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Análisis

Opel Crossland 2021, servir

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Such a fine time, such a happy time Madness (The Rise & Fall 1982)

«Bueno, hay cosas peores». Estamos en el bar de siempre, en la mesa de siempre con los cafés de siempre. Yo el cortado que más bien es un café con fuerte protagonismo de leche semidesnatada, Antonio con el café solo que parece un minúsculo lago negro y aceitoso en un cráter triste y blancuzco. A Antonio le gusta soltar ese tipo de frases. Se nota que lo hace para ganar tiempo. Veo en sus ojos que está pensando en lo que le he dicho. Que no lo ha entendido del todo y ahora lo está procesando. Toma otro sorbo de su café. No conozco a nadie al que le dure tantos sorbos un café solo. Pero esa es otra de sus técnicas para ganar tiempo. «Seguramente Antonio» le digo cogiéndole de la mano «pero en estos momentos… no se me ocurre ninguna». Antonio mira al suelo con gravedad. Su taza está vacía así que usa la última de las técnicas de su repertorio. Su cara seria. Fruncir el ceño y bajar la mirada. Pero estoy seguro que sigue pensando. Hay que reconocer que no es fácil de asimilar.

Detrás de la barra Samuel hace bufar la cafetera para calentar con desgana agua para un poleo. Un tipo que no conozco está en la barra seduciendo una copa de coñac, acaricíandola con sus dedos. Está sentado mirando con deseo a la máquina tragaperras con ojos del que tiene pocas perras para alimentarla. Una mujer con el carro de la compra se acerca al otro lado de la barra y apoya una bolsa de la que sobresalen los tallos de unos puerros que han sufrido en el transporte público. Pide un gin tonic. Samuel pregunta que de qué marca quiere la ginebra. Solamente tiene dos y en una de las botellas la etiqueta está despegada. Pero es «de importación». Nadie se sorprende de la copa a las 11 de la mañana. Saben que Luisa la necesita. Menuda tiene montada en casa. El abuelo Luis está sentado al fondo. En el sitio más oscuro del bar. Sigue mirando la misma página del Marca desde hace veinte minutos. De cuando en cuando Samuel se acerca para limpiar la mesa. Desplaza la caña y las aceitunas y comprueba que el abuelo siga respirando. «Pero entonces…» Parece que la mente de Antonio finalmente está procesando lo que le he confesado. «¿De otro planeta dices?»

Después de conquistar el mercado con los SUV los fabricantes no van a renunciar facilmente a un tipo de vehículo que tantas alegrías les está suponiendo en el apartado de las ventas. Es el caso del fabricante alemán Opel, ahora bajo el amplio paraguas del grupo Stellantis, que ofrece en su propio catálogo su propia gama de vehículos con ínfulas de todoterreno que han sabido dar con la tecla. En el caso de Opel el Crossland es una de sus apuestas principales como SUV de tamaño medio grande con todo el soporte tecnológico del grupo, que se traduce en una interesante oferta de propulsores.

Modelo analizado Opel Grossland
Motor y acabado Ultimate 1.2 Turbo 130 CV
Potencia 130 CV
Velocidad máxima 198 Kmh
Aceleración o-100 10,2 s
Largo/ancho/alto 4151/1791/1534 mm
Potencia máxima RPM 136 CV 6.000 rpm
Par máximo Nm/RPM 260 Nm
Caja de cambios automático
Web https://www.opel.es/
Precio 38.100  euros

La evolución de este modelo ha llevado a una renovación del mismo y hemos podido probar una unidad para comprobar los cambios realizados a esta nueva generación. Ya tuvimos ocasión de probar un modelo de Crossland de la generación anterior, un coche amplio y con buenas aptitudes para la ruta. Esta nueva generación incorpora cambios estéticos y otras mejoras pero también busca conservar la identidad del modelo del que proviene.

