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Apple ha dado la razón a Intel: Alder Lake-S es un paso la dirección correcta

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La presentación del SoC Apple M1 marcó un adiós definitivo a Intel, pero al mismo tiempo hay que reconocer que ha sido un importante reconocimiento para la arquitectura Alder Lake-S del gigante del chip, cuyo lanzamiento está previsto para algún momento de 2022 o de 2023.

Los que nos leéis a diario ya sabéis que Intel lleva un tiempo experimentando con diferentes tipos de encapsulado y combinando arquitecturas distintas. Estos «experimentos» fructificaron en la arquitectura Lakefield, que ha dado forma a una generación de procesadores x86 con la estructura big.LITTLE que tantos años lleva funcionando en el sector móvil. Su configuración parte del apilado en 3D que vimos al hablar de Foveros, y cuenta con un núcleo de alto rendimiento Core (Sunny Cove) y cuatro núcleos Atom (Tremont), acompañados de una GPU Intel Gen11.

Esa misma idea es la que Apple ha utilizado en el SoC Apple M1, y es la que Intel piensa utilizar en su arquitectura Alder Lake-S. El nuevo chip de la compañía de la manzana utiliza una CPU dividida en dos bloques de núcleos, uno con cuatro núcleos de alto rendimiento y otro con cuatro núcleos de alta eficiencia. Intel seguirá esa base con Alder Lake-S, es decir, integrará una CPU dividida en dos bloques con núcleos Core de alto rendimiento y núcleos Atom de alta eficiencia, pero siguiendo patrones diversos.

Según las últimas informaciones que he tenido la oportunidad de ver, Intel integrará un máximo de 8 núcleos de alto rendimiento y 8 núcleos de alta eficiencia, una configuración que le permitirá crear diferentes CPUs con las que cubrir prácticamente cualquier sector, gama y nivel dentro del mercado de consumo general. Como vimos en este artículo, la CPU Alder Lake-S más básica podría contar solo con dos núcleos de alto rendimiento, mientras que las versiones intermedias podrían contar con seis núcleos de alto rendimiento y seis núcleos de bajo consumo, o con cuatro núcleos de alto rendimiento y ocho núcleos de bajo consumo.

Alder Lake-S

Alder Lake-S y el diseño big.LITTLE: ¿por qué es el camino a seguir?

Creo que es la pregunta más importante que debemos hacernos tras la presentación de ayer. El SoC Apple M1 no es un chip para smartphones, es un silicio muy potente que define la línea que seguirá la compañía de la manzana a nivel de ingeniería de cara al futuro de sus equipos Mac. Hemos dicho algo muy importante de una manera muy sencilla, y es que, en definitiva, el diseño big.LITTLE es el futuro de los Mac en todas sus variantes.

Si big.LITTLE puede ser el futuro de la serie Mac, ¿por qué no puede ser el futuro del PC? Cuando se empezó a filtrar información sobre los procesadores Alder Lake-S muchos, entre los que me incluyo, tuvimos serias dudas, pero debo reconocer que estuvieron motivadas, en parte, por todos los problemas que estaba teniendo el gigante del chip para completar la transición al proceso de 10 nm. Esos problemas nos hicieron pensar que Intel había buscado una salida fácil, y que por ello había recurrido a un diseño big.LITTLE, pero creo que no lo habíamos enfocado con el prisma adecuado.

En sentido estricto, sí, para un usuario que quiera un PC de alto rendimiento para trabajar con aplicaciones exigentes que sean capaces de paralelizar una alta carga de trabajo en muchos hilos un procesador que solo cuente con núcleos de alto rendimiento es, sin duda, la mejor opción. Sin embargo, para un usuario más «mundano», que quiera disfrutar de juegos y aplicaciones relativamente exigentes, un chip big.LITTLE es una excelente opción. Os contamos por qué:

  • La división en dos bloques de núcleos se traduce en una marcada especialización, y permite dividir de forma inteligente distintas cargas de trabajo.
  • Se consigue una mejor gestión en términos de consumo (eficiencia) y se equilibran los valores térmicos (temperaturas) en función de las tareas que queramos sacar adelante.
  • El sistema dispone de una mayor versatilidad y puede afinar a la perfección, y en tiempo real, la distribución de todas las cargas de trabajo.
  • Al reducir el consumo mejoraría la autonomía, y sin tener que renunciar por ello a un alto nivel de rendimiento. Ya no tendrías que elegir entre un equipo con una CPU potente y una baja autonomía o una CPU de bajo consumo con un rendimiento inferior, tendrías lo mejor de los dos mundos en un solo chip.

Alder Lake-S

La optimización se mantendría como un desafío importante

Bien, ahora vamos a trasladar todo eso a un PC con Windows 10. Dicho sistema operativo ya ha demostrado que puede gestionar sin problemas la distribución de diferentes cargas de trabajo entre los núcleos de un procesador Lakefield, así que no debería tener dificultades para hacer lo propio con los núcleos de un chip Alder Lake-S.

Un procesador x86 con estructura big.LITTLE sería perfectamente funcional en Windows 10, y como hemos dicho permitiría al usuario disfrutar de las ventajas que ofrecen los procesadores de alto rendimiento y los de bajo consumo, ya que ambos mundos se integrarían en un solo chip. A la hora de repartir la carga de trabajo, las tareas más ligeras se centralizarían en los núcleos de bajo consumo, y los núcleos de alto rendimiento solo se activarían cuando fuese estrictamente necesario.

Imagina, por ejemplo, que arrancas Windows 10 en un PC con un procesador Alder Lake-S con estructura big.LITTLE. Todos los aspectos básicos del sistema operativo, incluyendo la navegación web, la ejecución de tareas sencillas, la visualización de contenidos multimedia y demás se realizaría de forma constante sobre los núcleos de bajo consumo, pero si decides iniciar una tarea compleja, como ejecutar un juego, por ejemplo, esta se derivará a los núcleos de alto rendimiento.

Os recuerdo que esos dos bloques de núcleos podrían trabajar de forma simultánea en caso de que fuese necesario para sacar adelante altas cargas de trabajo. Creo que es, este escenario, donde se plantearía el problema más grande a la hora de optimizar, ya que el sistema operativo, y los programas, aplicaciones y juegos, deberían estar preparados para poder distribuir de forma adecuada la carga de trabajo entre los núcleos fuertes (alto rendimiento) y los núcleos débiles. Esto evitaría que una tarea compleja fuese a parar a un núcleo débil, y que una tarea sencilla se dirigiese a un núcleo fuerte.

Esa distribución inteligente de la carga de trabajo tiene mucho potencial, como hemos dicho, y nos ayuda a entender por qué creemos que, al final, el futuro del PC podría estar en manos de los diseños big.LITTLE. Ni siquiera AMD ha sido ajena a esta realidad ya que, como vimos en este artículo, ha patentado su propia CPU big.LITTLE, y podría ser una respuesta contundente a Alder Lake-S de Intel.

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