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Cinco consejos para maximizar el rendimiento de tu GPU integrada

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El rendimiento de una GPU integrada es inferior, en la mayoría de los casos, al de una GPU dedicada, eso no admite discusión. Sin embargo, con el paso de los años la situación ha mejorado de forma notable, tanto que hoy en día podemos disfrutar de una buena experiencia incluso en juegos no demasiado exigentes con dicho tipo de soluciones gráficas.

Lo primero que determina el rendimiento de una GPU integrada es, como no, su arquitectura y su configuración interna. Por ejemplo, una solución de última generación, como la Radeon Vega 11, que cuenta con 704 shaders, rendirá mejor que una Radeon Vega 3, equipada con 192 shaders. Lo mismo aplica a las soluciones integradas de Intel, la familia HD y, dentro de la misma, la línea Iris Pro, donde un modelo con más unidades de ejecución rendirá mejor que otro con menos unidades de ejecución, siempre que ambas utilicen la misma arquitectura.

Es importante tener esto claro porque nos da la base que necesitamos para entender las particularidades de una GPU integrada. Como ocurre con las GPUs dedicadas la configuración del núcleo gráfico determina, junto con la arquitectura y las frecuencias de trabajo, el rendimiento que será capaz de ofrecer. Los modelos con mayor conteo de shaders serán más potentes, siempre que las frecuencias de trabajo y la arquitectura acompañen.

Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre con las GPUs dedicadas, las soluciones integradas carecen de un subsistema de memoria propio. Por ejemplo, una GTX 1050 tiene un bus de 128 bits y monta 2 GB de memoria GDDR5 a 7 GHz, a la que puede acceder directamente. Dicha memoria es exclusiva para la GPU dedicada.

Cuando utilizamos una GPU integrada la situación cambia por completo. Este tipo de soluciones no cuentan con ese subsistema de memoria, y no tienen una cantidad fija de memoria gráfica integrada, lo que les obliga a recurrir a la memoria RAM del sistema y tomar «prestados» algunos gigabytes. Esto tiene consecuencias muy importantes:

  • El ancho de banda se determina por el bus de memoria del sistema y la velocidad de la RAM.
  • Una parte de la RAM se dedica a uso exclusivo de la GPU integrada, lo que puede hacer que algunas aplicaciones no funcionen adecuadamente a pesar de que, en teoría, tenemos RAM suficiente. Por ejemplo, si contamos con 8 GB de RAM y ejecutamos un juego que requiere dicha cifra, pero utilizamos una GPU integrada que consume 2 GB de RAM como memoria gráfica. En ese caso solo tendríamos libres 6 GB de RAM, que serían utilizados como memoria del sistema, es decir, quedaríamos por debajo de esos 8 GB.
  • La memoria RAM es más lenta que la memoria gráfica convencional, lo que puede llegar a limitar de forma considerable el rendimiento de la GPU integrada. Por ejemplo, incluso con módulos de DDR4 de alto rendimiento solo llegaríamos hasta los 3.200 MHz sin tener que hacer un gasto enorme, mientras que la memoria GDDR5 funciona sin problemas a 7 u 8 GHz.

Todo esto hace que la configuración de memoria RAM que tengamos en nuestro equipo pueda afectar de forma considerable al rendimiento real de la GPU integrada. A esto se unen otras claves, como el modo de energía que utilicemos, los drivers y otras cosas que vamos a ver a continuación, y que, aplicadas en conjunto, os ayudarán a mejorar el rendimiento de vuestra GPU integrada.

Tened en cuenta que si partimos de una GPU integrada muy poco potente no debemos esperar ningún milagro, pero en algunos casos la diferencia puede ser muy grande, especialmente en modelos Radeon Vega de AMD y en las series Intel Iris Pro.