Un SUV tranquilo

Lo primero que salta a la vista al observar el Crossland es que sus líneas se desmarcan de esa búsqueda que hemos encontrado en otros fabricantes por resaltar una silueta más cercanas a las de un turismo, un diseño algo más deportivo.  De hecho por su aspecto el Crossland guarda parentesco con los monovolúmenes por lo que su diseño puede favorecer la habitabilidad y luminosidad del interior, dos características de este tipo de vehículos y del Meriva, el modelo de Opel al que sustituye desde hace años.

En el frontal Opel ha colocado su nueva marca de identidad, una lámina en material plástico negro brillante en la mitad del morro que une los dos faros y que luce en el centro el logotipo de la marca. Además los faros tienen un diseño más afilado, por lo que el aspecto del frontal queda algo más agrasivo y deportivo que en el anterior Crossland. Se pierde la toma de aire entre los faros que se coloca bajo la mencionada franja negra y aumenta de tamaño además de cambiar su diseño.

También cambian de aspecto los huecos para las luces auxiliares que encontramos en los laterales del paragolpes. Se añade una moldura en color gris que rodea la parrilla, esta sobresale en el centro dando un aspecto más agresivo al frontal respecto al diseño del Crossland de la generación anterior. En general el aspecto de la parte delantera queda mucho más moderno y actualizado, en línea además con el diseño de los nuevos modelos que ha presentado la casa alemana como el nuevo Mokka.

Pocos cambios

En lo que respecta al lateral el diseño ha cambiado menos, solamente se distingue la silueta modificada de la parte frontal y las llantas que en el modelo que probamos eran de tipo bicolor de 17 pulgadas, una nueva opción dispobible para este coche. En la parte trasera también hay retoques como los grupos ópticos que ahora tienen un fondo gris, de nuevo en línea con los nuevos diseños de los últimos modelos que ha lanzado Opel. En el parachoques de la parte trasera también se ha cambiado la forma de la moldura gris del centro para darle un guiño más moderno.

El interior del Crossland es idéntico al de la generación anterior, con acabados robustos pero algo espartanos y sobre todo mucho espacio. Las plazas delanteras son amplias y tienen buena visibilidad, gracias también a las amplias superficies acristaladas que rivalizan con las que podemos encontrar en un monovolumen. Tras el volante los indicadores siguen siendo algo espartanos para la categoría del coche y por detrás de lo que ofrece la competencia (incluso dentro de su mismo grupo) pero perfectamente legibles y funcionales.

Nuevos asientos

Una novedad son los asientos, que son del tipo AGR y que corresponden al diseño de una asociación alemana para la salud postural y de la espalda. Un plus que se agradece en viajes largos y que se deja notar cuando estamos mucho tiempo sentados. También el tacto es muy bueno, ya que están tapizados con una combinación de cuero sintético y Alcántara. Además de en los asientos solamente encontraremos el tapizado en imitación de cuero en el volante (no así el pomo del cambio, por ejemplo).

En lo que respecta al sistema de información y entretenimiento éste se ha actualizado pero sigue estando en una posición demasiado baja. No cambian ni la pantalla ni la disposición de los botones ya que, como comentábamos, en la parte del salpicadero Opel no ha realizado ningún cambio en este nuevo modelo con respecto al anterior. En la parte de atrás también encontramos el mismo diseño y el mismo espacio que habría en el modelo anterior.

El techo panorámico es un detalle estético y de luminosidad muy interesante, aunque no sea posible su apertura. Las plazas son cómodas para dos ocupantes aunque el espacio para las piernas no es el más grande aunque sí en altura. Como es habitual en este tipo de coches un tercero, en cambio, viajará algo más incómodo. Además la tapicería de la plaza central es de otro material, más lisa que la que recubre las plazas laterales.

