Adiós a los discos duros: caso de uso y guía de compra SSD

Adiós a los discos duros: caso de uso y guía de compra SSD
13 de septiembre, 2017

Las ventajas de SSD frente a los discos duros como estándar de almacenamiento masivo en ordenadores personales son conocidas y abundantes, especialmente en cualquier aspecto de rendimiento, arranque del sistema operativo, apertura de aplicaciones o en transferencia de datos. También ofrece ventajas en ruido, emisión calorífica y consumo por su base en las memorias NAND flash y la ausencia de partes móviles.

La mejora en robustez y resistencia en las últimas generaciones de estas unidades de estado sólido han acercado su tiempo medio entre fallos (MTBF) a lo que ofrece un disco duro típico de consumo, si bien este aspecto dependerá del tipo de memoria usado que puedes analizar en la guía de compra que te recordaremos al final. Simplemente citar que los fabricantes han apostado últimamente para el gran consumo por las memorias flash NAND TLC (triple nivel por celda) para aumentar la densidad y bajar costes, aún penalizando -en teoría- su resistencia frente a formatos anteriores como MLC y SLC, que se reservan para modelos profesionales.

Y aquí llegamos a un punto importante, el precio de venta de SSD. La bajada del coste de las memorias (hasta finales de 2016 porque en 2017 han subido) ha permitido acortar el precio final de SSD frente al de los discos duros, imbatibles en todo caso en coste por GB. Por todo ello, en los últimos años una buena parte de fabricantes OEM las montan por defecto o las ofrecen en opción y también los usuarios han decidido actualizar equipos o crear nuevos con ellas.

Caso de uso: “adiós” a los discos duros

Yo he sido uno de ellos y te contaré la experiencia por si es de utilidad. Vaya por delante que es un caso de uso personal, porque cada usuario es un mundo y tiene diferentes necesidades en capacidad y rendimiento, así como distintas posibilidades de gasto.

En ordenadores portátiles

Hace tiempo que reemplacé el disco duro del ordenador portátil en una guía práctica que ya publicamos. El modelo no tenía conector M.2 y además en aquellos momentos las SSD PCIe estaban carísimas. Por ello opté por una SSD SATA primero de 120 y después de 250 GB, actualmente la más equilibrada en precio.

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Aunque perdí capacidad de almacenamiento frente a los 750 GB del disco duro, para mis necesidades la capacidad era y es suficiente, y la enorme mejora de rendimiento, consumo o ausencia de ruido y calor, lo compensaban sobradamente.

Por supuesto, lo del “adiós” a los discos duros es un eufemismo, porque podemos y debemos aprovechar todos los que vamos retirando. En mi caso lo destiné como disco duro portátil. Su formato de 2,5 pulgadas permite llevarlo en un bolsillo en cualquier parte y utilizarlo en un montón de aplicaciones, como simple unidad de almacenamiento de archivos externo; para copias de seguridad del PC; consolas o smartphones o en soluciones como media center, NAS o conectado al router para distribución de contenido en la red local.

Para ello compré una carcasa con salida a USB 3.0 (baratísima) y en un minuto estaba funcionando. Puedes revisar la Guía “Cómo aprovechar viejos discos duros para unidades externas” para darle nueva vida a tus unidades.

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El nuevo portátil que adquirí el año pasado ya montaba una SSD por lo que ahí se mantiene. Es una SATA con 250 GB y la verdad que aquí sí necesitaría algo más de capacidad, especialmente para soportar la barbaridad de espacio que ocupan los juegos actuales. Es un equipo de trabajo y no me da tiempo a jugar demasiado, pero lo necesito para los análisis que te vamos ofreciendo. Como ejemplo, XCOM 2: War of the Chosen junto al juego base y anteriores DLC, ocupan casi 70 GB.

Será la siguiente compra de SSD. Como el portátil soporta M.2 a PCIe aprovecharé el próximo cambio para aumentar el rendimiento además de la capacidad. Necesito mínimo una unidad de 500 GB y de momento no da el presupuesto. Espero a noviembre a las ofertas del Black Friday.

