsoft terminó por autohackearse describiendo la manera de instalar Windows 11 en equipos no compatibles mediante un simple cambio en el registro.

Un auténtico caos de gestión que ha penalizado el despliegue de Windows y ha dejado fuera a millones de máquinas que funcionaban perfectamente con Windows 10.

Fiabilidad desastrosa

El problema más grave de Windows 11 ha sido su estabilidad. Y viene de lejos. La calidad de software de Windows es deficiente y no ha habido semana que un nuevo fallo se acumulase a la larga lista de errores por solucionar. Hasta en Microsoft admitieron que Windows 11 estaba roto. Una bola de nieve que se alimentó en cada nueva actualización y que habló a las claras de un control de versiones deficiente, cuando no inexistente que en plena etapa de desidia no aprovechó el gran programa de prueba que suponía Windows Insiders.

Cargando anuncio...

Si un parche resolvía problemas anteriores, provoca otros en un círculo vicioso que no parece tener fin. Sea en el desarrollo del mismo sistema operativo o por los de terceros que trabajan para alimentar de aplicaciones o controladores su gigantesco ecosistema, no parece haber manera de lanzar una actualización libre de errores que se repiten de manera aleatoria.

La firma de Redmond ha reducido la entrega de versiones mayores del sistema a una sola versión anual y en los últimos meses, hemos notado que Microsoft está controlando la situación. Solucionar el tema de la fiabilidad es urgentísimo porque de ahí parte todo lo demás.

Más Bloatware, más publicidad

Windows 11 llegó con demasiados anuncios, recomendaciones, sugerencias, avisos, recordatorios, estímulos… Algunos poco disimulados y otros que forman parte de esos patrones oscuros que gusta usar en Microsoft. A ellos se une la cantidad de Bloatware que le acompaña y que parece un problema cronificado en Windows.

La instalación por defecto de Windows 11 se entrega lleno de software basura, aplicaciones y servicios inútiles que penalizan la experiencia del usuario, ocupan recursos de almacenamiento o memoria de manera innecesaria, rebajan el rendimiento y la estabilidad y hasta afectan a la seguridad en los casos más graves.

Cargando anuncio...

Además, Microsoft sigue utilizando el monopolio de Windows como plataforma de lanzamiento para sus aplicaciones y servicios. La estrategia va más allá del Bloatware relegando las soluciones de los rivales que no tienen la ventaja de un ‘Windows’ propio. Los OEM también instalan otra buena cantidad de aplicaciones y servicios, la inmensa mayoría de poca utilidad y entre todos producen un sistema infladísimo sin necesidad salvo para sus cuestiones comerciales y no la de los usuarios. Microsoft y sus socios deben ser conscientes de la necesidad de un Windows sin Bloatware. si quieren recuperar la confianza de los usuarios.

Mal rendimiento

El rendimiento de Windows 11 es otro punto de debate en torno al último sistema operativo de Microsoft. Más lento que Windows 10 en la mayoría de tareas (no digamos ya frente a otros anteriores como Windows 7) parte de la cuestión es lo que veíamos en el punto anterior, la inmensa cantidad de servicios y aplicaciones preinstalados que chupan recursos de manera innecesaria.

Aunque Microsoft ha comenzado por desplegar mejoras puntuales como el ‘perfil de baja latencia’, la situación exige una optimización profunda del código base. Sin ello, no será sencillo mejorar el rendimiento y más en una época actual donde no sobran los recursos por la crisis de semiconductores. Otra opción es lanzar versiones específicas, por ejemplo una para juegos que impulse el modo Xbox en Windows y compita con el SteamOS y la Steam Machine 2 de Valve. No será fácil.

Llega la IA para complicar la situación

Microsoft ha prometido un cambio de rumbo en la estrategia inicial de incluir funciones de IA en Windows 11 tras las críticas de los usuarios en torno al ‘Microslop’. Aún estamos a la espera de ver que la compañía apueste por un ejercicio de inteligencia humana y no de funciones IA que no solamente son innecesarias, sino que ocupan recursos de hardware y gastan miles de horas de desarrollo que deberían dedicarse a mejorar la estabilidad o el rendimiento.

Cargando anuncio...

Este despliegue forzado ha empañado los esfuerzos de Microsoft en torno a la IA y ha provocado un importante rechazo de unos usuarios que no pueden entender cómo el gigante del software se ha centrado en ello cuando la gran prioridad es arreglar los graves problemas del sistema. La situación llegó a su punto álgido cuando el jefe de Windows, Pavan Davuluri, tuiteó que Windows evolucionaría hacia un sistema operativo agente, lo que generó miles de respuestas abrumadoramente negativas que rechazaban el plan.

Microsoft parece haber escuchado, retirando esas integraciones forzadas de IA de baja calidad y funciones intrusivas de Copilot integradas en todo el sistema operativo, que acumulaban más problemas en vez de resolverlos. Es tan sencillo como ofrecer un controlador que elimine o habilite este tipo de funciones. Pero como todo en Windows, no será sencillo.

¿Hay solución cinco años después?

Solo el último año, y después de unas críticas furibundas que avergonzarían a cualquiera, Microsoft ha reaccionado con un programa Windows K2 que debe solucionar los numerosos y graves problemas del sistema operativo. Los usuarios suspiramos por un sistema rápido, ligero y fiable, y ello implica invertir en solucionar los problemas comentados, revisar a fondo la interfaz de usuario; retirar el Bloatware y la publicidad; mejorar el rendimiento; dejar como elementos opcionales todo lo de la IA o impulsar Windows Insider como ayuda en el lanzamiento de actualizaciones.

En definitiva, invertir en mejorar la experiencia y recuperar la confianza de los usuarios. ¿Estamos a tiempo o a estas alturas no hay solución y habrá que esperar al siguiente sistema bueno, presumiblemente Windows 12?

Cargando anuncio...

Editor en MC, MCPRO y MuyCanal. Al día de todas las tecnologías que pueden marcar tendencia en la industria.

Lo más leído