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Análisis

Mazda3 2019, gourmet

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«Todo el mundo puede cocinar» Auguste Gusteau (Ratatouille, 2007)

Doña Manuela echó el mes pasado a un tipo que decía que venía de parte de una guía. Eso lo dijo al final: había comido, había pagado la cuenta, nos confesó su identidad y quiso entrar a la cocina a felicitarla a pesar de que le dijimos que no era una buena idea. A doña Manuela no le gustan los halagos ni las guías así que le pidió que se marchara y que ni se le ocurriera escribir nada de su taberna ni en papel ni en Internet. Ante los balbuceos del pobre inspector («es la primera vez que me pasa» decía) cogió una fregona y le empujó hasta la puerta de malos modos. Intentamos calmarla, recogimos el portafolios del pobre tipo y se lo devolvimos, ya fuera de la puerta, encogiéndonos de hombros: «Doña Manuela es así» le dijimos a modo de explicación. Entonces nos precipitamos a la cocina intentando disimular nuestra expectación. Porque Doña Manuela cuando se enfada es cuando realmente hace magia con sus fogones.

Refunfuñando en gallego cogió las parrochas que había seleccionado en la lonja esa mañana y las limpió en un suspiro, usando un cuchillo que ella misma se ocupada de afilar justo antes de cerrar con una piedra que ya usara su padre. Pronto las cebollas de su propia huerta pochaban en la cazuela sobre un chorro de aceite bien medido y Doña Manuela soltó las tripas de las parrochas para dar sabor al aceite y las retiró enseguida, no sin antes rociar con un vino que hacía un hermano suyo cerca de Valladolid. A esas alturas el olor nos hacía llorar y no precisamente por las cebollas.  «Guias, ¿guías para quién? ¿A quién me quiere traer esa guía? ¡A mi casa!» nadie se interponía entre ella y los fogones mientras los tomates y las patatas pelados por arte de magia se incorporaban al guiso.

Se movía por la cocina como en trance pero sus manos parecían levitar gracilmente, embrujadas, como si supieran qué hacer sin necesidad de ser guiadas. Los aromas al final espolvoreados como invocando magia sobre la cazuela que los recibió con un alegre borboteo. Hierbas de una caja que ella guardaba en el bolsillo de su delantal y que recogía religiosamente todos los domingos por la mañana antes de acercarse a escuchar misa y discutir con padre Antonio hasta que se lo traía a comer a la taberna. Para cuando el plato estuvo a punto el público enmudecido llenaba la cocina. Los que trabajábamos para ella la admirábamos como una platea se vuelca con un intérprete excepcional… porque ella lo era. Nos miró con sorna y dijo «¿traéis pan y probáis esto?» No tuvo que repetirlo.

Ficha técnica del Mazda3

Comer es comer, pero la comida en muchas ocasiones es algo más que comida. Y la comida gourmet no siempre es la que se encuentra en los restaurantes impagables en los que hay que reservar mesa con años de antelación, a veces un chef artesano inspirado en su propia tierra cocinando en un modesto bistró es el que nos proporciona la experiencia más intensa y gratificante. Y esto mismo pasa también en la industria del automóvil con un puñado de fabricantes y Mazda es un ejemplo.

Ya hemos mencionado en otras ocasiones que Mazda no es una empresa de coches cualquiera y que afronta el diseño y fabricación de los mismos de una forma muy particular. Los coches de esta empresa japonesa no los veremos nunca entre los superventas pero basta subirse a uno de ellos para comprender que les guía una filosofía distinta. Buena muestra de ello es lo que se puede ver en su propia página web en la que además de el consabido listado de modelos e historia de la compañía encontraremos varios apartados pero los que nos han llamado la atención son los que aparecen como We are DriversWe are DesignersWe are Engineers.

Espíritu Mazda

En estos apartados podemos ver un poco de ese espíritu Mazda que impregna sus coches y que por encima de todo se debe al placer de conducir aunque no pierda de vista elementos como la eficiencia y la ecología, que precisamente han sido protagonistas en la última generación de motores que, por ejemplo, equipa el nuevo Mazda3 que hemos tenido la suerte de probar.

