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Análisis

Opel Crossland X, destinos

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«¡Alcalde: todos somos contingentes, pero tú eres necesario!» Amanece que no es poco. (1989)

No seas tonto, me decía mi mujer, siempre estás con estas tonterías, esas series que ves y esas novelas que lees te han comido la cabeza y ya no distingues la realidad de la ficción, insistía mientras me peinaba lentamente frente al espejo mirando fijamente la raya engominada que no quería mantenerse en su sitio. Yo solamente te digo que que veo, le contestaba sin soltar el peine, sin dejar de trazar surcos rebeldes sobre mi cabeza insistiendo una y otra vez, y lo que veo es que Antonio no es el mismo, ha cambiado. Y no ha cambiado de peinado ni se ha cambiado de camisa, ha cambiado cambiado, no es el mismo.

Mi mujer se alejaba de nuestro baño habiendo terminado su propio ritual de maquillaje y seguía refunfuñando, renegando de mis gustos, de mis pasiones, todas ellas culpables de que mi cerebro según ella no funcionara como debiera. Algunas frases imperceptibles retumbando en la cocina que por el tono siguen siendo de reproche mientrar yo me rindo con mi raya y mis cuatro pelos engominados y con un suspiro me uno a ella en la puerta. Y no se te ocurra comentar nada hoy, quiero tener una cena tranquila con ellos, solo faltaba que le digas a la cara que le ves raro. Y esa fue la noche en la que los demás también se dieron cuenta de que Antonio había cambiado. Pero fue demasiado tarde para todos.

¿El destino de los monovolúmenes es acabar transformados en SUVs? No es una pregunta gratuita, algunos fabricantes incluso han iniciado esta metamorfosis con algunos de sus modelos, como Peugeot con sus doble cero (3008 y 5008) que de repente se han despegado del suelo y han tomado prestados elementos todoterreno para hacerse sitio en un mercado que sigue en franco crecimiento y que cadavez es más popular. Y desde luego es lo que ocurre con el coche que analizamos hoy, el Crossland-X, que sustituye a uno de los monovolúmenes urbanos más interesantes, el Opel Meriva.

Ficha técnica

Y es que al observar al Crossland la pregunta es inevitable: ¿no tenía Opel ya el Mokka-X de un tamaño similar? En realidad son un puñado de milímetros aquí y allá: 63 milímetros más corto, 16 milímetros más estrecho y 53 milímetros más bajo. Y la verdad es que a primera vista no hay una propuesta demasiado diferenciadora, pero si ponemos la lupa enseguida empezaremos a notar que el Crossland está orientado a un público distinto y sobre todo más urbano, quizás menos exigente con factores como las prestaciones pero sin duda con ambos ojos puestos en practicidad y habitabilidad.

Discreción

El caso es que el Crossland X no es un coche vistoso, más emparentado en aspecto con un monovolumen que con un todoterreno ya que la altura desde el suelo no es demasiado elevada y la distancia entre ejes es muy grande, los pasos de rueda quedan muy cerca de los límites de la carrocería. Resalta la posibilidad de personalización de los colores de la carrocería, en nuestro caso combinando el color rojo con el color negro de los pilares y el techo todo rematado con la parte inferior de la carrocería rematada con defensas en plástico negro lo que proporciona un look deciodidamente urbano.

Algunas pinceladas de diseño son características de los elementos que comenzaron a utilizarse con el nuevo Astra, como los grupos ópticos y la parrilla delantera mientras que la parte trasera quizás tiene más que ver con el diseño de sus nuevos hermanos los SUV del grupo PSA. Unos grupos ópticos traseros bien altos subrayan una personalidad ciudadana indudable rematada por un mínimo spoiler trasero puramente decorativo en el portón de atrás.

En el interior lo que prevalece es la practicidad y la sobriedad ante todo con acabados algo espartanos en algunos elementos como la palanca de cambios o los revestimientos de algunos huecos pero con algunos detalles bien resueltos como el recubrimiento del volante. Tras este se encuentra el conjunto de indicadores tradicional con cuentarrevoluciones y cuentakilómetros analógicos y en el centro una pequeña pantalla monocromo que ofrece información básica como autonomía y otras. En la parte superior encontramos indicadores de temperatura del motor y el depósito de gasolina.

