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Portátiles para gaming: cinco cosas que debes tener en cuenta para acertar

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Los portátiles para gaming están viviendo una etapa dorada. Este tipo de equipos ha mejorado de forma significativa tanto en términos de diseño como de prestaciones durante los últimos años, y además los precios se han “democratizado” en gran medida.

Ya no es necesario gastar una importante suma de dinero para comprar un portátil gaming que nos permita jugar con ciertas garantías, aunque la gran diversidad de configuraciones, de montajes y acabados al final no ha hecho más que complicar la decisión del consumidor, que ve como tiene a su alcance portátiles para gaming que parecen idénticos, pero que en el fondo pueden acabar ofreciendo una experiencia totalmente distinta.

No hablamos sin conocimiento de causa, y podríamos poner muchos ejemplos: un portátil que integra una RTX 2080 Max-Q y otro que integra una RTX 2080 Mobile, un portátil con una GTX 1070 Mobile y otro que integran también dicha tarjeta gráfica pero incluye una pantalla con tecnología G-Sync, y también podríamos hablar de aquellos que montan sistemas de refrigeración mejorados o teclados de alta calidad, por poner más ejemplos sencillos.

Al final la elección de un portátil para gaming no se puede limitar a los criterios de siempre: procesador, tarjeta gráfica y memoria RAM, hay otros aspectos que debemos tener muy en cuenta para no perdernos en el enorme catálogo de portátiles para gaming que los grandes del sector ofrecen a día de hoy, y en este artículo vamos a resumirlo en cinco claves que os ayudarán a acertar en vuestra compra.

Como siempre os recordamos que podéis dejar cualquier duda que tengáis en los comentarios, y estaremos encantados de ayudaros a resolverla. Antes de empezar creemos que es necesario entender qué diferencia existe entre los portátiles gaming y los portátiles tradicionales, así que vamos a lanzar una mirada a fondo para resolver esta cuestión.

Portátiles gaming: ¿qué los diferencia y qué valor ofrecen?

Cuando hablamos de portátiles para gaming estamos haciendo referencia a un tipo específico de ordenador portátil que está pensado principalmente para trabajar con juegos. Sí, sirven para navegar por Internet, ver contenidos multimedia y hasta para trabajar con aplicaciones pesadas gracias a la potencia de su hardware, pero su objetivo principal es ese, los juegos.

Esto se deja notar en la presencia de tarjetas gráficas dedicadas capaces de ofrecer, en la mayoría de los casos, un buen rendimiento en juegos. Se prioriza el rendimiento sobre la autonomía y la movilidad, lo que significa que suelen ser más pesados que los portátiles tradicionales y que aguantan menos tiempo sin tener que pasar por el enchufe.

Montar una tarjeta gráfica dedicada supone un incremento a nivel de costes frente a un portátil que utilice una GPU integrada. Esto explica por sí mismo la diferencia de precio que existe entre los portátiles para gaming y los portátiles tradicionales. Al mismo tiempo hay que tener presente que montar componentes más potentes obliga a integrar un sistema de disipación más eficaz y a adoptar diseños internos más complejos, lo que al final acaba encareciendo el equipo.

A todo esto debemos añadir otras cuestiones, como los acabados y la calidad de materiales, los sistemas de iluminación RGB, los teclados de alta calidad, la tecnología G-Sync o FreeSync y los sistemas avanzados de sonido. Todos estos aspectos marcan igualmente una diferencia que puede llegar a ser importante, y tienen un impacto claro en el precio del portátil.

En resumen, un portátil gaming se diferencia de un portátil tradicional a través de sus componentes, que están claramente orientados a juegos, su diseño, su calidad de acabados y su precio.

Portátiles gaming: el equilibrio

Muchos OEMs recurren a un reclamo claro y simple: montar una tarjeta gráfica atractiva en un equipo con un precio contenido. Muchos portátiles recurren a esta fórmula, pero no debemos dejarnos llevar sin mirar también otros tres elementos clave: el procesador, la memoria RAM y la unidad de almacenamiento.

