Impresora portátil PoGo

Impresora portátil PoGo
30 de septiembre, 2008

Con el avance de la fotografía en la era digital Polaroid ha tenido que reinventarse a sí misma. Continuando con su filosofía de "lo instantáneo" presenta PoGo, una original impresora portátil que no utiliza tinta, funciona con baterías y puede imprimir una fotografía en menos de un minuto.

Dirigido a un público que quiere un producto sencillo y divertido, PoGo es la abreviatura de Polaroid On the Go y define perfectamente la filosofía del producto.

Lo realmente novedoso de esta impresora es la tecnología del papel que utiliza. Desarrollado por la compañía Zink Imaging es en realidad un compuesto plástico que reacciona a la temperatura. Además de Polaroid ha sido licenciada por otros fabricantes por lo que es probable que veamos productos similares próximamente.

Portátil y muy fácil de usar

La PoGo es una impresora que podemos llevar en un bolsillo. Además, no necesita un PC para funcionar sino que puede imprimir desde cualquier cámara con PictBridge o enviando la foto con otros dispositivos (móviles, ordenadores, consolas, smartphones, …) mediante Bluetooth. Lleva una batería de iones de litio que permite realizar hasta 15 copias sin recargarla.

La conexión a cualquier dispositivo es sumamente sencilla, no siendo necesarios ni drivers ni cables (en el caso de usar Bluetooth).

En nuestras pruebas con varios dispositivos siempre fue detectada correctamente y en pocos segundos. La impresora sólo tiene solo un botón para encenderla y dos leds que indican el estado y si está conectada a otros dispositivos. La carga de papel también es sumamente sencilla; basta levantar la tapa superior y alojarlos en el compartimento.

Una tecnología de impresión innovadora

La PoGo imprime en papel Zink de 5,08 x 7,62 centímetros, aproximadamente un cuarta parte del tamaño habitual de 10 x 15 centímetros de las fotos tradicionales. Su superficie esta cubierta por millones de cristales que reaccionan al calor. La impresora tiene un cabezal con 600 elementos que calientan zonas de forma muy precisa, ofreciendo una resolución de 300 puntos por pulgada.

Cada capa de cristales reacciona a una temperatura diferente: 200 grados en el caso del amarillo, 150 para el magenta y 100 para el cián. Su tecnología emite el calor de forma muy breve y sólo penetra en la capa adecuada (se alinean de mayor a menos temperatura). Una última capa protectora se asegura de la fijación de color y hace la foto más resistente al uso.

Así la PoGo logra una impresión térmica. No hay que preocuparse por comprar cartuchos u otros consumibles (tan sólo recambios del papel especial Zink) y además no hay riesgos de manchar nada de tinta, punto importante en una impresora portátil que llevaremos en el bolsillo o en una mochila.

Nuestras pruebas

La impresora tarda en imprimir una foto entre 60 y 80 segundos, según la complejidad de la misma (además la primera siempre tarda algo más). La calidad de las fotos es aceptable para un dispositivo de este tipo, aunque queda muy lejos de cualquier impresora fotográfica de hoy día.

Su objetivo es imprimir de forma rápida y divertida las fotos que tomamos con nuestro móvil o con una cámara compacta, así que la gracia está en tenerlas en papel a los pocos segundos y desde donde estemos, aunque perdamos calidad respecto a soluciones tradicionales. Algo parecido ocurría con las cámaras Polaroid: ganábamos rapidez a costa de perder el calidad y tamaño.

Hemos realizado nuestros test desde varios teléfonos convencionales, un smartphone y dos cámaras compactas dotadas de la tecnología PictBridge. La impresora funcionó correctamente en todos los casos. Al ser tan pequeño el tamaño de las impresiones no notaremos mucha diferencia entre dispositivos, aunque unos tomen instantáneas de más calidad que otros.

La batería de la PoGo nos ha decepcionado. En nuestro banco de pruebas apenas llegó a las 12 impresiones. Esta cantidad nos parece muy escasa, teniendo en cuenta que una de las principales virtudes de un producto portátil debería ser una autonomía razonable.

Además, aunque tiene un led que avisa cuando está apunto de agotarse la carga, esta información no es precisa y podemos quedarnos con una imagen a medio imprimir. Otro punto negativo es el tamaño de la fuente de alimentación, casi tan grande como la propia impresora y muy pesada. Transportar el conjunto de impresora más fuente y cableado anula el concepto de impresora portátil.

En teoría, el papel Zink tiene un recubrimiento que protege a las imágenes de arañazos, roces o el agua. Al mojar las fotos comprobamos que, en la práctica, el contacto con el agua despega esta capa y si las dejamos en contacto con el líquido los colores se alteran. En condiciones normales de manipulación las impresiones resisten correctamente el uso. Tampoco se alteran con la exposición directa a la luz solar.

Conclusiones

Este es un producto destinado a un público muy concreto. Si buscamos inmediatez y cierta dosis de portabilidad a cambio de sacrificar calidad y tamaño de nuestras fotos puede resultar interesante. Sin embargo, si esperamos unas impresiones como las que obtiene una impresora fotográfica "convencional" nos decepcionará.

La PoGo cuesta 129 euros y el papel especial Zink que utiliza se vende en paquetes de 10 o 30 hojas a 3,99 y 8,99 euros respectivamente. El coste por copia varía de 0,40 a 0,30 euros, superior al de otras soluciones y caro para una fotografía de sólo 2 x 3 pulgadas. Sin embargo, la posibilidad de obtener copias inmediatamente y desde cualquier sitio hacen única a esta máquina.

Es probable que pronto veamos alguna compacta dotada de esta tecnología y, con el tiempo, su coste de estas impresoras debería abaratarse notablemente. Sin embargo, en plena revolución digital, quizás no hay tanta necesidad por imprimir las fotos como hace unos años. Las pantallas de los dispositivos portátiles cada vez permiten ver con más calidad las imágenes y otras soluciones como discos duros fotográficos o las reveladoras instantáneas que podemos ver en muchas tiendas pueden ponerselo difícil a Polaroid.

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