Buen maletero

En lo que respecta al maletero el espacio es bueno con 410 litros de capacidad con la posibilidad de que el suelo del mismo pueda colocarse a dos alturas distintas dejando un espacio bajo el mismo para colocar pequeños objetos. Es un espacio regular iluminado y con ganchos para la fijación de objetos. Además el reposabrazos de los asientos traseros puede abatirse para conseguir un hueco adicional para colocar objetos de gran longitud.

Antes de realizar la prueba dinámica como siempre es de rigor fijarse en el apartado mecánico. En este caso este Opel monta un motor de gasolina de 1.2 litros sobrealimentado que rinde 130 caballos al que se asocia un cambio automático de tipo convertidor de par de seis relaciones. Sobre el papel es un motor suficiente para mover la masa del Crossland, aunque algo más justo si lo que queremos es realizar una conducción más dinámica y deportiva.

Las primeras impresiones son buenas ya que el propulsor tiene una cifra de par excelente para su cilindrada. Los 230 Nm hacen que el Crossland no tenga problemas en los arranques y recuperaciones incluso con el coche cargado. Algún problema más al alargar las aceleraciones donde la combinación de motor y cambio se muestran algo más perezosos por lo que superaremos los diez segundos para alcanzar los 100 kilómetros por hora desde parados.

Un SUV familiar

En ese sentido se puede decir que el alma de este coche es más familiar que dinámica ya que se encuentra más a gusto en la autopista y en ciudad que en carreteras si queremos llevar un ritmo de conducción elevado. Por otro lado el comportamiento en curva nos sigue pareciendo muy bueno con trayectorias honestas y pocas correcciones, aunque le falte algo de brio a la salida de las mismas para mantener un buen ritmo de marcha.

Las suspensiones también parecen algo más blandas que las de su antecesor, aunque mantienen su buen comportamiento en curva como ya hemos mencionado. Esto se traduce sobre todo en una mejor absorción de los obstáculos en carretera y sobre todo a bajas velocidades en ciudad. El cambio también está orientado al confort pero eso le hace algo perezoso cuando intentamos dar algo más de brio al comportamiento del coche.

En cuanto al confort acústico el motor triocilíndrico no es un buen aliado para tener un sonido agradable, pero la insonorización sí que ha mejorado y el confort de marcha es bueno, sobre todo con el motor con en la temperatura adecuada. En lo que respecta al consumo si nos mantenemos siempre en la parte baja del cuentarrevoluciones podemos conseguir buenas medias que se acerquen a los seis litros y medio, pero en cuanto queramos pisar el acelerador el consumo se eleva de forma significativa, como es habitual en motores de gasolina tan pequeños.

Conclusiones

El Opel Crossland no es un coche que pueda llamar a engaño. Aunque su aspecto se ha dinamizado el diseño dice a las claras que lo que ofrece el fabricante alemán es un coche familiar, con amplias puertas, buen espacio interior y sin grandes experimentos ni en equipamiento ni en motorización. En este apartado el motor de gasolina de 130 caballos que pudimos probar mueve el coche con soltura (más que la que tenía el que probamos de la anterior generación) pero en ningún caso da para alegrías deportivas.

Se puede decir que en este caso Opel se ha decidido por una línea continuista y no ha aportado demasiadas novedades frente al Crossland con esa X que adornaba el nombre del modelo de la anterior generación. Pocos riesgos en un coche que con unas cuantas mejoras poco vistosas puede seguir dando alegrías en forma de ventas con una propuesta sólida y confortable que tiene como objetivo principal un público que busca un vehículo más familiar.

Valoración final
7.5 NOTA
NOS GUSTA
Buen confort de marcha
Asientos cómodos
A MEJORAR
Falta algo de dinamismo
Acabados algo anticuados
RESUMEN
El Crossland sigue siendo un SUV con vocación de monovolumen con buenas dotes de confort de marcha y habilidad pero falto de algo de dinamismo
Prestaciones7.5
Diseño7.5
Consumo7
Confort7.5
Sistema de infoentretenimiento8

 

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