Bien entretenidos

El sistema de entretenimiento está resuelto con una pantalla táctil de 8 pulgadas con el sistema tradicional de Opel que incluye el servicio OnStar de asistencia y la conectividad WiFi. La pantalla nos ha parecido muy similar a la que montan otros modelos de Opel como el propio Opel Astra, con un conjunto de iconos vistosos y bien distinguibles y un sistema de navegación más que correcto. Incluye además conectividad Android Auto y Apple Car Play. La disposición de la pantalla en la zona superior del salpicadero es ideal para no tener que apartar demasiado la vista de la carretera al usarlo.

Un detalle que llama la atención es que a pesar de que la longitud del coche es similar a la de otros de la competencia las puertas son más pequeñas aunque eso sí bastante altas. Lo cierto es que la forma de las mismas es bastante práctica para su uso en aparcamientos pero dificulta algo el acceso a personas con movilidad reducida. En la parte delantera los asientos son bastante cómodos pero algo estrechos y poco envolventes. Aún así más que suficiente incluso para recorridos largos.

Espacio

En el Crossland hay mucho espacio sobre todo delante, donde pueden acomodarse personas incluso de mucha estatura, pero algo menos en los asientos de atrás ya que por lo estrecho de la carrocería es difícil que puedan acomodarse tres personas. Además el espacio para las piernas es menor que el que ofrece, por ejemplo, el Opel Mokka. Hay multitud de huecos para objetos, sobre todo pequeños, e incluso un espacio junto a la palanca de cambios que puede equipar carga por inducción para el móvil. Eso sí, no encontraremos sitio para objetos más voluminosos como botellas de litro por ejemplo.

El maletero es muy amplio para su tamaño y admite como opción que desplacemos la fila trasera de asientos para ampliar el volumen de carga disponible. En la configuración estándar en cualquier caso ya alcanza los 410 litros, una cifra que lo coloca entre los más capaces entre los monovolúmenes y SUVs de su tamaño. Además el interior es muy práctico ya que permite por ejemplo disponer el suelo del mismo en dos alturas distintas. La más alta queda al ras si plegamos los asientos posteriores y así se consigue una superficie de carga contínua que siempre es una ventaja para cargas voluminosas.

Al volante

Al volante del Crossland hay que ser muy conscientes de lo que se tiene entre manos: en realidad un coche pensado principalmente para ciudad. La versión que hemos conducido equipaba un motor de gasolina de 1.2 litros y 110 caballos que nos ha parecido algo ruidoso y poco refinado sobre todo en frío aunque con potencia suficiente para desenvolverse sin problemas en el tráfico urbano. Nos ha parecido algo perezoso en recuperaciones y al acelerar desde cero titubea algo más de lo deseable, pero todo en línea con lo que puede ofrecer un motor de esa cilindrada y potencia.

En carretera el Crossland X demuestra que un urbanita no tiene por qué desenvolverse mal en asfalto no colonizado por pasos de cebra o semáforos… Nos ha gustado bastante su estabilidad en curva, con buenas respuestas en carreteras viradas manteniendo sin problema la trayectoria sin correcciones. Aunque en ocasiones en carreteras en cuesta no hay más remedio que reducir para mantener la velocidad, en general el coche mantiene sin problemas unas buenas velocidades de crucero sin intervención.

En el apartado del consumo la pequeña cilindrada del motor de gasolina se hace notar y lo cierto es que es bastante sobrio. En nuestras pruebas hemos rondado los siete litros a los cien mientras que en ciudad podemos llegart a los ocho. Al conducirlo durante un tiempo salta a la vista que su maniobrabilidad y manejo agradable en ciudad es un gran punto a favor y mientras el motor se haya calentado lo suficiente es bastante confortable y cómodo de conducir.

Conclusiones

La transformación del Meriva en Crossland ha producido lo que podríamos definir como la primera transformación con estilo PSA de un modelo de Opel. Para los aficionados a la marca alemana de todas formas un mensaje de tranquilidad: aunque la carrocería y el propulsor sean de origen francés el coche sigue manteniendo toda la personalidad que se le supone y que le hace diferente del resto de las marcas del fabricante.

En este caso el Crossland X nos ha parecido un coche con filosofía urbana con soluciones bastante interesantes, como las puertas más estrechas, con un maletero muy amplio y opciones tecnológicamente interesantes como los paquetes de ayuda a la conducción (es posible incluso instalar una pantalla HUD), la conectividad WiFi, el acceso a OnStar o la posibilidad de carga inalámbrica. En definitiva un SUV a medio camino del monovolumen que rezuma practicidad y que es muy agradable de conducir. Un verdadero urbanita que no teme excursiones.

Notas finales

7Nota

Prestaciones7

Diseño7

Consumo7

Confort7

Sistema de Infoentretenimiento8

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