Estamos hablando de la nueva generación de motores Skyactiv. Nosotros hemos probado el Mazda3 con el motor Skyactiv-G de 122 caballos que gracias a un sistema de hibridación suave consigue la etiqueta ECO de la DGT, con la consiguiente disminución de emisiones. Pero la verdadera estrella será el Skyactiv-X, también de gasolina, que ofrece 180 caballos y un revolucionario sistema de encendido de compresión (el mismo que el de los motores diésel) que esperamos poder probar más adelante.

Una prueba de que los ingenieros de Mazda no van a favor de corriente es que estos motores de hibridación suave suelen llevar un motor de 48 voltios para ayudar al funcionamiento del de combustión. Los ingenieros de Mazda en cambio han adaptado un motor eléctrico de solamente 24 voltios porque para ellos es suficiente. Y los resultados obtenidos tanto en tacto en la conducción, prestaciones, consumos y emisiones  la verdad es que no les quitan la razón, como veremos más adelante.

Motores revolucionarios en el Mazda3

El Skyactiv-G que probamos en el nuevo Mazda3 se queda en 122 caballos y aunque su concepción no es tan revolucionaria como el X también equipa el sistema de hibridación suave y está diseñado para sacar el máximo partido al sistema de combustión. Para conseguirlo, como es tradición en Mazda, no se recurre a un sistema turbo de sobrealimentación sino al aumento del factor de compresión hasta 14 a 1 (comparable al del motor de un deportivo).

Conseguirlo requiere un diseño especial para diversos elementos del motor como el escape, el sistema de inyección multihole o pistones con una cavidad especial en la parte superior para aumentar el flujo de aire y optimizar la combustión. Todo esto, según Mazda, se traduce en un aumento del 15% en eficiencia de combustible y beneficios en el apartado de las emisiones.

Los lápices de Mazda

Si por un lado es de admirar la tecnología que han empaquetado los ingenieros de Mazda en sus nuevos motores, no podemos olvidar que, tal y como reza en su página web, también son diseñadores. Y las líneas del Mazda3 que tuvimos en nuestras manos es un fiel reflejo de ello. Al contemplarlo no se puede evitar sentir que se está ante un coche con diseño italiano por lo agresivas y atractivas de sus líneas. Un coche que llama la atención y del que difícilmente nos cansaremos de su diseño. Es uno de esos coches cuya línea resiste el paso de los años.

Tiene un frontal agresivo con faros muy afilados que apuntan a una gran rejilla de ventilación en color negro y un spoiler delantero debajo de la misma también en color negro que sobresale por la parte delantera. La parte trasera ofrece un parachoques ancho con grupos ópticos diseñados a partir de dos elementos circulares que le dan mucha personalidad. El portón trasero es compacto y el spoiler se coloca muy arriba por la caída suave de la luna. Una doble salida de escape da la necesaria pincelada deportiva al conjunto.

El perfil llama la atención, con un cuidado aerodinámico evidente en las líneas que en algunos puntos provocan los inevitables sacrificios en visibilidad, sin ir más lejos por el gran «pilar C» de la parte posterior, y que viene acompañado por las ondulaciones de la carrocería que refuerzan el carácter de este coche japonés destinado a atraer las miradas. Las llantas de 18 pulgadas que dejan ver las pinzas de freno son la guinda del pastel.

Interior KODO en el Mazda3

En el interior del nuevo Mazda3 sigue la tradición del fabricante japonés de ofrecer buenos acabados y prestar especial atención al puesto de conducción. Nos ha gustado mucho el diseño y colocación de los asientos, en los que como en otros elementos del coche se ha primado la deportividad así que se han colocado cerca del suelo y se han diseñado para que la sujección lateral sea muy buena. No por ello dejan de ser muy cómodos y el tejido de un tacto excelente.

El resto de elementos del puesto de conducción también se han cuidado mucho. El volante de tres radios tiene un diseño vistoso con brazos que se hunden hacia el eje de dirección mientras que la parte central sobresale dándole al conjunto un toque incluso «vintage». Los mandos del volante están diseñados para que su manejo sea cómodo, pero se han agrupado de tal manera que no rompen con la uniformidad del diseño de este elemento. La regulación del volante también se ha mejorado permitiendo un recorrido más largo para ajustarlo a nuestro gusto.

