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Guía: ¿Qué debería tener un PC gaming capaz de sobrevivir a PS5 y Xbox Two?

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Hay muchas formas de montar un PC Gaming, y no sólo por tema de presupuesto y de componentes, sino también por cuestiones de formato y de diseño, aunque por lo general siempre mantenemos una división en gamas (baja, media y alta) para poder facilitar la identificación de cada tipo de configuración.

Tras la llegada y maduración de Xbox 360 y de PS3 se produjo una tendencia total por parte de los estudios de desarrollo a priorizar las consolas como plataformas de desarrollo sobre las que crear sus juegos, una realidad que se ha mantenido hasta nuestros días y que se ha dejado notar tanto en la calidad gráfica y el apartado técnico de los mismos como en los ciclos de renovación de hardware, que se han alargado de forma notable.

Para entenderlo mejor basta con poner un ejemplo sencillo: aquellos usuarios que montaron un PC Gaming de gama media en 2013 todavía pueden jugar a cualquier título actual en resoluciones 1080p ajustando los niveles de calidad gráfica. Por si hay dudas recordamos que una configuración tipo propia de aquella época debería estar formada al menos por los siguientes componentes:

  • Core i5 2500.
  • 8 GB de DDR3.
  • GTX 760 o Radeon R9 270X.

Esperamos que esta tendencia se repita con el lanzamiento de PS5 y Xbox Two, dos consolas de próxima generación que salvo sorpresa deberían debutar en algún momento de 2020, es decir dentro de un par de años aproximadamente.

En este artículo ya os contamos las especificaciones básicas que creemos que tendrá PS5 a nivel de hardware, y en este otro las de la consola de próxima generación de Microsoft. Partiendo de esa base hemos querido hacer este artículo especial, en el que os daremos todas las claves que debe cumplir a nivel de hardware un PC para aguantar la transición que marcarán dichas consolas.

Antes de entrar en materia una aclaración, y es que cuando hablamos de “aguantar la transición” nos referimos a seguir ofreciendo un rendimiento lo bastante bueno como para poder ejecutar en condiciones aceptables los juegos de nueva generación.

Sistema operativo

Estamos convencidos de que la llegada de la nueva generación será el impulso definitivo a Windows 10. Dicho sistema operativo no será imprescindible para mover todos los juegos de nueva generación, ya que seguirán llegando algunos basados en DirectX 11 y también en Vulkan, que funciona a partir de Windows 7, pero esperamos que el uso de DirectX 12 se incremente de forma notable.

Para no tener problemas y asegurar una compatibilidad plena con todos y cada uno de los juegos será imprescindible contar con Windows 10, de hecho en la actualidad ya existen algunos títulos que sólo funcionan con dicho sistema operativo.

Los que nos leéis a diario ya sabéis que DirectX 12 permite un mejor aprovechamiento de los recursos del sistema gracias a la utilización de funciones avanzadas que no están presentes en DirectX 11, así que su implantación a gran escala debería ser beneficiosa para el usuario.

Procesador

Actualmente es posible jugar a casi cualquier cosa de forma óptima con procesadores tan modestos como el Pentium G4560, que suma dos núcleos y cuatro hilos, aunque el mínimo ideal es contar con un procesador que sume cuatro núcleos físicos.

La llegada de PS4 y Xbox One marcó el salto de los procesadores de dos núcleos y dos hilos a los procesadores de cuatro núcleos como requisito óptimo, una realidad que volverá a repetirse con el lanzamiento de Xbox Two y PS5.

En teoría ambas consolas contarán con un procesador de ocho núcleos basados en la arquitectura Zen de AMD, pero al menos dos de sus núcleos quedarán reservados al sistema, por lo que los desarrolladores sólo tendrán acceso a un total de seis núcleos.

Con esto en mente podemos sacar en claro que un procesador como el Core i5 8400 o el Ryzen 5 1600 debería aguantar sin problemas la transición que marcarán ambas consolas.

Memoria RAM

La memoria RAM también vivió una transición importante con el lanzamiento de Xbox 360 y PS3. La mayoría de los juegos pasaron a pedir entre 2 GB y 4 GB de memoria RAM para funcionar de forma óptima.

