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Brecha digital: Cuando la tecnología es excluyente

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Brecha digital: Cuando la tecnología es excluyente

La conversación sobre la brecha digital se suele abordar siempre en términos numéricos. Tal porcentaje de personas no tiene smartphone, esto otro porcentaje es el de gente que no tiene conexión a Internet y este tercer valor numérico es el de las personas que no saben manejar tal o cual sistema operativo con soltura. Y es comprensible, claro, es necesario conocer el volumen de personas afectadas por una determinada circunstancia para poder ponderarla adecuadamente y, de este modo, plantear las medidas y los recursos necesarios para abordarla adecuadamente.

El problema, sin embargo, es que al reducir la conversación a números, para muchas personas el problema se deshumaniza. ¿Qué es el 37,2% de la población adulta? ¿Quiénes son los dos de cada cinco ciudadanos afectados por un problema? Números, solo números que, por norma general, proyectamos mentalmente como la porción de un gráfico de tarta. Como cuando escuchamos que la extensión de algo es de 73 campos de fútbol, o que la distancia entre la Tierra y el Sol es de 149,7 millones de kilómetros. ¿Cuántos campos de fútbol se podrían llenar con personas que sufren la brecha digital? Quizá sea necesario instaurar esa métrica.

Los números le restan la dimensión humana a los problemas, de modo que en cada cierto tiempo necesitamos tweet e hilos como el publicado ayer por María Lázaro, mensajes en los que, de repente, la definición genérica de brecha digital se convierte en un problema concreto que afecta a una persona en particular, en este caso la madre de María, una mujer a la que sus circunstancias personales le impiden emplear determinadas soluciones tecnológicas con normalidad, y con la que el personal de su centro de salud mostró más o menos la misma empatía que el iceberg con el casco del Titanic.

En primera instancia puede parecer que la respuesta recibida ante una petición totalmente comprensible responde solo a un momento desafortunado por parte de la persona que hizo el comentario sobre las paredes, pero en realidad es un problema bastante mayor, pues vuelve a traer al frente la falta de conciencia sobre la brecha digital como factor de exclusión de nuestros mayores, y de cómo un tecnología que normalmente pretende ser facilitadora, en ocasiones se puede convertir en una barrera.

Quienes tenemos la suerte de contar con los conocimientos y las habilidades necesarias para desenvolvernos con soltura en el ámbito tecnológico somos más afortunados que pensamos. Recibimos los avances en la transformación digital con los brazos abiertos por lo cómodo que resulta este nuevo modelo, y somos cada día más digitales, como ya planteaba Nicholas Negroponte a principios de los 90. Curiosamente, en aquel momento Negroponte ya prevenía sobre el potencial riesgo de la brecha digital.

Quienes contamos con dichas habilidades somos, en muchas ocasiones, los responsables de ayudar a las personas de nuestro entorno a solventar los problemas que surgen en el día a día cuando tienen que emplear alguna solución tecnológica que se adapta a sus particulares circunstancias. El problema es que esto es solo un parche, no la solución, la brecha digital sigue existiendo, solo que de manera puntual nosotros mitigamos sus efectos en las personas a las que queremos. Porque la otra alternativa es la que podemos ver en uno de los tweets de respuesta al hilo original:

Una respuesta, la recibida por la madre de Ronronia, en la que sí que podemos ver que la persona que se la da concibe la existencia de la brecha digital pero la trata como si fuera algo normal, cuando en realidad no lo es en absoluto. Común sí, normal no. Ronronia tuvo que resolver la gestión por su madre, la de María tuvo que soportar esa insolencia que, no obstante, obtuvo una respuesta por parte de su marido, una de esas que, si la ves en una película o en una serie de TV, tienes que reprimir el impulso de levantarte y aplaudir:

Por lo demás, si revisas las respuestas, encontrarás otros muchos casos de brecha digital, de procesos en los que las soluciones tecnológicas no han sido diseñadas teniendo en cuenta las necesidades de todos. Y que los procedimientos para ofrecer alternativas a quienes las necesitan tampoco parecen definidos. También podemos encontrar a algún negacionista de la brecha digital, personas que piensan que cualquier persona puede hacer cualquier cosa en cualquier momento con la motivación adecuada. Me ahorraré comentar lo que pienso de la cosmovisión de esas personas.

La cosmovisión que me preocupa, la que me preocupa realmente, es la de los responsables de la puesta en marcha de este tipo de plataformas. La transformación digital está impulsando grandes mejoras en muchos aspectos de nuestras vidas, pero la accesibilidad debe formar parte fundamental de la misma.

Brecha digital, administración pública y servicios esenciales

Aunque en el mismo texto se afirma que no cuenta con una definición estandarizada, me gusta bastante el modo en el que la define Cruz Roja Española:

El concepto de brecha digital no tiene una definición única y aceptada universalmente. La brecha digital hace referencia a la desigualdad en el acceso, uso o impacto de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) entre grupos sociales. Estos grupos se suelen determinar en base a criterios económicos, geográficos, de género, de edad o culturales.