En el PC de sobremesa

Al igual que en los portátiles, llevaba tiempo pensando en ocupar el almacenamiento únicamente con SSDs, pero aquí la situación es más complicada porque sí es obligatorio tener más capacidad. Por ello y como han hecho muchos usuarios, comencé por instalar una SSD de pequeña capacidad junto a los discos duros, como puedes ver en la “Guía: Montaje de SSD en un PC manteniendo el disco duro”.

Es una opción excelente hasta que el presupuesto nos permita actualizar todo a almacenamiento sólido. Como sabes, en este tipo de instalaciones la SSD es la unidad primaria desde donde arranca el equipo y es allí donde instalamos el sistema operativo y las aplicaciones principales, dejando los discos duros para almacenamiento masivo. En mi caso, con dos buenos discos WD Black de 2 TB en RAID 0 para limitar la diferencia de rendimiento frente a la SSD y un NAS en RAID 1 adicional para copias de seguridad.

En ello estaba cuando una semana antes del Amazon Prime Day de julio comencé a oír un ruido sospechoso en el NAS. Los discos duros siempre suenan (como puedes comprobar en esta guía de sonidos HDD), pero éste aunque funcionaba, era anormal y se trataba del típico cabeceo que adelantaba el final de su vida útil. Aunque el RAID 1 está destinado a cubrir estos casos, no quise correr riesgos y realicé una copia de seguridad en otras unidades externas.

Con las ofertas de Amazon a la vuelta de la esquina, ya tuve claro que había que comprar SSD. Dicho y hecho. Aunque no era necesario que fuera un modelo de la misma marca que el que tenía instalado (EVO 850 500 GB), Samsung puso a tiro esta misma unidad y por 129 euros voló a casa.

Ahí decidí que era hora de decir adiós a los discos duros en el PC. Monté las dos SSDs en el PC con un RAID 0 y aproveché para realizar una instalación “limpia” de Windows 10. Algo recomendable cada cierto tiempo o en su defecto una restauración. El RAID 0 en SSD no ofrece el aumento de rendimiento que usando discos duros porque la interfaz SATA lo limita y obliga a trabajar más a las unidades. Sin embargo, siempre se gana rendimiento, especialmente en escritura. Por otro lado, los archivos importantes van a la nube directamente y todas las copias de seguridad están en el NAS en el RAID 1.

La placa base soporta unidades M.2 a PCIe y esa será la próxima inversión. Similar a la estrategia anterior con los discos duros y como no hay pasta para montar directamente una unidad de 3 o 4 Tbytes, seguramente optaré por una unidad de pequeño tamaño (120 o 250 GB) que usaré para el sistema y apps principales junto a las SSDs. Ya te contaré la experiencia si alguna se pone a tiro en el Black Friday de noviembre 🙂

Adiós a los discos duros

En cuanto a los discos duros WD Black que estaban en el PC, los he pasado al NAS. No son los ideales para esta tarea porque se desaprovecha su gran rendimiento y otras series de discos como WD Red están especializados en ello, cuestan menos y ofrecen menor ruido y consumo. El tema es que había que aprovecharlos porque no quiero comprar más discos duros. El disco duro sobrante del anterior NAS lo dejo para backup e intercambio de archivos en caso de necesidad, junto al del portátil que también hemos aprovechado como unidad externa y otros de menos capacidad que he ido acumulando.

Concluyendo. Como dije al principio, es un caso de uso particular. En el portátil principal solo tengo 250 GB y me viene justo. En el PC sólo tengo 1 Tbyte de capacidad interna y entiendo que pueda ser insuficiente para una parte de usuarios a poco que tengas unos cuantos juegos instalados. A mí me basta aquí. Lo complemento con los 2 Tbytes del NAS y he ganado en buen grado en rendimiento, en consumo, en emisión calorífica o en ruido. Para el que no tenga bastante capacidad, la otra configuración de la que hemos hablado es óptima: SSD para el sistema y aplicaciones principales y discos duros (si montas RAID mejor que mejor) para almacenamiento masivo.

Guía de compra

Aprovechando el caso práctico, actualizamos la guía de compra con los modelos más interesantes en rendimiento/precio y todo lo que un usuario debería conocer de estas unidades. 