Sí, el rendimiento de los portátiles gaming dependerá principalmente de la tarjeta gráfica, pero el procesador y la RAM también influirá en el rendimiento, y la unidad de almacenamiento afectará a la experiencia de uso.

Comprar portátiles gaming descompensados a nivel de procesador se traducirá en problemas en aquellos juegos que tengan una fuerte dependencia de dicho componente. De igual forma si el equipo tiene poca RAM notaremos tirones y bajones de rendimiento cortos pero muy grandes que arruinarán nuestra experiencia de uso, y una unidad de almacenamiento lenta puede dejarnos unos tiempos de carga insoportables.

Tened presente que lo mismo puede ocurrir a la inversa, es decir, si compramos un portátil para gaming con un procesador de primera, mucha RAM y un SSD de alto rendimiento que viene con una tarjeta gráfica de gama media-baja, como una GTX 1050, tampoco tendremos una configuración equilibrada. Esto aplica igualmente a la resolución de pantalla y a la tasa de refresco: comprar un equipo con una resolución alta y una tasa de 120 Hz o 144 Hz no servirá de nada si está acompañado de una tarjeta gráfica poco potente.

Ahora mismo lo ideal es buscar configuraciones que integren, como mínimo, un procesador con cuatro núcleos y ocho hilos serie Core 7000 o superior, o Ryzen 1000 o superior, y que esté acompañado al menos de 8 GB de RAM, una GTX 1050 y un disco duro a 7.200 RPM.

Portátiles gaming: tarjetas gráficas

Como hemos dicho anteriormente la tarjeta gráfica juega un papel clave en el rendimiento que obtendremos en juegos. Es normal, ya que dicho componente se encarga de sacar adelante toda la carga de trabajo relacionada con el renderizado y la reproducción de imágenes y efectos gráficos.

La llegada de las GeForce GTX 10 Mobile marcó un importante punto de inflexión dentro del mercado de portátiles gaming. Por fin pudimos decir adiós a las tarjetas gráficas para portátil con especificaciones recortadas. El salto en eficiencia que marcó Pascal permitió a NVIDIA mantener el conteo de shaders, unidades de textura y unidades de rasterizado en las GTX 10 Mobile, y con ello se redujo la distancia a nivel de rendimiento entre los portátiles gaming y los equivalentes de escritorio.

Sin embargo, debemos tener en cuenta que las tarjetas gráficas para portátiles tienen frecuencias de trabajo inferiores en la mayoría de los casos, y que esto acaba reduciendo el rendimiento que ofrecen.

El conteo de shaders y demás componentes importa, pero también son fundamentales las frecuencias de trabajo. En este sentido es importante tener siempre en cuenta que las GeForce GTX 10 y RTX serie Max-Q de NVIDIA tienen su velocidad de trabajo recortada de forma drástica, lo que significa que una RTX 2060 Max-Q no rinde como una RTX 2060 Mobile, sino mucho menos que aquella.

No os dejéis llevar solo por el modelo de tarjeta que utiliza un portátil para gaming, profundizad en el modelo concreto y comparad sus especificaciones con las de los modelos estándar, ya que de lo contrario os podéis llevar un disgusto. ¿Creéis que exageramos? Para nada, una GTX 1070 Max-Q puede rendir menos que una GTX 1060 de 6 GB.

Portátiles gaming: sistema de refrigeración

Es un aspecto vital. Este tipo de equipos monta componentes de alto rendimiento que generan una gran cantidad de calor, y al disponer de un espacio menor la disipación del mismo puede llegar a ser muy complicada.

