iPhone 3G, el análisis

Por fin tenemos en las manos el nuevo iPhone 3G, totalmente en castellano y en la versión final que ofrece Movistar para España. Una maravilla tecnológica, totalmente táctil y perfecta para organizar tu entorno personal/profesional. Eso sí, antes de lanzarse a por él, es preciso estudiar con detalle los planes de precios que ofrece Movistar, que además llevan asociados 24 meses de permanencia. Un detalle muy importante.

 

En un análisis del iPhone 3G la parte más importante es, sencillamente, usarlo. Llevarlo encima, sincronizarlo, usarlo como iPod, como cámara e incluso a veces hasta exhibirlo públicamente observando cómo las miradas de quienes están a tu alrededor se fijan en este teléfono/agenda/reproductor multimedia/etc, etc y etc. En realidad las cifras “no oficiales” arrojan datos escalofriantes acerca del número de iPhone v1.0 dados de alta en operadoras como Vodafone, Telefónica u Orange, contándose por varios cientos de miles de ellos incluso con las dificultades que acarreaba tener que comprarlo en EEUU, liberarlo y estar pendiente de las sucesivas actualizaciones, hacks, etcétera. Por no hablar de la ausencia de garantía o soporte técnico. Así que el teléfono en sí no debería ser una novedad total. Su interfaz táctil es, aún a día de hoy tras los intentos de otros fabricantes para ofrecer algo similar, insuperable. Por rapidez, sensación de respuesta a las acciones, estética visual, integración de las aplicaciones o flexibilidad a la hora de programar dichas aplicaciones para la plataforma iPhone, este dispositivo todo terreno ha supuesto un antes y un después en lo que al uso de la tecnología se refiere.

 

Menos teoría y más práctica

De todos modos, por mucho que el Universo iPhone sea idílico sobre el papel, la tangible realidad es que es un dispositivo de 115 x 62 x 12 mm y 133 gramos de peso con una pantalla de 3,5 pulgadas’ y tan sólo cuatro botones “mecánicos”, sin que aparezca un puntero auxiliar por ningún lado. Así pues la primera impresión (y legítima) dejando de lado discursos mediáticos y tendenciosos, no debería ser demasiado optimista: para ser un teléfono es grande y pesado, y para ser una PDA se antoja un poco complicado manejarlo sin tener un teclado físico o un puntero. Por último, como reproductor multimedia es correcto, siempre y cuando se prime la calidad de la pantalla frente a la movilidad. De todos modos el halo de moda y diseño que rodea al iPhone, como todo producto salido de la factoría Apple, es el mejor aval frente a decepciones posteriores a la compra. Incluso aunque en el fondo alguien crea que el iPhone no encaja en su vida, difícilmente lo admitirá abiertamente. Con el anterior modelo yo mismo fui testigo de cómo usuarios convencidos acabaron por volver al teléfono de toda la vida tras unos meses de uso “con calzador”. Y al contrario, usuarios poco convencidos a priori no se separan del iPhone un año después de su adquisición “extraoficial” en Estados Unidos por un precio, eso sí, bastante competitivo al cambio.

 

Con iPhone 3G la situación es menos flexible. El contrato de Telefónica establece un periodo de permanencia de 24 meses, con la salvedad de que la tarjeta SIM sólo es operativa (al menos para datos) en el propio iPhone. Así que la primera recomendación es la de pensárselo dos veces antes de lanzarse de cabeza a por un producto que como no encaje en nuestra vida diaria puede suponer una esclavitud o una pérdida de dinero si se anula el contrato de permanencia. Y lo de comprarlo en Estados Unidos está complicado, pues piden el número de la Seguridad Social para comprobar la nacionalidad estadounidense de los clientes. Hablando de las tarifas de Telefónica, otra recomendación es la de pararse unos minutos a pensar acerca de cuál es la que más conviene.

Haciendo cálculos, con la tarifa intermedia para el consumo de datos de 15 €  y 20 € de voz (+ IVA), el teléfono junto con el servicio sale a unos 47,8 € por mes IVA incluido. Eso contando con no pasar de los 20 € de consumo de voz. La tarifa más barata supone unos 42 € al mes con IVA incluido y sin pasarse de los 9 € de consumo de voz.  La más cara supone 66 € y pico al mes, con un consumo de voz de 40 €. En todos los casos estoy prorrateado el precio del terminal de 8 Gbytes.