También la zona de indicadores ha sido modificada y siempre con el espíritu que combina deportividad y sencillez. Aparentemente se trata de un conjunto de indicadores clásico con tres esferas que acogen indicadores de aguja del cuentarrevoluciones a la izquierda, velocímetro en el centro y temperatura y volumen de combustible a la derecha.

Pero la esfera del centro es en realidad una pantalla de alta resolución que muestra el velocímetro junto con otra información complementaria como la autonomía, la temperatura exterior o el consumo (indicando además cuándo entra en funcionamiento el motor eléctrico). Esta pantalla es configurable para mostrar la velocidad en cifras pero la verdad es que supone romper la ilusión de estar al volante de un deportivo de los años setenta así que es una configuracion probamos pero que devolvimos rápidamente a su estado original.

Mazda3: sencillez japonesa

El resto de elementos de la parte delantera siguen la filosofía de sencillez de la kilosofía KODO que sirve de inspiración también para la línea de la carrocería. Los acabados de esta versión (Zenith) incluyen además detalles en cuero que resaltan la elegancia del interior. La pantalla de información y entretenimiento es de 7 pulgadas y se encuentra, acertadamente, en la parte superior.

Mazda ha tomado la decisión, como venía haciendo hasta ahora, que ésta no sea táctil para no perturbar la conducción y dispone, también como en modelos anteriores, de un sistema de control con un dial de generoso tamaño y botones de fácil acceso justo tras la palanca de cambios para que no tengamos que mover el brazo para tomar control de las opciones de información y reproducción así como de navegación. El sistema dispone de Android Auto y Apple Car Play.

El sistema se complementa en todas las versiones por un verdadero sistema HUD, que proyecta información directamente sobre el parabrisas. La altura de la proyección se puede ajustar para adaptarla a la altura de los ojos del conductor y ofrece información de velocidad, navegación y otros datos útiles que complementan la que ofrecen los indicadores y la pantalla central.

Aparcamiento asistido

Mención especial merece el sistema de cámaras de aparcamiento que ofrecen una resolución y precisión muy altas. Un elemento por otro lado necesario ya que la visibilidad trasera y lateral son algo limitadas por el diseño de la carrocería. Les acompaña en el modelo que probamos un paquete de ayuda a la conducción muy completo que incluye faros adaptativos, control de crucero con radar, asistente de tráfico, detector de fatiga… Hay que decir que otro de los sistemas, el de frenado de emergencia, tiene una sensibilidad a veces excesiva. Algo a revisar en futuras versiones y actualizaciones.

En general el manejo de todas las funciones está a mano y hay atajos y botones para las funciones más utilizadas. Muy sencillos y discretos los mandos de climatización colocados junto al botón de encendido. En el modelo que probamos se instaló la opción de carga inalámbrica en el compartimento junto a la palanca de cambios. Finalmente para este acabado del Mazda3 se incorpora un excelente sistema de sonido Bose que junto a la cuidada insonorización permite disfrutar desde música clásica hasta el rock más ruidoso sin tener que llegar a los límites del amplificador y sin excesivas vibraciones en los paneles.

El posterior

La parte posterior del coche es algo más sacrificada en acceso por el diseño deportivo de la carrocería. Sin embargo los asientos son muy cómodos y el tacto de la tapicería excelente aunque sorprende que no haya posibilidad de tomas USB ni de salidas de ventilación. Los ocupantes de estas plazas viajan cómodos, aunque un tercero algo sacrificado como es habitual en coches de este tamaño. Sin embargo la visibilidad lateral no es buena, una vez más por el diseño de la carrocería. Sí dispone de reposabrazos centrar reclinable con posavasos.

El maletero tiene un buen acceso, a pesar de que el hueco se encuentra a cierta altura, y una luz interior. Sus 358 litros de capacidad le colocan en la media de los turismos de su tamaño y es suficiente para que viajes y compras no requieran soluciones adicionales. Bajo la tapa del piso del maletero encontraremos el kit antipinchazos y, en nuestro caso, el altavoz de graves (responsable de que el «nessun dorma» de Pavarotti sonara vibrante en el habitáculo).