1.-GPU integrada y memoria RAM

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Ya sabemos por qué es tan importante la configuración de memoria RAM a la hora de maximizar el rendimiento de una GPU integrada. Para que esta pueda desarrollar todo su potencial y hacer que no se vea lastrada en ningún momento debemos contar con:

  • RAM en doble canal: utilizar dos módulos de RAM en doble canal dobla el bus de datos, ya que pasa de 64 bits a 128 bits. La diferencia es enorme, tanto que una Radeon Vega 11 puede llegar a doblar su rendimiento en juegos.
  • Alta frecuencia de trabajo: contar con una memoria más rápida eleva el ancho de banda y permite mejorar el rendimiento, aunque a partir de un determinado umbral la diferencia de rendimiento y el incremento de precio deja de compensar. Deberíamos movernos en la franja de los 2.666 MHz-3.200 MHz.
  • Más memoria de la que necesitas: es importante porque, como hemos dicho, una parte de la RAM se utilizará como memoria gráfica al ejecutar aplicaciones intensivas. Si vamos a jugar con una GPU integrada contar con 8 GB no será suficiente para una experiencia óptima por lo que hemos explicado en el ejemplo anterior. Deberíamos tener, al menos, 12 GB de memoria.

En las GPUs integradas Intel el impacto de la configuración de la memoria también es muy grande, pero al ser soluciones menos potentes no siempre llega a ser suficiente para pasar de un nivel «injugable» a uno jugable.

2.-La importancia de los drivers

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Sé que es todo un clásico, pero su impacto ha demostrado ser tan grande que no podemos dejar de recordarlo. Tanto Intel como AMD lanzan actualizaciones de drivers de forma periódica que mejoran el rendimiento de sus principales GPUs con juegos concretos, y sus soluciones integradas no se suelen quedar fuera de esas mejoras.

Las optimizaciones y los ajustes que se introducen a nivel de drivers pueden complementarse con otros ajustes menores que permiten, en algunos casos, «rascar» unos pocos FPS sin coste. Obvia decir que cuando nos movemos en la franja de los 20-30 FPS unos cuantos fotogramas por segundo pueden marcar la diferencia entre un pase de diapositivas y una experiencia aceptable.

En el caso de AMD las mejoras que ha recibido su arquitectura GCN a través de los sucesivos drivers que han llegado en los últimos meses han sido tan grandes que no instalarlos equivale a renunciar a un impulso gratuito de rendimiento. Nunca subestiméis las mejoras que puede aportar un nuevo driver.

Intel también ha mejorado mucho sus drivers, y ha dado forma a algunas optimizaciones interesantes en títulos concretos, así que si lleváis mucho tiempo sin actualizar los controladores de vuestra GPU integrada ya sabéis, tenéis una cita con la web oficial del fabricante para descargar la última versión compatible.

3.-El modo de energía utilizado

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Tiene un impacto mucho más grande de lo que podamos pensar a simple vista. Como muchos de nuestros lectores ya sabrán el modo de energía utilizado en Windows 10 puede variar entre tres modelos tipo: bajo consumo, equilibrado y alto rendimiento.

Cuando utilizamos una GPU integrada con el modo de bajo consumo activado sus frecuencias de trabajo pueden reducirse en gran medida, lo que equivale a una pérdida de rendimiento importante. Para evitar que esto ocurra solo tenemos que seleccionar el plan de alto rendimiento.

Dicho plan afectará al consumo energético y puede reducir de forma drástica la autonomía en equipos portátiles, pero la GPU integrada, y el resto de componentes del PC, no se verán constreñidos por las limitaciones de energía y podrán trabajar a toda potencia.

Si tenéis dudas sobre cómo habilitar el plan de energía de máximo rendimiento en Windows 10 solo tenéis que seguir los pasos que os dimos en este tutorial.

4.-Overclock dentro de unos niveles seguros

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Otra forma de conseguir un poco más de rendimiento es a través del overclock. En el caso de la GPU integrada las limitaciones suelen ser más marcadas que en el caso de las GPUs dedicadas, pero esto no quiere decir que sea imposible, y la mejora puede ser suficiente, en algunos casos, para marcar la diferencia entre jugable y no jugable.

Bien, tenemos dos posibilidades que deberíamos utilizar en conjunto, overclockear la GPU integrada y también la memoria RAM, siempre que esto último sea posible. Entiendo que es algo que puede intimidar a los usuarios menos expertos, por eso he dejado este consejo para el final, pero lo cierto es que gracias a la herramienta Ryzen Master es más fácil y más seguro que nunca.

