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Monitores de sueño: ¿realmente son útiles?

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Monitores de sueño: ¿realmente son útiles?

De un tiempo a esta parte los monitores de sueño se han popularizado hasta la extenuación. En un primer momento llegaron de la mano de los smartphones, y en teoría simplemente a través de la escucha de nuestra respiración durante la noche eran capaces de determinar no solo el tiempo que habíamos pasado despiertos y dormidos, sino también las distintas fases del sueño de cada momento. Una propuesta muy ambiciosa pero, seamos sinceros, poco realista. Recuerdo haber hecho algunas pruebas y el resultado era… en fin, lo dejaremos en poco o nada fiable.

Poco después empezaron a llegar las pulseras cuantificadoras y los relojes inteligentes. Ahí ya cambiaba un poco la cosa, pues los monitores de sueño en dichos dispositivos empezaron a incorporar otros factores, principalmente el movimiento, y los modelos más avanzados también suman la frecuencia cardiaca. Esto, en principio, nos podría hacer pensar que son mucho más fiables y que, por lo tanto, sí que podemos confiar en estas soluciones para llevar a cabo un análisis profundo y fiable de nuestro sueño.

Desgraciadamente no es tan así como cabría esperar, especialmente si tenemos en cuenta el modo en el que los fabricantes promocionan los monitores de sueño de sus dispositivos. The Next Web publica hoy un interesante artículo al respecto, del que podemos extraer algunos datos que nos ayuden a decidir si merece la pena emplear este tipo de soluciones o, por el contrario, lo mejor es dejar de lado estas apps y, en caso de necesidad, ponernos en manos de profesionales para  cuantificar adecuadamente nuestros patrones de sueño.

Aunque no hay datos precisos al respecto, se estima que aproximadamente un tercio de la población sufre problemas de sueño de manera regular, sea por largos periodos de tiempo o de manera crónica, es decir, que no se incluyen aquí los episodios puntuales. Esta es, sin duda, la razón por la que los monitores de sueño han ganado tanta popularidad. Un factor al que hay que sumar la puesta en conocimiento para todo el mundo de la gran importancia de un descanso acorde a lo recomendado por los profesionales de la salud.

El problema es que estos monitores de sueño no son, ni remotamente, tan fiables como cabría esperar. Según un estudio citado en el artículo, solo son precisos el 78% de las veces al identificar el sueño con respecto a la vigilia. Esta precisión se reduce a alrededor del 38% al estimar cuánto tiempo les tomó a los participantes quedarse dormidos. Y un detalle importante, tengamos en cuenta que hablamos de distinguir entre sueño y vigilia, no de identificar correctamente las diversas fases del sueño que, recordemos, son las siguientes:

  • Fase I o etapa de adormecimiento
  • Fase II o etapa de sueño ligero
  • Fase III o etapa de transición
  • Fase IV, etapa de sueño profundo o de sueño Delta
  • Fase de sueño REM (rapid eye movement) o etapa de sueño paradójico

Cada una de estas fases tiene elementos que ayudan a identificarla y distinguirla, por lo tanto, de las demás, pero para que la medición sea precisa resulta clave llevar a cabo un análisis de la actividad cerebral, algo que solo podemos obtener en las llamadas Unidades del sueño de centros hospitalarios públicos y privados. Los monitores de sueño de smartwatches y pulseras cuantificadoras no tienen modo alguno de analizar nuestra actividad cerebral para identificar adecuadamente nuestro estado. Cualquier app y dispositivo que afirme llevar a cabo una polisomnografía miente descaradamente.

Si nos tumbamos en la cama y nos relajamos con el fin de quedarnos dormidos, es posible que caigamos en los brazos de Morfeo en 5 o en 30 minutos, o en dos horas, o que no podamos dormir en toda la noche. Sin embargo, si somos capaces de permanecer sin movernos en absoluto por un largo periodo de tiempo, la mayoría de estos monitores de sueño determinarán que estamos durmiendo, aunque en realidad no sea así.

Monitores de sueño: ¿realmente son útiles?

Monitores de sueño y la obsesión por dormir

¿Alguna vez, al acostarte, te has obsesionado con quedarte dormido rápidamente? Si es el caso ya sabrás que, por norma general, ese es el mejor sistema para permanecer despierto durante horas, quizá incluso durante toda la noche. Y un problema señalado cada vez por más profesionales es que los monitores de sueño pueden convertirse en un elemento más de presión y, por lo tanto, dificultar todavía más el conciliar el sueño para aquellas personas que sufren algún tipo de trastorno a este respecto.

Y el problema es que los monitores de sueño han demostrado ser especialmente poco fiables cuando son empleadas por personas que sufren insomnio. Que, precisamente, son de los más interesados en emplear este tipo de soluciones. Las personas con insomnio tienden a permanecer muy quietas en la cama en un intento por conciliar el sueño. Pero como la mayoría de los monitores de sueño solo miden el movimiento, un estudio encontró que los relojes no podían diferenciar el sueño de la vigilia en estos casos.

Así, una cuantificación incorrecta del sueño que es tomada como válida, sumada a la presión autoimpuesta para dormir, pueden dar lugar a lo que algunos profesionales definen como ansiedad del sueño. En pacientes con insomnio crónico, la preocupación excesiva por el sueño causa ansiedad y bajo estado de ánimo, lo que conduce a más insomnio. Este estudio es una prueba de cómo los monitores de sueño pueden suponer un problema adicional en estos casos.

A los participantes en el mismo se les dieron relojes y pulseras con monitores de sueño y se les pidió que siguieran determinadas rutinas diurnas (las mismas en todos los casos), con el fin de que, al acostarse, tuvieran un perfil de horas y calidad de sueño similar. Sin embargo, lo que no sabían los participantes era que los responsables del estudio iban a manipular los datos y la valoración realizada por los monitores de sueño empleados por los participantes.

Según podemos leer, la rutina diurna permitió que los participantes tuvieran el perseguido perfil de horas y calidad de sueño similar, por lo que el estado de todos ellos al día siguiente también debería haber coincidido. Sin embargo se observó que aquellos a quienes se les dijo que habían dormido mal por la noche mostraron un estado de ánimo más bajo, dificultades con los procesos de pensamiento durante el día y una mayor somnolencia. Aquellos a quienes se les dijo que habían tenido una buena noche de sueño mostraron lo contrario.

¿Quiere esto decir que no hay que emplear monitores de sueño? No exactamente. Para aquellas personas que no tienen problemas para conciliar el sueño pueden ser «interesantes», aunque lo cierto es que no aportarán demasiado a su día a día. Sin embargo, para personas que sí que sufran desórdenes del sueño, lo mejor es dejar este tipo de herramientas de lado y, en su lugar, recurrir a los servicios de los profesionales, que son los que realmente podrán cuantificar su sueño y proponerles las soluciones más adecuadas.

Si me dieran una cana por cada contenido que he escrito relacionado con la tecnología... pues sí, tendría las canas que tengo. Por lo demás, música, fotografía, café, un eReader a reventar y una isla desierta. ¿Te vienes?

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