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Qué es el HDMI inalámbrico y por qué no hemos conseguido liberarnos del cable

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¿Conocéis a alguien a quién le gusten los cables? Casi todos somos conscientes de que son la forma más fiable de transmitir una señal, sea digital o analógica, pero seguro que todos estamos de acuerdo en que resultan un engorro. La aparición de estándares como el Bluetooth o el WiFi ha conseguido eliminar parte de ellos, pero ¿sabías que puedes prescindir también del cable HDMI? En este especial hablaremos del HDMI inalámbrico y si realmente merece la pena dar el salto.

Durante la última década, el HDMI se ha consolidado como el estándar a la hora de transmitir contenidos de vídeo y audio de alta definición. Todos conocemos sus ventajas, pero basta un vistazo detrás de nuestro televisor para descubrir el inconveniente: una maraña de cables que debemos ocultar y que nos limita a la hora de elegir dónde colocamos nuestro hardware.

En el mercado existen multitud de dispositivos compatibles con el HDMI inalámbrico y, a diferencia de soluciones como AirPlay o Google Chromecast, no requieren conectividad WiFi para funcionar ni hay que configurar nada. El emisor utiliza la banda de los 5 GHz (mucho menos saturada que la habitual de 2,4 GHz) y el receptor muestra la imagen y el vídeo. Magia sin cables de por medio, con distancias de entre 10 y 30 metros, como máximo. A lo largo de los últimos años, fabricantes han lanzado productos HDMI inalámbricos que funcionan sobre 60 o 190 GHz, en bandas sin licencia asignada.

Obviamente, también hay inconvenientes. El más obvio es el precio, pero hay otro que debemos tener muy en cuenta: la señal digital que pasa por el HDMI debe ser codificada, transmitida, recibida y decodificada. Cuando no utilizamos un cable como canal, esto provoca pequeños retrasos en cada etapa que se suman en la temida latencia. No es un grave problema para ver una película, pero si para disfrutar de videojuegos, por ejemplo.

Aunque existen productos que prometen «latencia cero» esta solo es posible a muy corta distancia (entre 2 y 5 metros) y siempre que no haya problemas de interferencias, algo complicado si vives en una ciudad o tienes varios aparatos inalámbricos por casa. En el caso de que os decidáis a comprar alguno, os recomendamos que sea en una tienda donde admitan devoluciones: puede que el resultado no sea el que asegura el fabricante.

Existe otro obstáculo por el que se percibe cierto “estancamiento” en la tecnología HDMI inalámbrica: la falta de acuerdo entre fabricantes ha impedido que exista un estándar y las ventas tampoco ayudan que los protagonistas de la industria se decidan a dar el salto.

A día de hoy, el WHDI es lo más parecido que tenemos. Funciona sobre la banda de 5 GHz y puede trabajar con vídeo hasta 1.920 x 1.080 píxeles. Lamentablemente no funciona con contenido en 4K y suele dar problemas con las nuevas generaciones de routers y smartphones. Quizás los lectores más veteranos recuerden algunos modelos de televisores que Phillips lanzó hace unos años equipados con esta tecnología.

Sobre el papel, soluciones como el WiGig (que sí funciona en 4K, también conocido como 802.11ad) o el WirelessHD (que podéis encontrar también como UltraGig) podrían superar muchas de estas limitaciones, pero casi no existen productos en el mercado capaces de aprovecharlos y, los que hay, son terriblemente caros. Nombres como el LG Wireless 1080, Bravia Wireless Link o ASUS Wireless Display se han ido quedando por el camino.

¿Dónde y cuándo tiene sentido el HDMI inalámbrico?

A día de hoy y exceptuando escenarios de uso profesionales, como oficinas, hoteles o salas de conferencias donde queremos evitar el cableado hay pocas razones para apostar por el HDMI inalámbrico.

Desde nuestro punto de vista, la inversión doméstica solo tiene sentido en casos muy concretos, como cuando queremos instalar un proyector sin cable o cuando se trata de transmitir la señal de un decodificador de video a televisores en otra habitación.

La tecnología proporciona soluciones pero, por todo lo comentado en el artículo, todavía es cara y no ofrece el rendimiento esperado. En la mayoría de ocasiones, la mejor opción incluso para distancias medias es el cableado, invirtiendo en una instalación adecuada y que, en lo posible, elimine las molestias asociadas al cable.

¿Podremos abandonar los cables por completo en un futuro? ¿Se solucionarán los problemas de latencia? ¿Aparecerá un estándar a la altura del Bluetooth o el WiFi que haga avanzar a la industria? Dejamos el debate para la sección de comentarios.

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