Para las tarifas premium de datos de 25 € (+ IVA), el iPhone  de 8 Gbytes sale a 98 € y pico por mes con un consumo de 69,6 € en voz. Para el terminal de 16 Gbytes habriá que sumar 2,9 € por mes que es el resultado de prorratear el incremento de precio de 60 € respecto del modelo de 8 Gbytes, con la excepción de la tarifa máxima en la que se incluye sin coste el modelo de 16 Gbytes pero que “obliga” a tener un consumo mínimo al mes de unos 133 € durante los 24 meses que dura el contrato. Como se puede ver, se trata de sumas importantes para todos aquellos que no necesiten realmente todo lo que el iPhone ofrece.

¿Qué ofrece el iPhone?

En una primera aproximación, lo que el iPhone pone en manos del usuario es la mejor interfaz táctil del mercado. Punto. Todo en este dispositivo gira en torno a esta “tactilidad” sin igual en el momento presente por mucho que HTC, LG o Samsung se esfuercen en mejorar sus propias interfaces. Todo se maneja con los dedos (sí, “los”, porque se trata de una interfaz multi touch que detecta el uso de uno o más dedos en la pantalla y se comporta de maneras distintas según se muevan éstos), y con una rapidez de respuesta excepcional. Además la pantalla es de una calidad elevada, e incluso a la luz del día y con el sol pegando fuerte la pantalla se ve. Peor que en sombra, obviamente, pero se puede seguir usando. iPhone también ofrece WiFi 802.11g, Bluetooth sólo para audio y ahora en este modelo, conexión 3G y posicionamiento GPS. La capacidad sigue siendo de 8 o 16 Gbytes a pesar de que ya existen modelos de iPod Touch con 32 Gbytes.

 

Por otro lado el firmware ha llegado a su versión 2.0, frente a la 1.1.4 en la que se quedó el iPhone v1.0. De todos modos, el anterior modelo puede actualizarse a la 2.0 para hacer uso de los nuevos servicios de iTunes como la tienda de aplicaciones (App Store). Como es habitual, para poder hacer uso de todas estas nuevas funciones se necesita la versión 7.7 de iTunes dentro del contexto cerrado de este “ecosistema”, en el que Apple basa parte de su negocio. De hecho los desarrolladores no pueden distribuir libremente las aplicaciones para iPhone, sino que se necesite obligatoriamente pasar por iTunes y aceptar las condiciones de Apple para ello.

 

La parte de ocio digital es otro de los puntos fuertes de iPhone, aunque sin novedades respecto al modelo anterior. El modo “iPod” permite ver vídeos, escuchar música o suscribirse a podcast con una facilidad asombrosa (aunque se necesita iTunes para ello), y con una experiencia de uso excelente. Navegar por las listas de reproducción simplemente deslizando los dedos por la pantalla, usar el modo gráfico “Coverflow” o crear listas de reproducción a la medida es sumamente intuitivo y natural, al igual que seguir emisiones podcast que nada tienen que envidiar a las emisiones de radio convencionales. Además es posible acceder a iTunes desde el iPhone, aunque sólo usando WiFi y para gestionar contenidos de audio. Sería estupendo poder gestionar los podcasts también en movilidad, eso sí. Sobre todo teniendo en cuenta que el repositorio de YouTube sí que es accesible desde WiFi o 3G.

 

 

 

Gestión de información

En cuanto a correo, contactos, calendario y tareas de organización personal, iPhone ofrece todo lo necesario para desenvolverse con soltura en cualquier circunstancia. No hemos encontrado la opción para sincronizar las notas a través del portal MobileMe, por ejemplo, pero para el resto de datos personales sí existe la posibilidad de estar respaldado por Internet a la hora de tener una copia de todos ellos. Eso sí, el portal MobileMe, evolución del antiguo portal .Mac, es un servicio adicional de pago con un coste de 79 € al año. Lo cierto es que su utilidad es elevada, y en cierto modo se echa de menos que Apple no llegase a un acuerdo con las operadoras para ofrecer unas tarifas específicas para quienes usasen este portal habitualmente, para su acceso del mismo modo que los usuarios de Blackberry tienen una tarifa plana especial para servicios similares. En fin, soñar es gratis, pero la telefonía móvil no.

 

 
En resumen, el nuevo iPhone 3G ofrece un soporte de hardware excelente para la comunicación clásica a través de la voz, y sobre todo para estar siempre conectado a Internet y a todo lo que ofrece, incluyendo servicios de geolocalización que combinan el conocimiento de la posición del usuario, con un sistema de información casi a la carta. Gracias a ello es posible localizar también el tipo de información que se ofrecezca, particularizada para la ubicación en la que estemos.