Aquellos portátiles gaming que montan tarjetas gráficas y procesadores muy potentes pero no están acompañados de un sistema de refrigeración a la altura acaban sufriendo problemas de thermal throttling, lo que significa que ambos componentes reducen de forma notable sus frecuencias de trabajo cuando alcanzan temperaturas elevadas para evitar daños irreversibles. Si la situación llega a un cierto límite es posible que el sistema se bloquee o se reinicie.

El rendimiento real de un portátil gaming no dependerá únicamente de sus componentes, sino también del sistema de refrigeración que integre, así que antes de elegir un modelo concreto aseguraos que de tiene un sistema de refrigeración apropiado y de que podrá mantener bajo control toda la potencia que promete ofrecer.

Antes de terminar un apunte, las bases de refrigeración pueden ser una pequeña ayuda, pero no harán milagros. La clave está en el propio sistema de refrigeración del portátil, sí este no da la talla tendremos problemas con o sin base de refrigeración.

Portátiles gaming: capacidad de ampliación

Es un punto importante, aunque es cierto que no resulta tan básico como los otros tres que hemos visto. Un portátil gaming viene con una configuración determinada, pero normalmente permite ampliar en mayor o menor medida los componentes que integra.

Lo normal es que tanto procesador como tarjeta gráfica vengan soldados a la placa, lo que significa que esos dos componentes no se podrán actualizar. Esto no es un problema grave si somos conscientes de ello y tenemos claro que hemos elegido un portátil cuya vida útil cubrirá adecuadamente nuestras expectativas.

Por ejemplo, si queremos jugar con todas las garantías durante un mínimo de tres años en 1080p sin tener que ampliar CPU y GPU deberíamos haber configurado al menos un Core i7 7000 o un Ryzen 2000 y una GTX 1060 de 6 GB.

La mayoría de los portátiles permiten ampliar la memoria RAM hasta 32 GB o 64 GB y las unidades de almacenamiento. Solo aquellos portátiles de mayor tamaño y peso integran componentes modulares y permiten ampliar tanto la CPU como la GPU. Es un sacrificio que en algunos casos puede compensar, pero debemos tener en cuenta que los procesadores y tarjetas gráficas para portátiles pueden alcanzar precios muy altos, y que en ocasiones es mejor renovar por completo el equipo.

Dicho esto no os obsesionéis con la capacidad de ampliación. Es importante, sobre todo, a nivel de RAM y de almacenamiento, sobre todo al comprar equipos con 8 GB de RAM y unidades de almacenamiento HDD o SSD de pequeño tamaño.

Portátiles gaming: elementos que añaden valor

En este apartado queremos lanzar una mirada genérica a otros aspectos que pueden representar un valor añadido a la hora de elegir un portátil, y que por tanto debemos tener en cuenta, aunque como complemento de los puntos anteriores que constituyen el verdadero núcleo básico a la hora de decidir.

  • Sistema operativo preinstalado: es un valor claro por el ahorro que supone no tener que comprar una licencia de Windows, o de tiempo si vamos a optar por Linux.
  • Calidad de la pantalla y tecnologías avanzadas: los paneles IPS y VA, así como las tecnologías FreeSync y G-Sync, pueden mejorar de forma notable nuestra experiencia de uso.
  • Teclado y almohadilla táctil: la calidad de ambos elementos también afectará a nuestra experiencia, y a la vida útil del equipo.
  • Tamaño y peso: los portátiles gaming más delgados y ligeros suelen ser aquellos con menor capacidad de ampliación y con menos potencia por una cuestión simple y lógica: tienen menos espacio y no pueden disipar tanto calor. Sin embargo, hay algunos diseños que consiguen un excelente equilibrio entre ambos extremos, y que acaban siendo muy interesantes.

Como nota final os dejo un último consejo, no siempre es mejor ir a por los modelos de última generación. En muchos casos las mejores ofertas de portátiles gaming se producen cuando se están liquidando los modelos de la generación anterior.

Esos modelos todavía ofrecen un excelente rendimiento en la mayoría de los casos, así que suelen ser una buena compra.

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