Formatos

El formato más popular y versátil es el que utiliza el estándar de 2,5 pulgadas (igual que los discos duros). Si lo vas a montar en un ordenador portátil solo tienes que asegurarte que su altura sea soportada, porque existen unidades de 9,5 mm y 7 mm. Para ordenadores de sobremesa, te sirven todos los existentes. Puedes utilizarlos tal y como se entregan aunque lo ideal es comprar un adaptador a 3,5 pulgadas para un mejor montaje en una torre de PC.

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El segundo formato más importante a valorar es el denominado M.2.Destinado a sustituir a los mSATA, sus ventajas en tamaño, peso y consumo sobre los que usan el estándar de 2,5 pulgadas, son enormes y se pueden utilizar en portátiles o sobremesa. También mejora en rendimiento dependiendo de la interfaz utilizada como luego veremos. Entre sus desventajas, podemos citar un mayor coste y menos versatilidad ya que no todas las placas base lo soportan.

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Un tercer formato que podemos encontrar para equipos de sobremesa es el de tipo tarjeta pinchada directamente en un slot PCI de la placa base. En este formato se incluyen las unidades que montan sus chips directamente en la tarjeta o si ésta se utiliza como accesorios para poder montar las M.2 anteriores en placas que no tengan un conector especializado.

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Rendimiento – Buses de conexión

Otro elemento distintivo a la hora de comprar una SSD es su bus de conexión. Las unidades de 2.5 pulgadas se conectan a la interfaz SATA(no compres nada que no soporte SATA-III – 6 Gbps), mientras que M.2 se pueden conectar a SATA o a PCIe. Son éstas últimas las más extendidas y las que marcan la diferencia en rendimiento.

La interfaz utilizada termina redundando en un mayor rendimiento y es una de las principales ventajas de las SSD. Cuando reemplaces un disco duro verás como tu portátil “vuelve a la vida” en tiempos de arranque, apertura de aplicaciones, transferencia de archivos y en rendimiento general de la máquina.

Sin embargo, no todas las SSD ofrecen el mismo rendimiento incluso bajo el mismo bus de conexión, derivado de las memorias utilizadas y especialmente de su controlador. El usuario que compre hoy un SSD, no debería conformarse con menos de una unidad que no alcance los 500 Mbytes por segundo sobre SATA en velocidades de transferencia de datos tanto en lectura como en escritura. Hay SSDs muy baratas que rebajan este dato especialmente en escritura. Evítalas, no merecen la pena.

Las M.2 que utilizan PCIe son las unidades más rápidas que vas a encontrar en almacenamiento sólido de consumo. Utilizan la interfaz nativa PCI-e para disparar su rendimiento hasta un máximo teórico que llega a multiplicar por cinco el de las unidades de estado sólido conectadas a SATA. Aunque en sus inicios su precio era prohibitivo para el gran consumo, las distancias frente a SATA se están reduciendo y por ellas pasan el futuro del almacenamiento en PC.

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A destacar que las nuevas generaciones de SSD M.2 PCIe soportan el estándar NVM Express, diseñada desde cero aprovechando la baja latencia y el paralelismo de los SSD PCI Express, ofrecen un rendimiento espectacular, convierten la unidad en arrancable, permitiendo prescindir completamente de otras unidades de almacenamiento, como los discos duros.

Si vas a comprar este tipo de SSDs para reemplazar por completo disco duros, asegúrate que tu placa soporta o puede ser actualizada para soportar el protocolo NVM y convertir la unidad en arrancable. De lo contrario, no podrás utilizarla como unidad principal para instalar en ella el sistema operativo.

Capacidad

Hay una diferencia importante entre la forma que manejan los datos una SSD y un HDD. Una SSD escribe datos en trozos llamadas “páginas”. Un grupo de páginas se denomina un bloque y con el fin de escribir nuevos datos en un bloque ocupado, todo el bloque tiene que ser borrado primero. Para evitar la pérdida de datos, toda la información que existe en el bloque primero debe ser trasladado a otro lugar antes de que el bloque se puede borrar. Una vez que los datos se mueven y el bloque se borra, sólo entonces se pueden escribir.

Este proceso es casi instantáneo pero requiere espacio libre vacío para que funcione correctamente. Si no hay suficiente espacio libre el proceso pierde eficiencia y se ralentiza. Comentamos este apartado técnico porque afecta a la capacidad cuando realizamos la compra de una SSD. Para lograr su máxima eficiencia deberíamos dejar libre aproximadamente un 20 por ciento de la unidad.