 

Sobre el GPS, decir que funciona muy bien y se integra perfectamente con las aplicaciones susceptibles de usarlo. Así, al usar la cámara se pregunta si se desea hacer uso de la información de posición para geolocalizar las imágenes. Si se acepta, en la información Exif de las fotos aparecerán las coordenadas del lugar donde se ha hecho la instantánea. Del mismo modo, programas de páginas amarillas o las que ofrezcan información sobre eventos o espectáculos pueden usar esta información geográfica para delimitar los resultados de las búsquedas.

La precisión no es milimétrica pero sí más que aceptable, y es rápido “enganchándose” a los satélites. Por defecto sólo es posible usar el GPS para navegar en la aplicación “Mapas”, pero nada impide que otros desarrolladores programen otras aplicaciones más completas.

De iPhone a Ay!Phone

Hasta aquí todo perfecto, pero el iPhone tiene sus inconvenientes. El primero y más llamativo es el de la autonomía. Si se hace uso del GPS y se accede a Internet con asiduidad, es más que probable que la batería se agote en menos de un día. Ver películas o escuchar música no es un problema, pero el uso de 3G y GPS sí. O bien se raciona su uso, o se lleva el cargador encima, o se pasa por la tienda de Telefónica o se lleva encima una minibatería externa como las que ya tiene APC y que contienen energía suficiente para recargar el iPhone una carga y media. Esta última posibilidad es la más factible, ya que incluso es posible usar el teléfono mientras se está cargando.

 

Otro inconveniente desde cierto punto de vista es la dependencia de iTunes para gestionar las aplicaciones. Apple afirma que esta estrategia permite controlar mejor temas como la estabilidad o la seguridad, pero lo cierto es que usando algunas de las aplicaciones descargadas durante las pruebas el iPhone se ha colgado. Además, la política de Apple implica que los desarrolladores paguen de un modo u otro a Apple por el “derecho” de tener colgadas en iTunes las aplicaciones, lo cual puede ser un obstáculo para que programas excelentes no lleguen a ver la luz porque sus desarrolladores no quieran “pasar por el aro”. Además se ha demostrado en la práctica con la versión 1.0, que la libre circulación de aplicaciones no es tan arriesgada. Con el famoso jailbreak que permitía liberar el teléfono e instalar programas de terceras partes, el iPhone 1.0 funciona perfectamente y con programas tan buenos o más como los que hay ahora en la tienda de aplicaciones. Y casi siempre de forma gratuita.

 

También es un poco arbitrario el plan de precios de Telefónica, donde no es posible por ejemplo, combinar la tarifa de datos de 25 € con la de voz de 9 €. El hecho de que se limite la velocidad de acceso a la red 3G tras superar un límite de 200 Mbytes en la tarifa de 15 € o el límite de 1 Gbyte en la tarifa de 25 € se antoja una medida poco popular. En un uso convencional no es fácil que un usuario expolie la red o esté conectado ilimitadamente. El mero hecho de que la batería dure apenas 5 horas navegando en Internet ya es una limitación por sí misma. Y lo cierto es que cuando se usan mapas o se envía una imagen, la diferencia de velocidad entre 3G y los 128 Kbps a los que baja tras la reducción de velocidad cautelar es notable. Además siendo estrictos, Telefónica es la primera que se jacta de tener un dispositivo 3G, así que lo suyo sería que la velocidad de acceso a la red fuese 3G también, sin limitaciones ni letra pequeña.

 

Las tarifas, algo abusivas

El precio del dispositivo, sobre todo el modelo de 16 Gbytes, tampoco es una ganga y al fin y a la postre, las diferencias de precio que hay entre los distintos planes hacen que la reducción de precio en el terminal no se interprete como un acto de buena fe de Telefónica, sino como una mera cuenta matemática en la que el usuario indefectiblemente acaba pagando una cantidad fija mensual durante 24 meses, más o menos financiada dependiendo del tipo de contrato. Si es más barata, pues se paga más inicialmente en concepto de terminal. Si es más cara, no se paga nada como “señal” pero la cuota mensual es más elevada. La posibilidad de tener un precio fijo del terminal independientemente del tipo de contrato sería más igualitaria desde cierta perspectiva. Además Telefónica no ha hablado nada sobre servicios de valor añadido que permitan a los usuarios de iPhone disponer de aplicaciones exclusivas para ellos a través de MoviStar, como un portal online para guardar datos, fotos, notas, al estilo de MobileMe, pero propio de MoviStar. Quizá estemos siendo muy exigentes, pero el caso de iPhone es ciertamente especial y es una oportunidad para popularizar el uso de los recursos de Internet entre todos los usuarios, aprovechando que este terminal es un prodigio de ergonomía y facilidad de uso.

