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Bitcoin: menos verde que nunca

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Bitcoin: menos verde que nunca

Una de las críticas más comunes hacia Bitcoin y otras muchas criptomonedas es, como ya sabrás, que no es una tecnología especialmente respetuosa con el medio ambiente. A medida que las cadenas de bloques van creciendo en tamaño y que se incrementa la capacidad de cómputo para gestionarlas y para minar criptomonedas, el consumo eléctrico necesario para dichas operaciones se incrementa sustancialmente.

Esto ha dado lugar a que se busquen alternativas más eficientes, en lo referido al gasto-consumo de electricidad y recursos que van asociados a las criptomonedas, y ya hay algunas iniciativas en las que los sistemas de prueba tienen un impacto menor en este sentido. Sin embargo, en esos casos hablamos de nuevas criptomonedas, o de otras que ya tienen desde hace tiempo este tipo de cambios en su agenda. No es el caso de Bitcoin, que por su naturaleza parece condenada a ser cada día más exigente en este sentido, hasta que llegue un momento en el que, de mantenerse este incremento, pase a ser algo insostenible.

Una vía para intentar mitigar el impacto de Bitcoin en este punto es, claro, buscar que la gran mayoría de la electricidad consumida para las operaciones de minería tenga su origen en fuentes no contaminantes, para que aún con esos consumos tan elevados, no termine por convertirse en una importante causa de contaminación. Y aunque en los últimos tiempos hemos escuchado hablar de algunas iniciativas en este sentido, no parece que la situación haya mejorado.

Más bien, y a tenor de un estudio publicado en Joule, la tendencia sería justo la contraria, con un descenso muy acusado de la cantidad de energía «verde» empleada alrededor de Bitcoin. Y aunque más de uno se sorprenderá, la principal razón de ello la encontramos en las políticas llevadas a cabo por China para acabar con la minería de Bitcoin en algunas de las regiones del país, más concretamente en aquellas en las que la electricidad es más barata.

Bitcoin: menos verde que nunca

Como ya te contamos en su momento, la minería de Bitcoin estaba poniendo en peligro los objetivos de emisiones de CO2 planteados por el gigante asiático, ya que las macrogranjas que proliferaron en el país agotaban la producción de las instalaciones hidroeléctricas, obligando a los operadores de las eléctricas a recurrir a otras fuentes, principalmente el carbón, para sostener el volumen de demanda de dichas regiones. Dicho de otra manera, la minería de Bitcoin en China se sostenía, de una manera importante, en electricidad de origen «verde».

Sin embargo, con la expulsión de facto de las granjas de Bitcoin de China, sus responsables han buscado otras regiones del mundo en el que el precio de la electricidad que necesitan para las granjas haga que estas instalaciones sigan siendo rentables, y eso por no hablar de lugares en los que se propicia su llegada con exenciones fiscales y medidas similares. Una diáspora que ha tenido destinos tan antagónicos como Estados Unidos y Kazajistán.

En concreto, el traslado de granjas de minería de Bitcoin de China a Estados Unidos, incentivado por estados como Kentucky que han ofrecido ventajas fiscales, ha provocado que se incremente el consumo de electricidad cuyo origen no son las fuentes renovables, sino las contaminantes, principalmente el carbón. Y lo mismo ocurre con Kazajistán, con una electricidad bastante barata, pero que se sostiene de una manera importante en el carbón.

Así, según este estudio, el impacto de la relocalización de las granjas de Bitcoin de China habría provocado una bajada más que sustancial, pues del 41,6% de energía verde empleada hasta ese momento, se descendió hasta el 25,1%. Una caída de más de 15 puntos que, en base a los cálculos de los investigadores, nos indica que en la actualidad las emisiones generadas por Bitcoin superan a las de Grecia, con 65,4 megatoneladas de dióxido de carbono al año de Bitcoin frente a las 56,6 megatoneladas de emisiones de dióxido de carbono de Grecia en 2019

Otra comparación muy interesante es la de la huella de carbono que genera cada transacción con Bitcoin, y que el estudio cifra en alrededor de 669 kilogramos de dióxido de carbono, un cantidad equiparable a la de un vuelo transoceánico de ida y vuelta, por ejemplo entre Londres y Nueva York, cuya huella se calcula en unos 670 kilos por pasajero.

Si me dieran una cana por cada contenido que he escrito relacionado con la tecnología... pues sí, tendría las canas que tengo. Por lo demás, música, fotografía, café, un eReader a reventar y una isla desierta. ¿Te vienes?

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