El origen de los SMS

El origen de los SMS
4 de mayo, 2009

Hoy en día los mensajes cortos que es posible enviar entre teléfonos móviles son un jugoso negocio para las operadoras, pero pocos conocen las razones por las cuales tan sólo se pueden usar 160 caracteres en cada uno de ellos. Pues bien, la razón fundamental se debe a que cuando se crearon en 1985 las limitaciones del envío de datos a través de las redes móviles eran demasiado importante. 160 caracteres eran suficientes.

 

Friedhelm Hillebrand era el máximo responsable de la organización Global System for Mobile Communications (GSM), que precisamente establece los estándares para la mayor parte del mercado de la movilidad. En aquella época, como indican en L.A. Times,  las limitaciones técnicas eran elevadas, y cuando un grupo de investigadores de la organización estaban definiendo el funcionamiento de un sistema de mensajería corta, precisamente tuvieron muy en cuenta dichas limitaciones.

 

 

La idea de limitar los mensajes a 160 caracteres fue de Hillebrand, quien sugirió el límite en 1985 pensando que esa cantidad era “perfectamente suficiente“. Hillebrand había comentado con un amigo la idea para conocer su opinión sobre poder comunicar ideas en tan sólo 160 caracteres. “Mi amigo me dijo que eso era imposible para el mercado masivo“, comentó Hillebrand, “pero yo era más optimista“.

 

De hecho, Hillebrand realizó una serie de pruebas en su máquina de escribir -nada de ordenadores- para ver si podía transmitir ideas y pensamientos en esa longitud de texto, y comprobó que efectivamente su idea tenía posibilidades. Se estimó la posibilidad de utilizar un segundo canal de frecuencias solo para estos mensajes, pero eso limitaba aún más la posible longitud.

 

De hecho, el otro problema era la forma de introducir los mensajes, que era para muchos poco cómoda. Más tarde aparecerían sistemas de texto predictivo como el T9, pero los teclados de los móviles pronto facilitaron la tarea y convirtieron a los SMS en un verdadero fenómeno comunicacional que ha generado un lenguaje propio entre los jóvenes -incomprensible para los no iniciados- con abreviaturas y otras técnicas que permiten exprimir ese límite de 160 caracteres que ha dado para mucho más de lo que pensaba su creador original.

 

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