De esta definición podríamos colegir que no existe una brecha digital, sino una cantidad indeterminada de ellas. Y esto es cierto parcialmente, puesto que los problemas para los grupos afectados varían según la naturaleza de los mismos. Sin embargo, la resultante de esa circunstancias es siempre la misma: la imposibilidad de acceder a servicios que, en no pocos casos, no ofrecen una alternativa adaptada y accesible. Dicho de otra manera, se está excluyendo a estas personas de dichos servicios.

Brecha digital: Cuando la tecnología es excluyente

Personalmente, puedo entender que un comercio digital o el proveedor de algún servicio de ocio a través de Internet no hayan dado los pasos necesarios para adaptarse y mejorar sus niveles de accesibilidad. Me parece un error, eso desde luego, pero al final es comparable a los establecimientos públicos, pongamos por ejemplo los bares, que han decidido adaptarse para que las personas con discapacidad puedan acceder a ellos, con respecto a los que no lo consideran necesario y optan por no hacerlo.

El problema es cuando la brecha digital se produce en servicios esenciales, públicos o privados. Cuando una persona como la madre de María se encuentra con el sarcasmo cuando pide un certificado impreso, o cuando la madre de Ronronia se supone que tiene que ir a mendigar ayuda a una farmacia para pedir cita para la tercera dosis, o cuando la mía tiene que pasar más de un mes, mareada, para intentar conseguir (de momento todavía sin éxito) gestionar su alta como cliente en una eléctrica… es que tenemos un problema muy serio.

Administraciones públicas a todos los niveles tienen la obligación de ofrecer accesibilidad universal de sus servicios a la ciudadanía. Y en este sentido, en el de la brecha digital que afecta a nuestros mayores, deben combatirla con todos los medios a su alcance:

  • Ofrecer formación y capacitación.
  • Optar siempre por diseños adaptados y accesibles.
  • Proporcionar medios alternativos.

Sería cínico negar la complejidad de solucionar el problema de la brecha digital, pero eso no puede ser excusa. Y del mismo modo que dichas administraciones públicas deben dar solución a este problema, también se debe establecer un marco regulatorio para que los usuarios de los servicios esenciales, sean ofrecidos por entidades públicas o empresas privadas, garanticen también un acceso pleno a los mismo. Ya sea por vía digital, siempre que resulte posible, pero también por otros medios cuando el digital no resulte accesible.

No podemos ni debemos dejar atrás a nuestros mayores, pues nada de lo que somos habría sido posible sin ellos. Y sí, realizar las gestiones por ellos es la respuesta a corto plazo que podemos dar. Sin embargo, mientras que a Nati la tenga que acompañar Paloma al banco para hacer gestiones en el cajero, mientras que las madres de María y de Ronronia no obtengan las respuestas que deberían, mientras que mi madre necesite ayuda para imprimir, escanear y reenviar documentos para enviarlos mil veces por email, y así miles y miles de casos… mientras que esto siga ocurriendo, algo seguirá estando mal.

Si me dieran una cana por cada contenido que he escrito relacionado con la tecnología... pues sí, tendría las canas que tengo. Por lo demás, música, fotografía, café, un eReader a reventar y una isla desierta. ¿Te vienes?

4 comentarios
  • Sele Asuka

    Saben que pasa, que el problema no es a veces el hecho de enseñar o no informática.

    Pueden haber los que quieran aprender y no lo entienden, los que no quieren aprender y ya, y los que por problemas de salud se lo puedan impedir.

    Pero ante todo, estamos en una generación que hay mucha mucha mezcla diversa de gente que ha nacido con esto y gente que ha vivido otra cosa, a veces muy extrema, y si encima en los países se hacen las cosas mal, estas mareando a mucho porcentaje de población.

    Yo por ejemplo lo mas practico que he hecho es que deleguen en casa las tareas digitales a mi, no hay que decir que aprendan o no, es ser mas eficientes.

    Y añadir que me sabe mal que hayan situaciones que denigren a gente igual de valida , porque den por hecho que ahí tienen la app y espabílate, es mejor educar en trabajar la mentalidad y quien sabe si tener mas versatilidad para las gestiones básicas, pero nunca poner a alguien en un monitor y ale, esto se hace así y ya, 2 horitas de curso nada mas.

  • Benito Camelas

    Desde luego hace falta una regulación que como mínimo obligue las administraciones públicas a ofrecer sus servicios con presencialidad y métodos alternativos a tener un teléfono móvil (que al final es para android o ios).