Pero en Mazda también son conductores así que en la prueba de conducción nos dispusimos a comprobar si Mazda no había traicionado su inspiración deportiva introduciendo un sistema de hibridación suave y otros sistemas para reducir las emisiones y contener el consumo. No debimos dudar. Este Mazda3 transmite desde el principio una predisposición increíble a disfrutarlo conduciendo. Un motor progresivo pero firme en sus aceleraciones, un tacto excelente del cambio, unas suspensiones que parecen leer las condiciones de la carretera manteniéndose firmes en curvas cerradas pero absorbiendo las irregularidades.

¡No hay turbo!

Es notable por cierto que un coche que tiene la clara vocación para un uso más deportivo, con un motor atmosférico que necesita subir de revoluciones para sentirse confortable, tenga un funcionamiento tan suave y relajado cuando lo conducimos con tranquilidad como por ejemplo en trayectos urbanos. Y esta creemos que es la gran aportación del sistema de hibridación suave, más allá de las cifras de consumos y emisiones (que dicho sea de paso son ambas buenas).

Como decimos el funcionamiento en ciudad es impecable, e incluso sorprendente como por ejemplo el sistema de start & stop, llamado i-stop por Mazda, que es el más rápido en arrancar de los que hemos probado. Simplemente no hay ningún tipo de espera entre que pisamos el embrague para arrancar cuando el motor se ha detenido en un semáforo. Es tan natural e inmediato que parece que estamos montados en un coche híbrido tradicional o eléctrico. Y aquí estimamos también que la ayuda del pequeño motor eléctrico de 24V es parcialmente responsable.

En carretera el Mazda3 se disfraza de Mazda y devuelve las sensaciones de conducción al las que estamos acostumbrados aquellos que conocemos el comportamiento de estos coches japoneses. Aunque tenemos que recurrir al cambio frecuentemente el proceso es natural y hasta placentero, recibiendo con alegría ese remontar de la aguja del cuentarrevoluciones al bajar marchas en un adelantamiento o al afrontar una curva comprometida. Las reacciones del coche en terrenos virados con precisas y siempre predecibles.

Suspirando por el X

El único pero que podemos poner al comportamiento de este Mazda es cierta falta de potencia en las recuperaciones o adelantamientos ya que si esos momentos nos pillan bajos de revoluciones nos obligarán a exigir al motor y la reacción aunque rápida no es inmediata. Y teniendo en mente que está a punto de aterrizar la versión de 180 caballos con un motor aún más sofisticado podemos decir que el Skyactiv-G es la decisión más razonable y equilibrada pero el X previsiblemente más recomendable para quien busque sensaciones. Lo veremos.

El consumo del Mazda3 es bastante bajo. Podemos mantener medias por debajo de los seis litros a los cien teniendo cierto cuidado y podemos superar fácilmente los ocho litros si no lo tenemos. Es un motor que requiere cierta adaptación si estamos acostumbrados a mecánicas turbo porque no nos llegará esa entrega de potencia y ese empuje repentino sino que tenemos un funcionamiento más progresivo lo que le da una personalidad única.

Conclusiones

El Mazda 3 es un coche que abandera la propuesta de Mazda para la fabricación de coches menos contaminantes y más ahorradores sin perder un ápice del espíritu deportivo que siempre ha infundido a sus modelos. Aunque hemos probado la versión menos potente de esta apuesta del fabricante japonés, hemos podido comprobar que esta apuesta va en serio y que esta motorización apùnta a ese compromiso.

Pero no todo se ha quedado en diseñar un motor de alta tecnología con características únicas. El Mazda 3 es un coche realmente atractivo a la vista, con unos acabados interiores y una calidad de la tapicería sobresalientes, con sistemas de ayudas a la conducción avanzados y un tacto tanto en conducción tranquila como más deportiva excelente y con mucha personalidad. Un candidato perfecto para quien quiera deportividad adaptada a las exigencias de controlar las emisiones y contener los consumos.

Valoración Final
8.2 NOTA
NOS GUSTA
Motor progresivo y agradable
Excelentes acabados
Diseño deportivo
Consumo contenido
A MEJORAR
Hay que actuar sobre el cambio para conseguir potencia en ciertas situaciones
Falta de visibilidad lateral en plazas traseras
RESUMEN
Mazda muestra cómo puede ser el futuro de coches con carácter deportivo pero respetuosos con el medio ambiente con un diseño espectacular y excelentes acabados y equipamiento
Prestaciones8.5
Diseño9.5
Consumo7
Confort8
Sistema de infoentretenimiento8

 

 

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