¿Por qué gastar en altavoces?

¿Por qué gastar en altavoces?
19 de abril, 2009

Un artículo de Gizmodo intenta encontrar y explicar la diferencia existente entre un par de altavoces de una decena de euros y otros de decenas de miles. La respuesta primaria es que “uno suena mejor que otro” pero hay mucho más en la trastienda. El uso de altavoces muy económicos o peor aún, auriculares para medios de audio digital, unido a la compresión con pérdidas, hace decir a los expertos que simplemente eso que escuchamos no es música

Dicen los médicos que nos estamos quedando sordos con el uso a mayor volumen del deseable de los auriculares de nuestros reproductores portátiles o teléfonos móviles. Normalmente muy económicos y de mala calidad, lo que unido al uso de audio digital comprimido con pérdidas hace decir a los expertos que “simplemente eso que escuchamos no es música”.

Con honrosas excepciones, el mercado del PC tampoco cuida en exceso la reproducción del sonido, ni los fabricantes en el diseño, ni los clientes en la elección de compra. La mayoría de portátiles se venden con un par de altavoces integrados que emiten ruido y poco más, y en los sobremesa, pocos cuentan con un buen sistema, conformándose incluso con los empotrados que llevan los mismos monitores y que suelen ser lo peor del segmento. Tampoco en los sistemas de cine en casa el aspecto de sonido mejora demasiado, siendo los más vendidos los paquetes de muchos altavoces y cantidad de cableado, sin demasiada calidad.

En el otro extremo, vemos anunciados sistemas de altavoces de hasta 200.000 dólares y nos preguntamos si la diferencia de calidad merece el precio que piden por ellos. Así las cosas, en Gizmodo se han puesto en contacto con un especialista de la revista Stereophile que prueba equipos de alta gama.

Claro que las pruebas las realiza con un equipo valorado en 350.000 dólares, que dicen “es otro mundo” en calidad de sonido. Steve Guttenberg explica que la diferencia fundamental entre unos buenos altavoces y otros malos es lo cerca que estén para replicar el sonido original limitando la distorsión del mismo. Guttenberg indica que gran parte de las especificaciones que podemos leer de los equipos son confusas y sirven de poco. Vamos, que hay que tener oído.

Entre las características importantes a tener en cuenta destacan el mayor rango dinámico especialmente cuando se aumenta el volumen, la mejora de graves no más altos sino mejores y “un timbre muy natural” distinguiendo fácil y limpiamente instrumentos que emitan las mismas notas. En el asunto de altavoces, parece que el tamaño sí importa. “No puede existir un altavoz pequeño que suene bien”, dice el técnico, que resalta además la calidad del material de los componentes del conjunto, algo que es de lo que más encarece el precio final.

Finalmente recomienda equipos a partir de 1.000 dólares para cine en casa, o 300 para un par de altavoces que garanticen al menos “un sonido natural neutro”, aunque dependerá del tamaño o situación de la habitación donde se instale. Preguntado por los límites superiores, dice que no existen y quizá por eso veamos sistemas cada vez más caros en busca de la perfección.

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