De ahí que -actualmente- recomendemos la compra de una unidad de al menos 250 Gbytes si la queremos instalar en un ordenador portátil para reemplazar el disco duro instalado. Evitaríamos las unidades de 128 y 64 Gbytes, exceptuando si el presupuesto es crítico.

En un PC de sobremesa las necesidades de capacidad de almacenamiento son mayores tanto si reemplazamos todos los discos duros (caro pero más efectivo) como si hacemos convivir la SSD (como primera unidad de arranque para el sistema y aplicaciones) con el/los discos duros instalados.

Guía: Montaje de SSD en un PC manteniendo el disco duro

Montar una SSD de baja capacidad y precio que funcione junto al disco duro es una buena opción para no gastar demasiado. Si tu presupuesto es más amplio y quieres lo mejor, puedes apostar totalmente por SSD. Unidades con 1, 2 y 4 Tbytes son ya comunes; Fixstars tiene a la venta modelos con 6 Tbytes; SanDisk o Samsung comercializarán unidades de 8 Tbytes este año, lo mismo que Intel de la mano de Micron ofertará modelos con 10 Tbytes.

Resistencia y Longevidad

A pesar de sus componentes mecánicos, los discos duros siguen siendo “norma y seña” en cuanto a resistencia de unidades de almacenamiento y de ahí su uso masivo en servidores y centros de datos 24/7 donde prima la fiabilidad por encima de todo. Además, requieren pruebas y certificaciones que pueden durar meses y por ello la entrada de SSDs ha sido hasta ahora tímida.

A diferencia de los discos duros, las SSD no tienen partes móviles lo que les otorgan una gran ventaja en cuanto a imposibilidad de fallo mecánico. Por contra, los SSD son más propensos a fallos de energía eléctrica mientras que la unidad esté en funcionamiento, provocando corrupción de datos o incluso el fallo total de los dispositivos. Además, los bloques de memoria en un SSD tienen un número limitado de operaciones de escritura.

Afortunadamente, las nuevas generaciones han mejorado muchísimo en fiabilidad. Todas las SSD incluyen células de memoria adicionales libres para cuando las otras fallen no perder capacidad, reasignando sectores dañados. Los fabricantes ofrecen 3, 5 o hasta 10 años de garantía y la vida media oficial de una SSD se estima entre 5 o 7 años.

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Últimas pruebas de resistencia han confirmado este aumento de fiabilidad con algunas series de unidades sobreviviendo después de soportar una prueba masiva de escritura por encima de los 2 petabytes. Una cantidad de datos enorme que un usuario en condiciones reales (normales de uso) tardaría decenas de años en completar.

En las últimas generaciones de SSD, los fabricantes están apostando por las memorias flash NAND TLC, triple nivel por celda. Esta tecnología aumenta la densidad de almacenamiento y rebaja costes, pero reduce la resistencia de formatos anteriores como MLC y especialmente SLC, Single-Layer Cell que solo almacena un bit por celda y que ya no verás en el mercado de consumo.

Compra SSD – Modelos y Precios

Una vez conocido todo lo anterior (que no es poco) nos vamos de compra. Aunque no es el motivo de esta guía, tendríamos mucho que tratar sobre el controlador utilizado, la caché, el fabricante de la memoria, su tipo o el sistema de fabricación que veíamos en el párrafo anterior. Baste conocer que cualquiera de los grandes fabricantes (Samsung, Kingston, OCZ (Toshiba), SanDisk (WD), Crucial…) nos van a ofrecer modelos interesantes y variados en rendimiento y capacidad.

En cuanto al precio, destacar que en el mes de septiembre han seguido subiendo respecto a 2016, aunque ya más ligeramente que en meses anteriores y referidos a los modelos SATA. Por contra, todos los modelos PCIe que mantenemos en la guía han bajado de precio. Lo habíamos adelantado: el aumento de la demanda de memorias flash ha sido constante y no solo para PC, sino por el aumento en móviles inteligentes y otros segmentos. Con ello, el precio de SSD rompió en 2016 una tendencia a la baja que parecía no tener fin, a medida que lo hacía el coste de las memorias flash NAND, el componente base y más caro para fabricar estas unidades de estado sólido.