Con Xbox One y PS4 dicho requisito ha subido a 8 GB, aunque ya hay algunos títulos que consumen 10 GB de RAM. Estamos convencidos de que cuando lleguen las consolas de nueva generación de Sony y Microsoft será necesario contar al menos con 16 GB de RAM para mover los juegos con todas las garantías.

Tened en cuenta que la frecuencia de la memoria RAM importa, y que con los tipos más lentos de DDR3 podríamos tener problemas aún cumpliendo con esa cantidad (velocidades inferiores a los 1,6 GHz probablemente).

Tarjeta gráfica

Es uno de los componentes más importantes y también de los que más dudas ha generado. De nuevo tiramos de memoria histórica para ilustrar este punto de la mejor manera posible. Cuando llegaron Xbox 360 y PS3 el requisito óptimo a nivel de tarjeta gráfica para que un PC Gaming pudiera mover con garantías los juegos de aquella etapa se colocó en una GeForce 9600GT/8800 GTS o Radeon HD 3850-3870 con 512 MB de memoria gráfica.

El debut de Xbox One y PS4 elevó notablemente este requisito, tanto que el nivel mínimo para tener una experiencia aceptable pasó a ser una GTX 660 con 2 GB o una Radeon HD 7850 con 2 GB de memoria gráfica, aunque es posible aprovechar modelos de 1 GB reduciendo calidad de las texturas y resolución.

Todavía no tenemos confirmado qué GPU exacta utilizarán las consolas de próxima generación, pero todo apunta a una solución semipersonalizada basada en Navi que estaría al nivel de una Radeon RX Vega 56-64. Tomando eso como punto de partida creemos que el mínimo a cumplir por un PC Gaming que quiera poder enfrentar la transición con garantías debería estar equipado con una GTX 1070 TI o una Radeon RX Vega 56.

Almacenamiento

Los SSDs se han convertido en todo un estándar, tanto que están desplazando a buen ritmo a los HDDs tanto en el sector de consumo general como en el mercado profesional, aunque es cierto que todavía presentan un valor precio-gigabyte inferior y que por ello se siguen utilizando en numerosas configuraciones.

En términos de rendimiento ya vimos que un SSD puede mejorar de forma notable la experiencia de uso en un PC Gaming puesto que acelera los tiempos de carga y ayuda a reducir los problemas de popping y la carga de texturas. Sin embargo son más caros que un HDD y la mayoría de los consumidores opta por modelos de entre 240 GB y 500 GB.

Dado que los juegos actuales ocupan entre 60 GB y 100 GB podemos entender que es recomendable contar con una unidad de al menos 2 TB si tenemos pensado mantener varios juegos instalados o si no queremos tener que estar borrando e instalando continuamente.

Esperamos que la llegada de Xbox Two y PS5 permita el uso de texturas de mayor calidad y que los juegos acaben pesando todavía más, lo que significa que tener una unidad de almacenamiento de 2 TB acabará siendo imprescindible. No será fundamental contar con un SSD, pero si utilizais un disco duro debería tener como mínimo una velocidad de 7.200 RPM.

Configuración tipo

Con todo lo que hemos hablado podemos dejar algunos ejemplos de configuraciones actuales que debería aguantar sin problemas la transición que marcarán las consolas de nueva generación. Os dejamos tres ejemplos de PC Gaming para que os sirvan como base en función de vuestros presupuestos.

Mínimo para una experiencia aceptable:

  • Core i5 8400 o Ryzen 5 1600.
  • 12 GB de RAM.
  • Radeon RX Vega 56 o GTX 1070 TI.

Mínimo para una buena experiencia:

  • Core i7 8700 o Ryzen 5 2600.
  • 16 GB de RAM.
  • Radeon RX Vega 64 o GTX 1080.

Nivel recomendado para una transición óptima:

  • Core i7 7820X o Ryzen 7 2700.
  • 16 GB de RAM.
  • GeForce GTX 1080 TI.

Enlaces de interés: Guías MC.

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