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PS4 ya lleva años en su etapa final, os contamos por qué

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En este artículo nuestro compañero Eduardo nos contaba que según Sony la consola PS4 ha entrado en su “etapa final”. Esto no quiere decir que vaya a ser abandonada de la noche a la mañana, sino que está enfrentando sus últimos años de vida y que a nivel técnico ha tocado techo.

Haciendo una valoración en general creo que debemos interpretar estas palabras de la firma nipona como una primera referencia tácita a PS5, consola que sucederá a PS4 y que según las últimas previsiones llegará entre 2020 y 2021, aunque su anuncio podría producirse en 2019.

Sony no quiere hablar todavía de PS5 por una razón simple, podría perjudicar a las ventas de PS4 y PS4 Pro, dos consolas que siguen vendiendo de maravilla y que han sido las grandes vencedoras de la nueva generación. Sin embargo las declaraciones de Sony merecen un importante matiz, ya que en realidad su consola de nueva generación lleva varios años en una situación  de fin de ciclo de vida, al menos desde el punto de vista técnico.

El motivo principal es muy sencillo y tiene un reflejo obvio y directo en PS4 Pro, una versión mejorada de la consola original que Sony lanzó a finales de 2016 como respuesta a la falta de potencia de aquella y para evitar la fuga de usuarios al PC.

Desde su llegada al mercado las consolas de nueva generación han mostrado sus carencias y su agotamiento a nivel de rendimiento se produjo mucho antes de lo que sugieren las palabras de Sony. Juegos como Dying Light, Fallout 4 o DOOM 2016 son claros ejemplos de ello, aunque es cierto que la optimización y el uso de técnicas avanzadas de programación y de desarrollo ha permitido la llegada de títulos exclusivos con una factura técnica impresionante (Horizon Zero Dawn y el reciente God of War son los mejores exponentes).

Sin embargo en todos los casos nos encontramos con la misma realidad que ya teníamos hace años: títulos en formato “sandbox” repetitivos y con un enfoque bastante lineal, animaciones relativamente simples y limitados a resolución 1080p y 30 fotogramas por segundo.

Esto quiere decir, en resumen, que PS4 tocó techo hace años y que las palabras de Sony no son más que una indicación de que su sucesora está cada vez más cerca.

¿Qué debería aprender Sony de PS4?

La moraleja más importante es que lanzar una consola desequilibrada es una mala idea. PS4 y su versión Pro han tenido un enorme cuello de botella en la CPU, un componente fundamental que decidieron dejar en una posición secundaria para priorizar a la GPU.

Si combinas una GPU potente con una CPU floja tendrás un cuello de botella que afectará a aspectos tan importantes como las tasas de fotogramas por segundo, a las animaciones, a la física y a los sistemas de inteligencia artificial sobre los que se apoya el juego. Por este motivo Destiny 2 no podía funcionar a 60 FPS en PS4 Pro, por poner un ejemplo actual.

Esto nos permite entender por qué todos los juegos de los últimos años nos resultan tan parecidos en términos de amplitud de escenarios, animaciones y demás elementos. También nos permite asimilar cómo ha lastrado el avance del juego en PC el desarrollo exclusivo centrado en consolas.

A título personal espero que Sony haya aprendido la lección y que PS5 sea algo más que una consola con mayor potencia gráfica, ya que sin ese equilibrio de componentes volveremos a encontrar las limitaciones que hemos visto en PS4 y la variante Pro.

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