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Apple Card no puede llevarse en pantalones ni billeteras ¿iCartera en camino?

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Apple Card

Apple Card es una tarjeta de débito que la firma de Cupertino ha añadido a su ecosistema de pagos con el objetivo de convertirse en una de las mayores fintech del mundo. Un servicio «estilo Apple» con todo lo que ello implica en experiencia de usuario e integración dentro de su ecosistema, Apple Pay, Touch ID, Apple Face ID, iTunes o Appstore, incluidos.

La tarjeta es gratuita, devuelve un porcentaje de cada compra (hasta el 3%) y promete completa seguridad y privacidad con cifrado de extremo a extremo y autenticación mediante Touch ID o Face ID. Su comodidad de uso es cuestionable, ya que cada Apple Card está ligada a un dispositivo único que almacenará la información de la tarjeta de manera segura, pero que nos obligará a llevarlo en cada compra. Se espera que en el futuro amplíe posibilidades como la de facilitar la financiación u otras.

No, Apple no es un banco, al menos todavía, y para la ocasión, se ha asociado con Mastercard y Goldman Sachs, la financiera más «odiada» de Wall Street, aunque esa es otra historia.

Apple Card: tan bonita, como delicada

Apple Card fue presentada en marzo en la conferencia centrada en servicios más importante de la historia de la compañía, confirmando lo que algunos medios habíamos adelantando como la reinvención de Apple en empresa de servicios. Apuesta entendible teniendo en cuenta la base instalada de centenares de millones de dispositivos; con la tienda de aplicaciones más rentable del planeta y la necesidad de compensar el estancamiento de ingresos por venta de hardware.

Llega Apple Card. Esta semana se ha estrenado en Estados Unidos y en su lanzamiento se está hablando más de su diseño y «delicadeza» que de su propio funcionamiento y lo que significa que la mayor tecnológica mundial entre con fuerza en Fintech con una tarjeta propia y servicios financieros físicos y virtuales.

Apple Card

Apple Card está realizada en titanio con un acabado en color blanco, que como todo lo de Apple, fue diseñada para destacar frente a otras tarjetas de crédito desde su propio diseño. El problema ha llegado de una información de la misma Apple sobre cómo «almacenar y transportar de manera segura tu Apple Card». Si hay que hacer un «manual» para una tarjeta, mal vamos.

No es la primera vez que Apple ha sido criticada por fabricar productos estéticamente agradables, pero que se dañan fácilmente en el uso diario. La guía advierte que almacenar la tarjeta con otras tarjetas de crédito puede rayarla y dañarla. Tampoco se puede llevar en los pantalones o cruzarla con llaves o meterla en una billetera de cuero porque ese blanco impoluto que presenta se decolorará de manera permanente. 

No hay fecha para lanzamiento fuera de Estados Unidos. A lo mejor, para entonces, Apple venda una iCartera para solventar el problema. Y un paño de microfibra ligeramente humedecido en agua o alcohol isopropílico marca Apple, que es lo que recomienda para su limpieza y «no limpiadores de ventanas o domésticos, aire comprimido, aerosoles, solventes, amoníaco o abrasivos para limpiar su tarjeta Apple de titanio». 

Puedes imaginar que las bromas sobre la tarjeta se han acumulado en Internet… Más allá de ello, si fuera un banco tradicional estaría preocupado: Apple entra con fuerza en Fintech con tarjeta propia y servicios financieros físicos y virtuales.

Editor en MC, MCPRO y MuyCanal. Al día de todas las tecnologías que pueden marcar tendencia en la industria.

3 comentarios
  • Leonmafioso

    Vamos, que solo es una basura linda para fardar.

  • Roposketch

    Podrían haberla hecho de aluminio y esperar que lo peor fuese que la doblaran, pero que se ponga fea por decirle la hora es patético.

  • Hartower

    ¿No es querer complicar las cosas hacer depender el sistema de pago en dos sistemas complementarios? Por un lado el sistema de pago y la tarjeta en sí y por otro el móvil que almacena la información. Vamos, que si por lo que sea el móvil no funciona, no hay forma de pagar.

    Y bueno, no se quien diseñó la tarjeta pero creo que pensó que ningún jefe sería tan tonto de sacar un cacho de metal pintado para llevar en el bolsillo, y no quiero ser yo el pobre cajero que se le caiga la tarjeta del cliente y le haga un arañazo o le salte la pintura.

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