La pena es que no se venda liberado, pues hasta cierto punto, únicamente con WiFi se puede vivir perfectamente siempre y cuando no se tenga la urgencia de estar permanentemente conectado. Es cierto que la tarifa de Telefónica incluye el acceso a los puntos de acceso WiFi de la compañía, pero no están tan extendidos como para que sea un elemento realmente importante.

La cámara podría ser otro punto negativo a primera vista, pero la verdad es que casi es preferible tener una cámara de sólo 2 Megapíxeles sin autofocus, pero manejables con una mano y con una buena velocidad de respuesta, que una de 5 MPx que necesita las dos manos para usarse y que además es más lenta. En iPhone todo es rapidez y en realidad casi todo tiene una razón de ser. Bueno en realidad todo, lo que ocurre es que algunas razones son mejores que otras. La carcasa de plástico, por ejemplo. El aluminio es más “chic” desde luego, pero desgraciadamente incompatible con una buena recepción 3G o GPS. Así que hasta que no inventen un aluminio que no atenúe las señales radioeléctricas, habrá iPhone de plástico para rato. 
 

  
Durante la pruebas

Tener un iPhone 3G durante unos días, totalmente configurado para el acceso en movilidad, ha sido una experiencia agridulce. Dulce, porque una vez que te acostumbras a estar en contacto permanente con tu universo online es difícil volver atrás. La geolocalización de las fotos, por ejemplo, es excelente para llevar un seguimiento de dónde se ha estado, con la posibilidad de subirlas a Panoramio, por ejemplo, o a Google Earth sin necesidad de ubicar las imágenes manualmente. Safari es un excelente navegador y aplicaciones como Twitter cobran verdadero sentido con un dispositivo como este. Actualizar el estado en Twuitter es casi una terapia a veces, como cuando se está en el metro como una sardina y directamente lo publicas en Twitter desde el propio vagón. Un buen ejemplo de uso de iPhone por dos motivos: el de la conectividad, y el de la ergonomía. No es fácil con otro teléfono acceder a una aplicación, conectarse y escribir usando sólo una mano. Y con iPhone se puede y sin dejar de escuchar la canción que tenías puesta en los auriculares.

 

El acceso a las aplicaciones a través de iTunes es cómodo con las salvedades expuestas anteriormente. Se supone que un nuevo firmware mejorará en breve la estabilidad con algunos programas conflictivos. Y hablando de aplicaciones, lo cierto es que el hecho de que sean de pago casi todas las “buenas”, es un poco elitista. Los juegos, por ejemplo, o las aplicaciones más “serias” cuestan casi 8 € o incluso en ocasiones mucho más. Las baratas cuestan menos de 1 € pero a veces son bastante “básicas” por no decir otra cosa. Cuando llegue el jailbreak para esta versión de iPhone (si es que llega), será el momento de filtrar las buenas de las malas, pues se podrá acceder a las más básicas de forma gratuita (y posiblemente rozando la legalidad, aunque eso será tema para otra ocasión).

 

La batería dura poco, eso es un hecho, aunque el tiempo de carga es corto. A poco que se conecte al ordenador para sincronizar podcasts, canciones o hacer un backup de contactos o similar, ya se tendrá un nivel de batería aceptable para seguir funcionando. Y si se utiliza una batería externa portátil será posible erradicar el temor a quedarse “colgado”. Lo cierto es que Apple debería incluir algún tipo de gestión de perfiles de energía, de modo que en caso de necesidad se desactivasen las radios innecesarias de un modo más sencillo a como se hace por defecto, que es yendo a los menús de configuración de cada tipo de conexión. Para el iPhone 1.0 existen aplicaciones de tipo jailbreak que permiten desactivar servicios como el GPRS o incluso programas que corren en segundo plano en el iPhone con un notable incremento en la autonomía. Es de esperar que aparezcan aplicaciones similares para iPhone 3G.

 

 

En definitiva, fardar lo que es fardar, se farda mucho con el iPhone 3G, pero es un efecto con fecha de caducidad. En cuanto lo tenga mucha gente dejará de ser una novedad. Y otros fabricantes tienen dispositivos que también son espectaculares en cuanto a presencia: HTC, LG o Samsung son buenos ejemplos. Así que evita caer en la tentación de comprarlo sólo para eso. iPhone 3G es, ante todo, una herramienta para mejorar aspectos de tu vida como las comunicaciones, el ocio digital o la gestión de tus datos personales como calendarios, notas, contactos o correos. Si no es así, siempre tienes la opción de un iPod Touch, con WiFi y acceso a casi todo menos GPS y telefonía.

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