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Órbita baja terrestre: un accidente esperando a ocurrir

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Órbita baja terrestre: un accidente esperando a ocurrir

En los últimos años, la órbita baja terrestre se ha convertido en un espacio tremendamente concurrido. Ya quedan muy lejos los tiempos en los que era posible saber, más o menos, qué objetos se encontraban en la misma. El auge de los satélites, principalmente de comunicaciones pero también para otros usos, empezó hace ya algunas décadas, a poblar esa franja que rodea nuestro planeta. En aquel momento parecía que ya estaba bastante poblada, pero no podíamos ni imaginar lo que estaba por venir.

El gran boom de la explotación de la órbita baja terrestre ha llegado, sin duda, de la mano de Starlink, el servicio de Internet satelital de SpaceX, con el que la compañía de Elon Musk pretende, antes de que acabe 2022, ofrecer cobertura global de acceso a Internet vía satélite, algo para lo que ya ha desplegado una basta red de satélites en forma de malla, que de cumplirse los planes de la compañía a medio plazo llegará a estar compuesta por 42.000 dispositivos emplazados en la órbita baja terrestre.

Esto solo en lo que compete a SpaceX, recordemos que también Amazon tienes planes para crear su propia malla para su servicio de Internet satelital, y que hay otras compañías que aspiran a desplegar redes similares. La densidad de dispositivos emplazados en la órbita baja terrestre empieza a ser un problema, que no hará más que incrementarse con cada nuevo satélite.

Ya hablamos, en su momento, de los riesgos asociados al despliegue de la malla de satélites de Starlink, la compañía que más ha avanzado hasta el momento en el despliegue de su red. Sin embargo, que sea la primera no significa que sea la única. A medida que SpaceX haga crecer su red, al tiempo que el resto de empresas con planes similares empiezan a ubicar sus propios satélites en la órbita baja terrestre, la saturación de tráfico en la misma se convertirá en un problema más y más grande.

Esta situación se complica todavía más si tenemos en cuenta las actitudes de algunos países. El último ejemplo de ello lo vimos hace solo un par de meses, cuando en unos ejercicios tácticos China decidió detonar un satélite propio que se encontraba en la órbita baja terrestre, generando un gran volumen de basura espacial que ahora se encuentra orbitando nuestro planeta. A consecuencia de dicha acción, la Estación Espacial Internacional se vio obligada a modificar su trayectoria y a permanecer en situación de emergencia por culpa de dichos restos.

Órbita baja terrestre: un accidente esperando a ocurrir

Y recientemente hemos sabido que se produjo otro incidente parecido hace unos meses, cuando un satélite de Starlink entró en rumbo de colisión con la estación espacial china, que ante la pasividad del satélite, tuvo que realizar un cambio de ruta de emergencia, pues en caso contrario el satélite habría pasado a menos de un kilómetro de la instalación china, que también se encuentra en la órbita baja terrestre, y que en el momento del incidente (y en la actualidad) se encuentra tripulada.

La hipotética colisión de un satélite, aunque no sea de gran tamaño, con la estación, podría haber tenido consecuencias fatales, y el problema es que la telemetría del mismo nos muestra que el satélite no llevó a cabo ninguna maniobra evasiva, cuando debería haber actuado de ese modo, para reducir el riesgo de impacto. Dicha negligencia por parte de SpaceX ha llevado a China a reclamar en las Naciones Unidas por la mala praxis de la compañía.

Afortunadamente, la estación espacial reaccionó a tiempo y pudo modificar su rumbo para evitar el riesgo, pero la falta de reacción por parte del satélite de Starlink es una negligencia difícilmente perdonable y que podría haber costado vidas. Y es que, si en vez de ser la estación china hubiera sido un fragmento de basura espacial, y es satélite no hubiera actuado, habríamos tenido que sumar mas basura espacial en la órbita baja terrestre.

El problema es que, visto lo visto, la lectura actual es que la órbita baja terrestre es un accidente esperando a ocurrir, una colisión que tarde o temprano se producirá. y que puede dar lugar a una reacción en cadena que podría llegar a bloquearla por completo, impidiendo entre otras cosas la salida de naves desde la Tierra al espacio, por el alto riesgo de colisión de las mismas con la basura espacial. Un futuro malo para todos, y que convendría empezar a evitar lo antes posible.

Y es que sí, es cierto que el acceso a Internet vía satélite puede ser muy conveniente en determinadas circunstancias, concretamente en regiones en las que la conectividad por cable es muy compleja. Además, ofrece una vía alternativa que puede resultar muy útil ante hipotéticos fallos de los grandes cables transoceánicos que suponen la espina dorsal de Internet. Sin embargo, poner en peligro la órbita baja terrestre, en un riesgo qué además también condenaría a los propios servicios que se basan en dichos satélites, me parece un riesgo demasiado elevado. Más aún al ver negligencias como ésta de SpaceX.

 

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Si me dieran una cana por cada contenido que he escrito relacionado con la tecnología... pues sí, tendría las canas que tengo. Por lo demás, música, fotografía, café, un eReader a reventar y una isla desierta. ¿Te vienes?

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