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Análisis

Hyundai i30 turbo: personalidad

Publicado el

» …la personalidad cuenta.» Jules. Pulp Fiction

Hay que confesar, a riesgo de que esta confesión revele demasiado de la edad de uno, que el nombre de modelo de el Hyundai que hemos tenido la suerte de probar me ha traído buenos recuerdos. En los años 80 los fabricantes de coches colocaban con orgullo el sufijo turbo a las versiones más díscolas de sus utilitarios. Versiones que en ocasiones (qué tiempos aquellos) acababan con fuertes modificaciones tragando polvo en las pistas de rally de todo el mundo. Así modelos como el Fiat Uno Turbo o el Renault 5 copa Turbo traen recuerdos de sensaciones en bruto y, en ocasiones, cierto peligro.

Lo que es cierto es que ahora que la palabra turbo ha acabado formando parte incluso del nombre de robots de cocina ya no significa lo que expresaba antes y los fabricantes de coches, que utilizan el turbocompresor para dar aliento a motorizaciones cada vez más pequeñas, ya no lo identifican con el pedigrí gamberro de aquellos años. Por eso me alegra volver a ver ese sugerente sufijo en un coche con una filosofía similar en la esencia con la que se crearon tanto el Fiat como el Renault, pero con una dósis de tecnología que le restan casi toda la peligrosidad a la que se enfrentaban los conductores de aquellos pequeños bólidos.

¿Significa esto una rebaja también en las sensaciones? Eso lo veremos más adelante. Lo primero que hay que observar es que el i30 es de esos deportivos discretos que no pretenden dar la nota. Sin escuchar el rugido de un motor bastante bien afinado y si uno no se fija en detalles como las espectaculares llantas de 18 pulgadas este modelo podría pasar por un i30 normal. Pero la realidad es que bajo el capó los ingenieros de Hyundai han colocado un motor de 1.600 centímetros cúbicos y 186 caballos de potencia. Junto a los 8 segundos para pasar de 0 a 100 no son malas credenciales para suceder a sus predecesores.

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Ficha técnica

Como hemos dicho el i30 turbo es muy parecido a un i30 de calle normal pero algunos detalles sí que lo delatan como la nueva parrilla anterior de forma hexagonal, los paragolpes con detalles en rojo, el tubo de escape de doble salida o la forma de los faros. Con el centímetro en la mano también podremos descubrir que la altura del suelo se ha rebajado unos 5 milímetros, y se ha realizado un cambio de suspensión por una de tipo deportivo McPherson. En cualquier caso el i30 tiene un diseño moderno y dinámico por lo que aunque discreto tampoco pasará por un utilitario anodino.

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En el interior encontramos otros detalles puntuales como los remates en color rojo de los asientos, el panel de instrumentos deportivo, el pomo del cambio de diseño especial y otros detalles. Nada de todas formas excesivamente vistoso o exagerado. Nos ha convencido especialmente la buena visibilidad de la instrumentación y la comodidad de los asientos, que por otro lado tienen un excelente agarre lateral. Algo menos estables viajarán los pasajeros del asiento de atrás para los que se utiliza un diseño bastante más estandard y por lo tanto con poca sujección extra lo que obligará a colgarse de los agarradores para no ser zarandeados durante sesiones de conducción más animada (y el i30 turbo invita a ello).

Los mandos del salpicadero tienen un tamaño y disposición muy cómodos, botones grandes y bien dispuestos. La pantalla táctil de 7 pulgadas está muy a mano y a la altura justa, bien cerca de la parte superior del salpicadero, para que no tengamos que apartar demasiado la vista de la carretera. Los acabados y los materiales del interior son bastante buenos,. De hechoel nivel de detalles ha subido con cada generación de coches de la marca y el i30 no es una excepción por lo que en este aspecto está a la altura de cualquier otro coche de su categoría. En general un habitáculo muy conseguido en cuanto a comodidad y con los guiños justos a la deportividad.

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Útil

En cuanto a la usabilidad del coche es muy buena, al nivel del resto de i30. Casi 380 litros de maletero es mucho para esta categoría y el espacio para las piernas, tanto delante como detrás, es muy amplio. Las puertas permiten un acceso cómodo y en general el tamaño es perfecto para cuatro personas. La visibilidad es muy buena con amplias superficies acristaladas, aunque algo menor en la parte de atrás, cosa que no dificulta las maniobras de aparcamiento gracias a su sistema de cámara de estacionamiento.

En cuanto a los extras al i30 turbo no le falta de nada. En la mencionada pantalla táctil de 7 pulgadas podemos controlar el navegador, la cámara de aparcamiento trasero y el reproductor multimedia. Podemos reproducir música desde el teléfono bluetooth o también a través de la conexión USB que también sirve para cargar el teléfono pues tiene alimentación. El climatizador bizona es muy eficaz, especialmente en lo que respecta a su función antivaho y todos los controles muy cómodos y concentrados. No me ha convencido demasiado la gráfica de la pantalla, que necesita mejor tratamiento antirreflejo. No dispone de sistema de conexión con el teléfono para utilizar las aplicaciones del teléfono como el Android Auto.

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El navegador es competente, con algunas limitaciones gráficas pero muestra claramente los desvíos y las indicaciones de la carretera como los carteles que nos podemos encontrar para que no equivoquemos los cruces. El GPS siempre ha encontrado nuestra posición con facilidad por lo que el sistema de recepción se ha mostrado bastante bueno. Es posible también visualizar la información de tráfico y modificar en consecuencia la ruta con solamente pulsar el panel táctil.