Dicha herramienta nos permite ajustar en unos pocos clics la velocidad de la GPU integrada y el voltaje de la misma. Gracias a su intuitiva interfaz podremos ir elevando poco a poco la frecuencia de trabajo y hacer pruebas de estabilidad y de temperatura para ver cuándo hemos llegado al techo de nuestro equipo.

Por ejemplo, podemos realizar incrementos de 25 MHz y probar la estabilidad y las temperaturas de trabajo. Cuando lleguemos a un nivel en el que empecemos a notar el más mínimo problema reducimos un poco el overclock y listo.

En el caso de las GPUs integradas Intel podemos hacer overclock también sin demasiado esfuerzo, gracias a la herramienta Intel Extreme Tuning. El patrón a seguir debería ser el mismo que hemos indicado, aunque si metéis la pata e introducís un valor demasiado alto e inestable no os preocupéis, el equipo se reiniciará y todo volverá a la configuración por defecto.

5.-Configuraciones personalizadas

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Es una cuestión compleja, ya que implica conocer las propias limitaciones de nuestra GPU integrada y los drivers de cada fabricante, pero puede ayudarnos a mejorar el rendimiento a costa de ciertos sacrificios en calidad gráfica.

Tanto Intel como AMD integran en los paneles de control de los drivers para sus GPUs integradas secciones en las que podemos personalizar la configuración de las aplicaciones 3D. NVIDIA también cuenta con un panel de control de este tipo, pero la compañía no comercializa GPUs integradas desde hace tiempo, y por ello la estamos omitiendo en este artículo.

En el caso de Intel podemos encontrar, por ejemplo, opciones interesantes, como por ejemplo el modo «optimizado», que activa mejoras en juegos concretos para impulsar el rendimiento, y los ajustes genéricos que nos permitirán seleccionar entre cuatro modos distintos: rendimiento, equilibrado, calidad de imagen y «personalizado».

AMD ofrece también múltiples opciones en el panel de control de su Radeon Software, donde podremos encontrar diversos ajustes relacionados con la calidad del suavizado de bordes, el filtrado anisotrópico y más. Reducirlos afectará a la calidad gráfica, pero mejorará el rendimiento.

Editor de la publicación on-line líder en audiencia dentro de la información tecnológica para profesionales. Al día de todas las tecnologías que pueden marcar tendencia en la industria.

6 comentarios
  • Arguelles 1984

    En el párrafo donde inicia con la siguiente frase: «Cuando utilizamos una GPU dedicada la situación cambia por completo».

    Creo que quisieron decir «Cuando utilizamos una GPU integrada…» debido a lo que se explica dentro del mismo párrafo se está refiriendo al uso de la GPU integrada.

  • Eduardo

    Pequeño fallo, pero creo que de igual forma se entiende muy bien…. de seguro en cualquier momento @Isidro Ros lo corrige…

  • Land-of-Mordor

    «…Alta frecuencia de trabajo: contar con una memoria más rápida eleva el ancho de banda y permite mejorar el rendimiento, aunque a partir de un determinado umbral la diferencia de rendimiento y el incremento de precio deja de compensar…»

    Esa frecuencia alta tiene que venir de la mano de una latencia acorde para que el rendimiento aumente. De nada sirve aumentar la frecuencia si al final optamos por unas memorias que vienen penalizadas por su latencia. (Los números son a boleo) Pasar de unas memorias DDR4 a 2666 Mhz y CL13 a DDR4 2933 Mhz y CL17 puede no llegar a compensar dado que lo que se gana en frecuencia se pierde en latencia de acceso.

  • Isidro Ros

    He preferido poner un enlace a nuestra guía sobre memoria RAM que recoge toda la información sobre dicho componente, latencias incluidas :).

    Está en el párrafo:

    «Ya sabemos por qué es tan importante la configuración de memoria RAM »

    Gracias igualmente por tu aporte. Saludos.

  • Isidro Ros

    En efecto, me refiero a eso, gracias por el aviso :).

    Saludos.

  • Isidro Ros

    Corregido, gracias por el aviso a ti también!

    Saludos.

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