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Si estás dispuesto para la compra, te ofrecemos una selección de la oferta actual de unidades de estado sólido, con diferentes capacidades. Los separamos por formatos entre las SATA y M.2-PCIe que hemos visto en el artículo. No te vas a equivocar; hay muchísima oferta de todos los fabricantes.

SSD SATA

  • Samsung EVO 850. Es el modelo más vendido del líder del sector de las SSD. La versión de 250 GB es la más rentable en precio por GB y cuesta 96 euros). La versión de 500 GB cuesta 154 euros, mientras que si necesitas mayor capacidad, la versión de 1 TB cuesta por 324 euros. Tienes también versiones superiores con 2 y 4 Tbytes, aunque en estas capacidades el precio sube bastante.
  • Kingston SSDNow UV400. Serie de otro fabricante de garantía en unidades de estado sólido. Tienes variantes de 240 GB por 90 euros, 480 GB por 154 euros y una versión con 960 GB por 357 euros.
  • SanDisk SSD Plus. Otra de las grandes del sector, adquirida por WD, con una serie de consumo que ofrece versiones de 240 GB por 87 euros, 480 GB por 158 euros y la versión de 960 GB por 291 euros.
  • OCZ TR150. Recuperada con la compra de Toshiba, monta memorias del fabricante japonés (de lo mejor del sector) y ofrece unidades de 480 GB por 204 euros y versión de 960 GB por 293 euros.
  • Crucial BX300. Novedad reciente de uno de los integradores que trabajan con memorias externas, en este caso de Micron, ofreciendo unidades en capacidades de 120 GB por 61 euros; 240 GB por 92 euros y 480 GB por 153 euros.
  • Western Digital Blue 3D. Otra de las novedades del verano son los nuevos modelos del gigante de los discos duros. Unidades en formato de 2,5 pulgadas y M.2, pero utilizando la interfaz SATA. Con capacidad de 1 Tbyte cuesta 343 euros.

SSD M.2 – PCIe

  • Samsung 960 EVO. Aterrizó hace un par de meses en el mercado, pero va a marcar un antes y un después, al ofrecer un rendimiento desconocido en almacenamiento de consumo: 3.200 Mbytes por segundo en modo lectura. Ha bajado de precio y la unidad de 250 GB se vende por 134 euros, el modelo de 500 GB cuesta 238 euros y la versión de 1 Tbyte, 499 euros.
  • WD Black PCIe SSD. Otra de las novedades este año es una unidad de estado sólido del líder de discos duros con 2050 MB/s en lectura. Con 256 Gbytes cuesta 115 euros y con 512 GB por 214 euros.
  • Toshiba OCZ RD400. Toshiba ofrece un modelo MLC NAND con memorias propias de 15 nanómetros y un rendimiento estratosférico: hasta 2.600 MB / s y 1.600 MB / s. La variante de 256 GB cuesta 171 euros, mientras que la de 512 GB cuesta 282 euros.
  • Kingston HyperX Predator. Otra de las series de M.2 recomendables con velocidades de hasta 1400 MB/s en lectura y 1000 MB/s de escritura. Ofrece un adaptador HHHL opcional para pincharlo en slot PCI si no tiene un conector M.2 dedicado. La versión de 240 Gbytes cuesta 182 euros y la versión de 480 GB tiene un precio de 337 euros.
  • Intel SSD 750 Series – Unidad en formato de tarjeta pinchada a slot PCIe con 400 Gbytes de capacidad (MLC, HHHL AIC, PCIe 3.0 X 4). Más enfocada a estaciones de trabajo cuesta 352 euros.
  • Samsung 960 PRO. Quizá la SSD más avanzada del mercado y la más rápida: 3500 MB/seg en lectura. La unidad de 512 GB ha bajado de precio hasta 288 euros,  mientras que el modelo de 1 TB cuesta 489 euros.
  • Corsair Neutron NX500. Entre las novedades de los últimos meses destaca el rápido (y caro) Neutron con 400 GB por 414 euros y la versión de 800 GB por 785 euros.
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