Sensaciones

Pero todo esto solamente aplaza el verdadero momento esperado, el de sentir si esos 186 caballos y esos retoques en la dirección y la suspensión lo convierten en digno sucesor de los turbo de antaño.  De todas formas el primer arranque no es especialmente emocionante, igual porque los tiempos han cambiado y ahora las bridas de estos potentes motores están más apretadas. No deja de ser un motor de 1.6 litros bien insonorizado, aunque los escapes si apuramos un poco la aguja del cuentarrevoluciones en la parte superior nos empieza a regalar algo de sensaciones auditivas. Pero en conjunto sin estridencias, un motor más agazapado que impaciente por el sonido, pero eso lo sabremos en cuanto podamos ponerlo a prueba.

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Primero unos kilómetros por ciudad para poder desatar un poco la correa del motor del i30. La verdad esque sorprende la suavidad en su uso urbano. La alta cifra de par (265 Nm) con una amplia zona de uso entre las 1.500 y las 4.850 vueltas hace que sea muy cómodo de utilizar y que no tengamos que utilizar demasiado las marchas cortas. Responde sin demasiadas brusquedades en los semáforos y sube de vueltas sin problemas, todo un hallazgo como coche urbano, con el importante hándicap de que se trata de un motor de gasolina y no especialmente comedido en sus consumos. Pero si no nos preocupan demasiado la verdad es que resulta muy agradable como coche para callejear.

Una vez en carretera sí que reducimos marchas, apuramos el cuentarrevoluciones y ponemos a prueba su apellido. No vaya a ser de esos coches en los que los antepasados del tuning incorporaban la pegatina «turbo» otorgándole mágicas propiedades para transformar sus utilitarios de 45 caballos en coches de competición. Y al principio, como en las primeras arrancadas, la adrenalina no ha corrido precisamente por las venas. Las primeras sensaciones no son apabullantes y desde luego no notamos la «patada» que era clásica de los modelos turbo de los 80 (y de algunos de los utilitarios con configuración deportiva actuales).

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Subamos de vueltas

Por encima de las 4.000 vueltas muestra algo más de carácter, pero siempre primando la suavidad sobre las sensaciones. El caso es que a pesar de no transmitir un comportamiento rabioso es posible alcanzar los 100 km hora en solamente 8 segundos (de verdad) y una velocidad máxima sobre el papel de 219 Km/h (eso no lo hemos podido comprobar por razones obvias) lo cual no está nada mal.  Es más, está muy bien. En línea recta no entrega todo enseguida, pero su aceleración parece no tener fin. No tiene prisa por llegar a las 6.000 vueltas pero para llegar no toma atajos, acelera de forma constante. Pero las líneas rectas no son el territorio preferido del i30 turbo como pronto pudimos comprobar.

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Al llegar a zonas viradas parece que el i30 se encuentra en casa. Suspensiones duras (aunque no incómodas), una dirección que puede regularse en dureza y unas relaciones de cambio ideales hacen que el i30 turbo afronte los virajes con avidez. La dirección transmite bastante, sin llegar a ser compleja, y permite algunas alegrías con la complicidad de la potencia del motor. En cualquier caso un juguete extremadamente divertido si queremos entretenernos en carreteras de montaña. Lo curioso es que a la vez ese comportamiento relativamente tranquilo del motor lo convierte en un coche bastante rutero sin necesidad de estar excesivamente pendiente de la conducción.

Tras unas muy divertidas curvas nos fijamos en el consumo y hay que decir que el i30 turbo no es austero. En realidad podemos consumir lo que queramos. Es decir, con una conducción tranquila y sacando el máximo partido del par para circular en marchas largas podemos mantenernos en consumos de 7,5 a 8 litros a los 100. Si damos rienda suelta a nuestros instintos en cambio podemos superar los 11 litros sin darnos cuenta, pero es el precio de pedir más prestaciones. En realidad es como todo en este coche, tiene una personalidad tranquila pero intensa, que puede desmelenarse pero sin descomponerse del todo.

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Conclusiones

Para un amante de los GTI clásicos (otra raza de deportivos algo más actual) el i30 turbo puede resultar demasiado tranquilo. No se adapta al que busca una montaña rusa al arrancar ya que en Hyundai han optado por un coche algo más racional y usable. Podría definirse como un turbo para todos los públicos, un coche que sabe cómo guardar discretamente esos caballos y ofrecer en cambio flexibilidad y recuperaciones cuando debe pero al mismo tiempo es capaz de sacar el genio si se le necesita.

El caso es que el i30 turbo es un coche divertido aunque no sea salvaje, con un talento innegable para enganchar curvas y con una capacidad muy bienvenida de desenvolverse por la ciudad con sorprendente agilidad. Nos ha gustado mucho el cuidado de los acabados que han subido muchos enteros y los detalles deportivos, incluso demasiado discretos. Y desde luego por el precio que tiene es uno de los compactos con alma deportiva más recomendables. Quizás no tenga la misma personalidad que los modelos turbo de los años 80, pero el i30 tiene su propia personalidad… y nos gusta.

Notas finales

7Nota

Prestaciones8

Diseño7

Consumo5

Confort7

Sistema de Infoentretenimiento7

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