    Es curioso ver en la tele como ponen a «vejetes felices en sus clases de informática», como si fuera tan normal que unas personas que han pasado décadas trabajando y luchando para que nosotros podamos tener este nivel de vida, debieran sí o sí tener que aprender nuevas tecnologías para hacer lo que llevan haciendo toda la vida de otro modo.

    Y más cuando hablamos de la gente que en 2008 nos ayudó a muchos a no vivir debajo de un puente, esas personas que cuidan a nuestros hijos por el disparatado y frenético ritmo de vida al que nos llevan estas tecnologías tan rápidas que cada vez nos aíslan más de lo que importa en la vida.

    Unos ejemplos bien flagrantes son el caso de los bancos que cada vez cierran más sucursales y las que hay abiertas te hacen pasar por el cajero automático para hacer las operaciones como si te estuvieran haciendo un favor de tener tus ingresos y ser indispensables para el manejo de tu pensión. Lo cual es curioso, por que esta gente gracias a sus hipotecas consiguieron que las entidades bancarias hicieran el capital que tienen a día de hoy….

    Pero no hace falta irse al negocio privado para poner un ejemplo flagrante, con ir a los servicios de salud como bien refleja este artículo se puede ver la ineptitud de muchos jóvenes (y no tan jóvenes) primero faltando al respecto a unas personas que ya vivieron 3 veces el tiempo de vida que tienen esos vagos y maleducados que no hacen su trabajo, el de ayudar a un usuario del sistema de salud que necesita un simple papel, un qr…

    Y cuidao que lo del QR tiene su traca… te hacen instalar una aplicación por que les sale del nardo, no dan ni una alternativa tan sensata como descargarlo a través de una web, desvirtuando así el concepto básico de un QR que es poder poner información en soportes analógicos como el papel.

    Si tienes que instalar una aplicación para tener tu QR, ya directamente pasa del QR por que estás teniendo un erro de diseño garrafal. En todo caso haces que la gente de los bares tenga una aplicación donde consulte por número de DNI y adiós muy buenas…

    Yo intenté buscar una alternativa a instalarme una aplicación que además es solo para Android e IOS y resulta que vas a la web de salud de turno, te identificas con tu DNIe y no tiene algo tan sencillo como poder descargarte un PDF con el ahora necesario por ley pasaporte covid, es de traca…

    Como informático, le digo al resto, señores/as espabilen! tengan en cuenta los diferentes modos de vida y conseguirán hacer aplicaciones más robustas, que no dependan de que el usuario tenga un teléfono móvil cuando lo que se pide por ley es demostrar que se está vacunado, gente como ustedes son los que alimentan las olas de violencia contra la vacunación, ya que fuerzan a la gente a hacer las cosas de una manera, cuando en realidad la tecnología permite hacer cosas híbridas que se adapten a los diferentes cauces de entrada y salida de datos de los sistemas.

    Parte del problema también está en la mentalidad de los que en lugar de pan nacieron con un móvil debajo del brazo… No todo el mundo tiene capital para tener datos en el móvil, ni los conocimientos suficientes como para tener la confianza de no caer en estafas electrónicas como para dar por hecho que TODO el mundo pueda acceder a los sistemas por la misma vía, a mí sinceramente me parece más pereza por parte de la gente que los diseña que otra cosa…

    Y termino recordando que la gente mayor nos ayudó en la crisis del 2008 (que para algo lucharon por sus derechos a una pensión digna, y eso salvó a más de un hogar de no pasar hambre), en esta del 2020-202x debemos velar por ellos y no dejarlos atrás!

  • doc

    Bueno la respuesta la das en parte al final cuando mencionas a las administraciones públicas y sus deberes. Yo ampliaría la obligación de achicar la brecha al Estado -que no gobierno de turno o partido o posición política sino algo mas estable y permanente- porque tenés la suerte de vivir en un país donde los ancianos son los mas desplazados pero en Argentina hay de todos los sectores. Además la brecha no solo se manifiesta en los trámites también en la educación a distancia, la enseñanza de informática, el acceso a una computadora, la persistencia de máquinas viejas y sistemas desactualizados en sectores numéricamente importantes de la población, el desplazamiento de la PC hacia el celular -que es útil para algunas cosas solamente- y un etc mas o menos largo.
    El hecho es que tenemos una población creciente de analfabetos/semianalfabetos digitales y si el mundo digital va a seguir creciendo en importancia social esto está muy mal. Además de que los servicios están concentrados donde mas beneficios rinden, o sea, las ciudades.
    Las sociedades modernas tienen muchas brechas, tantas que casi parece que buscamos separarnos en vez de integrarnos. Eso me sugiere que el problema trasciende lo digital y por lo tanto su solución también va mas allá.

  • Franci

    Brecha digital de género, eso sí que no encuentro lugar en mi cabeza donde meterlo… En fin, parece que algunos géneros son mas inútiles que otros…

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