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Análisis

Opel Grandland X 180 AT8, un poco más

Publicado el

«Si quiere verme es fácil, no soy transparente» Tom, Muerte entre las flores (1990)

Si me encuentran estoy perdido. Es curioso cómo los acontecimientos se van encadenando hasta descarrilar la vida de una persona. En este caso la mía. Una vida anodina, con un trabajo repetitivo y aburrido hasta provocarme crisis de ansiedad. Esta enfermedad no es solamente para gente estresada, me dijo el psicólogo, también para quien ve que su vida no tiene ningún sentido. Sí, también yo pienso que como psicólogo no se mostró especialmente sensible. De hecho en las sesiones prácticamente no me miraba a la cara. Por eso dejé de ir. Tampoco me llamó nadie para preguntarme por qué no iba. De todas formas siempre había sido invisible. En mi empresa, en mi edificio, en el autobús, en las reuniones familiares, en la cola del supermercado…

También dejé la medicación. Al principio he de decir que me sentaba bien, me sentía en paz. Pero a los pocos días me di cuenta que no era yo. Y desde que dejé las pastillas empezó a crecer mi ira. Hasta que un día arrojé el sofá de mi casa por la ventana. No recuerdo que fue lo que me irritó. Tampoco recuerdo cómo levanté el sofá y atravesé el cristal. No me costó mucho esfuerzo. Ni siquiera me asomé a pesar de los gritos que venían de la calle. Y cuando me enteré de que había matado al perro del traficante del barrio simplemente me fui. Creo que dejé la nevera abierta. Lo que es seguro es que si me encuentran soy hombre muerto. Pero la verdad es que no es que me importe demasiado…

Mover la masa de un SUV o todoterreno así como vencer la resistencia aerodinámica de una carrocería menos eficiente hace que las motorizaciones de este tipo de coches sean más potentes. Eso si queremos unas prestaciones comparables a las de un turismo, sobre todo si hablamos de modelos de cierto tamaño, como el Opel Grandland X que hemos tenido ocasión de probar por segunda vez.

Ficha técnica del Opel Grandland X 180 AT8

En la prueba original el Grandland disponía de un motor de gasolina de 130 caballos con una cilindrada pequeña. Un caballaje suficiente para desenvolverse en ciudad y hacer rutas poco exigentes, pero desde luego nada que nos pueda proporcionar sensaciones en rutas algo más comprometidas… y divertidas.

Visitar de nuevo

Por eso hemos querido visitar una vez más este modelo alemán con un motor más potente, 180 caballos en esta ocasión diésel controlados por un cambio automático de convertidor de par y una cifra de par máximo realmente respetable: 400 Nm. Un motor de 2.0 litros de cilindrada potenciado con turbocompresor que permite a esta versión alcanzar los 211 kilómetros por hora.

El diseño de esta versión es idéntica al modelo que probamos anteriormente, aunque en este caso el diseño bicolor luce más con la combinación rojo y negro, además de proporcionarle un aspecto más deportivo. Las llantas tienen un aire parecido aunque el diseño es distinto y también sustentan ese aire racing que le sienta muy bien al Grandland.

Como ya comentamos en la prueba anterior, Opel ha optado por un diseño más conservador en el interior que el que luce su «primo» el 3008 de Peugeot. La única diferencia en este caso es el selector de marchas del cambio automático en lugar de la palanca de cambios para el sistema manual que lucía el Grandland de gasolina.

Opel Grandland X 180 AT8: Amplitud

Como ya comentamos en la prueba anterior se trata de un coche amplio y cómodo dentro, con una buena anchura en la parte trasera que proporciona espacio suficiente para tres personas, algo no tan habitual como lo que se pudiera pensar incluso para SUV de cierto tamaño. Los acabados algo menos refinados ya que se muestra más sobrio que lujoso.

Encontramos también soluciones prácticas interesantes como el espacio para el teléfono móvil con carga inalámbrica en el reposabrazos sujeto por bandas elásticas o los huecos portaobjetos de varios tamaños en distintos lugares del interior del coche. Cómodos los asientos y bien resuelto el reposabrazos central que admite distintas posiciones.

El maletero es muy amplio con 515 litros de capacidad y también ofrece soluciones prácticas como dos espacios laterales separados para pequeños objetos o el reposabrazos central de las plazas traseras que puede abatirse para lograr un hueco que permite transportar objetos largos como esquíes sin necesidad de abatir los asientos por completo.

El motor

Pero la parte que distingue esta versión del Grandland es por supuesto el motor. No solamente por la potencia del mismo, ya que pasamos de 130 caballos a 180, sino por la gran diferencia en la cifra de par y de que se trata de un tetracilíndrico de gas oil en vez de un tricilíndrico de gasolina como el que probamos originalmente.

La primera diferencia es el ruido. El pequeño motor de tres cilindros de gasolina apenas se hacía notar mientras que sin ser demasiado ruidoso el diésel sí que se escucha, sobre todo en frío. Hay que decir que el aislamiento acústico es bueno, incluso con el ruido aerodinámico que suele ser alto en coches con carrocería SUV.

Las primeras sensaciones de conducción son muy agradables, el coche tira con decisión a cualquier régimen de revoluciones y el cambio automático nos ha parecido muy suave en su funcionamiento, lo que por otro lado hace que no tenga un tacto demasiado deportivo ya que la velocidad de cambio no es alta y no apura demasiado las revoluciones antes de pasar a una marcha superior.

Más cómodo

El resultado es un confort de marcha superior al que se consigue con el motor de 130 de gasolina. En carreteras viradas la sobriedad del cambio hace que no se salga de las curvas con demasiada potencia sino más bien con un empuje suave y decidido, agradable y seguro pero sin sensaciones deportivas (que suponemos que en cualquier caso no se buscaban).

Una de las ventajas de la importante cifra de par del motor es al sacar al coche del asfalto, ya que es posible salir de situaciones difíciles de forma sencilla. Aunque no dispone de tracción integral el sistema de control de la adherencia consigue buenos resultados en carreteras sin asfaltar e incluso en tramos fuera de pista que no sean demasiado comprometidos. No es su terreno natural y se nota, pero nos podemos permitir alguna excursión sin miedo.

Conclusiones

El poder comparar las dos motorizaciones del Opel Grandland nos ha permitido experimentar dos personalidades de este modelo bien distintas. La versión de gasolina disponía de un tres cilindros sobrio y voluntarioso que además era bastante austero en consumos. La versión de 180 caballos diésel es potente y con un par motor importante que permite una versatilidad más amplia.

Aunque si llevamos una conducción alegre el consumo sube, lo cierto es que si vamos tranquilos este alemán se conforma con gastar sobre los seis litros en carretera. En cualquier caso para un uso más amplio y disfrutar más de la carretera esta versión tiene mucho sentido. Si queremos algo más austero pero resultón el motor de gasolina es suficiente.

Valoración final
7.8 NOTA
NOS GUSTA
Gran espacio interior
Buen motor y cambio automático
Gran maletero
A MEJORAR
Cambio automático poco deportivo
Consumos algo elevados si se exige al motor para ser un diésel
RESUMEN
Con respecto al otro Granland se trata de una versión más versátil y como más posibilidades fuera del asfalto por su motor.
Prestaciones8
Diseño7.5
Consumo7
Confort8.5
Sistema de infoentretenimiento8

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